Adiós a las bolsas de plástico de un solo uso en la Cdmx

Aleida Alavez Ruiz / Quehacer Político

Los capitalinos iniciamos el año 2020 sin bolsas de plástico de un solo uso y damos la bienvenida a aquellas confeccionadas en tela, lona, redes, incluso revivimos los míticos “cucuruchos” de papel, artículos quizá desconocidos para la generación milennial o la generación centennial.

Así es, el primer día del año entró en vigor la reforma a la Ley General de Residuos, aprobada por el Congreso de la Ciudad de México en mayo de 2019, que prohíbe la comercialización, distribución y entrega de productos plásticos de un solo uso. Además, obliga a los fabricantes a sustituirlos por productos biodegradables (aquellos que se descomponen, debido a la acción de agentes biológicos como plantas o animales, en los elementos químicos que lo conforman) y compostables (estos últimos se degradan biológicamente sin dejar residuos tóxicos y transformándose en abono).

Existen sanciones económicas para los comerciantes que no respeten la norma enunciada. Tales multas tienen un costo que inicia desde 42 mil pesos hasta ascender a los 170 mil pesos, aunque a pesar de lo anterior el verdadero objetivo es crear conciencia del daño que hacemos al ecosistema con el abuso en el consumo de plástico.

Siempre es oportuno saber que una bolsa de plástico, de las ahora prohibidas en la Ciudad de México, tardan en degradarse hasta 500 años porque la mayoría está elaborada de polietileno, un producto derivado del petróleo cuyo costo para producir es muy bajo, además su fabricación es muy simple, que cada habitante utilizamos un promedio de 240 bolsas al año y solo se recicla el 10 por ciento. En suma, cada año generamos 100 mil toneladas de residuos y 440 mil toneladas de dióxido de carbono que contaminan el planeta.

Ante este panorama es muy importante ser responsables y aprender a consumir, porque desprendernos del plástico no es fácil, ya que lo encontramos casi en todas partes. Lo que sí podemos hacer es cambiar de hábitos y emplear productos no contaminantes, como las bolsas de tela, las canastas artesanales, los carritos del mercado y como dije al principio, los casi míticos “cucuruchos de papel” que solo veíamos en las películas viejas.

¿En qué momento nos convertimos en insaciables consumidores de plástico sin percibirlo? En el momento en que los grandes almacenes y supermercados estamparon sus marcas en las bolsas para regalarlas y así promocionar sus tiendas, fue una acción gradual, hasta que las bolsas se volvieron “indispensables”.

El consumismo galopante que vivimos en las últimas tres o cuatro décadas nos hizo dependientes de un artículo al que le prestamos poca atención, sin percatarnos del daño que generábamos al ambiente. Era muy fácil llegar a casa y, a veces, reutilizar la bolsa del “super”, o simplemente tirarla a la basura para inundar al mundo con un elemento casi indestructible y perjudicial para los ecosistemas.

El daño que hemos causado al planeta es irreversible, pero podemos hacer un alto y evitar uno más grave. Todo es cuestión de querer hacerlo, porque así como nos acostumbramos a que nos entregaran nuestras compras en aquellas bolsas, solo es cuestión de tiempo acostumbramos a llevar las propias y cargar ahí con nuestras mercancías.

Esta medida aplicada en la Ciudad de México alcanza algunas áreas de su zona conurbada porque las grandes cadenas comerciales firmaron convenios para no entregar bolsas de plástico de un solo uso. Quiero pensar que por conciencia ecológica y no por el ahorro que esto les representa.

No podemos quedarnos de brazos cruzados ante el grave problema de contaminación que nosotros mismos generamos; países como Chile, Barbados, Uruguay, Costa Rica, Brasil y Colombia, por mencionar algunos, restringen con éxito el uso de las bolsas de plástico de un solo uso. Las opciones que tenemos para mover nuestras compras diarias son muchas.

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