¿La vejez, fenómeno lejano y desagradable?

Por: María Sandra Bautista González

A pocos días de celebrarse el día del adulto mayor, antes día del abuelo, en México, hay que reflexionar acerca de la importancia que tienen en la sociedad y lo que representan en ella.

Imaginar que el cuerpo se vuelva lento, cansado y hasta torpe, no es nada sencillo, pero en el fondo tampoco se desea imaginar. De una manera consciente o inconsciente la gente se resiste por todos los medios a la idea de su propia vejez. Sin embargo, no se trata de luchar contra el tiempo y perseguir la juventud, ya que el envejecimiento es una etapa de vida que si bien nos va, inevitablemente, todos alcanzaremos.

Hay situaciones que los propios seres humanos crean y que por lo tanto son reversibles, como el que las sociedades sigan un camino ciego e insensible para con los adultos mayores, así como prejuicios y estereotipos que imposibilitan considerar a la vejez como una etapa de vida en la que es posible seguir creciendo, eso se puede cambiar. Por ello debemos de ser capaces de modificar nuestra conducta social hacia este grupo etario, comprendiendo su situación y reconociendo su experiencia aportada.

Bien lo dijo el Papa Francisco el pasado mes de julio, durante las Jornadas Juveniles celebradas en Cracovia, Polonia, el mensaje hacía referencia a convivir, escuchar y conocer su propia historia a través de los abuelos, porque solo ellos tienen memoria del pasado, exaltando así la importancia de los adultos mayores en la sociedad y la familia.

Además de los valores que transmiten a las nuevas generaciones, la dedicación y el amor que les demuestran a los nietos, todo esto es digno de ser reconocido, reconocimiento que sin duda, no es difícil de otorgar, basta con dignificar su papel dentro de la familia y cambiar nuestro imaginario social sobre los adultos mayores. Si bien la vejez es un hecho biológico, lo cierto, es que cada vez más, se puede llegar a envejecer con conciencia, tener claridad, memoria, lucidez y esto es sorprendente porque demuestran que aún son capaces de realizar actividades intelectuales, culturales y sociales.

Tomando en cuenta que el envejecimiento es un proceso que afecta de forma desigual a cada persona y que cada persona vive su propio proceso de envejecimiento de manera diferente, algunos preferibles a otros, lo cierto es que, el respeto, la tolerancia, la paciencia y el amor que reciban por parte de quienes conviven con ellos, ayudará a que esta etapa sea más bondadosa. Por ello hay que exaltar su valor y hacerlos partícipes de la vida cotidiana, de las pláticas, de las opiniones, siempre y en todo momento, porque ellos representan una mirada hacia el pasado pero también un reflejo hacia el futuro.

Fotografía de Horacio Hernández Bringas

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