Sobre las relaciones humanas: La moderna fragilidad de las promesas y los besos

Por: Lua Karenina

La fragilidad de las relaciones humanas es un factor que acelera, lo que muchos investigadores llaman crisis civilizatoria, misma que es impulsada por la modernidad…

Recuerdo cuando niña, mis abuelos me contaban fábulas e historias sobre la importancia de la amistad y de la familia. Con fortuna no crecí en un ambiente religioso, eso creo que ayudó a vivir sin prejuicios. Entonces, mis grandes amigos (que aún recuerdo con cariño) fueron quienes jugaban conmigo a las canicas y escondidillas. Volábamos papalotes o andábamos en la bicicleta. Teníamos tiempo de llorar y reír juntos.

A pesar de ser tan pequeños, nuestros padres nos habían enseñado ya a tan tierna edad, a ser amables con los demás, a darnos los buenos días y a hablarnos con la verdad. Éramos honestos, si algo se perdía en el salón de clases teníamos la capacidad de regresarlo. Si bien estos son momentos nostálgicos, he observado en ello una ruptura generacional. Muchos niños y jóvenes de hoy, han perdido incluso la capacidad de saludar, de mirar a los demás a los ojos, de dar las gracias. Es más, no pueden establecer relaciones de amistad o de amor, como vínculos trascendentales. Para ellos no es importante.

Por tanto, creo que la fragilidad de las relaciones humanas es un factor que acelera, lo que muchos investigadores llaman crisis civilizatoria, misma que es impulsada por la modernidad que ha cambiado la forma en la que nos relacionamos. (Castellls, 2000; Giddens, 2007; Vázquez, 2008). Somos capaces de hacernos bromas por el celular, de reír frente a la pantalla de la computadora, pero no podemos siquiera dar la mano a nuestros compañeros de trabajo o de abrazar a nuestros amigos. No existe la solidaridad. Aunado a esto, la rapidez de la disolución de vínculos como el matrimonio y con este me refiero no solamente al matrimonio convencional, sino a toda relación amorosa, es un reto. Cada año, las cifras del divorcio incrementan en todo el mundo. En otro sentido, pienso que no es necesario compartir la vida con una sola persona, pero por otro lado ¿qué será de nosotros si ya no podemos hacer vínculos humanos trascendentales? ¿Qué será si ya no valemos por nuestras palabras? ¿Qué será si no sabemos hablar y mirarnos a los ojos?

Considero que un factor clave es el tiempo. El tiempo que ahora con la modernidad, adquiere un valor y se mercantiliza. El tiempo que ocupamos al día en trabajar, ocupa jornadas de entre 8 y 14 horas diarias, no queda tiempo más que de trabajar y dormir. No hay tiempo para querernos. Nuestra vida se consume y se reduce a trabajar. No hay oportunidad de las charlas entre vecinos, ni de comidas familiares, ni momentos para tener pareja, ni para decidir tener hijos o para no tenerlos. Tampoco los hay para saludarnos, para ver que pese a los defectos, todos somos humanos. No conversamos, no nos amamos.

Esta crisis civilizatoria, en marco del modelo neoliberal, de la modernidad, nos atrapa en la fragilidad de las relaciones humanas, en donde ya no valen nuestras palabras, no valen las promesas ni los besos. Pero, lo más extraño, es que muchos que estamos conscientes de esto, de la esclavitud que nos impone la administración de lo que llaman el tiempo libre, nos lleva a alejarnos un poco más cada día.

Me pregunto ¿qué podremos contarles a los niños sobre este tema? ¿Cómo les enseñáremos a confiar de nuevo en la humanidad? ¿Cómo les enseñaremos a amar? ¿Cómo les explicaremos que es noble tomarnos de las manos?…

Castells, 2006. La sociedad red, Alianza Editorial, Madrid España. Giddens, 2007. Un mundo desbocado, los efectos de la globalización en nuestras vidas, Taurus, México. Vázquez, 2008. Modernidad líquida y fragilidad humana, Nómadas: Revista crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, No. 19 Vol. 3, Madrid España. Caminante de montañas

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