¿Hombres a la cocina y mujeres al estadio?

Por: Ana Maruri

Las historias únicas, crean estereotipos,
y lo malo de los estereotipos no es que sean falsos,
sino que son incompletos
Chimamanda Adiche

Hace unos días me enteré de un suceso en la liga de fútbol de Francia que me ha hecho reflexionar sobre la relación de hombres y mujeres con el deporte, en especial con el más popular del mundo, el más seguido y conocido en el orbe: el fútbol. El pasado 28 de enero el equipo de Lyon recibía al Lille cuando en las tribunas del estadio se visualizaron dos carteles: en uno la figura de un hombre con una flecha que indicaba la palabra escrita estadio, mientras que un segundo cartel mostraba la figura de una mujer y la flecha apuntando a la palabra cocina.

Se trató por todos lados de una expresión machista que asume roles de género totalmente estigmatizadores. Los hombres deben estar en el estadio y las mujeres en la cocina. Justo la liga francesa, en noviembre del año pasado, había alimentado mis esperanzas de que en el mundo se pudiera reducir la brecha de género en temas deportivos cuando eligieron a una mujer para presidir la Liga de Fútbol Profesional en Francia. Nathalie Boy De La Tour se convirtió, hace unos meses, en la primera mujer en ostentar dicho cargo.

El machismo, según nos aclara Marina Castañeda, no es un atributo personal, es una forma de relacionarnos, el machismo genera una serie de valores y patrones de conducta que afecta a todas las relaciones interpersonales en diversos ámbitos. Hoy, la afición al fútbol, muestra esa visión desigual del mundo, y nos recuerda que en aquellos espacios de ocio y tiempo libre imperan discursos arraigados en el machismo.

Los estadios son exclusivos de los hombres, ¿por? ¿Cuándo se hará suficiente eco en el mundo respecto a relacionarnos como seres humanos y no condicionar ni nuestras acciones ni nuestras actitudes por razones de género? Veámoslo desde otra perspectiva, no sólo se trata de la aparente negación de ver a mujeres en espacios “pensados” en hombres como el estadio, también es una limitante de patrones de conducta para ellos, pues la cocina no tiene género y al asignar las labores que se hacen en la cocina a lo femenino se excluyen a sí mismos.

Relacionémonos sin etiquetas, con fe, reconociendo que el otro o la otra son diferentes pero no con diferentes oportunidades, ni diferentes espacios y sin limitar su actuar.

Finalmente, el género lo construimos socialmente y pienso que como sociedad también podemos modificar nuestras construcciones. Aún tengo fe en la humanidad.

Fotografía tomada de http://futbol.as.com/