Migración, en busca de un pedacito de mundo

Por: Dulce Reyes

La migración es forzada, porque no atiende a la voluntad de las personas, sino a las transformaciones estructurales. Es una imperiosa necesidad para sobrevivir, no una estrategia consciente.
Humberto Márquez Covarrubias

Quienes han abogado y se han servido de la globalización neoliberal con los ojos cerrados, hoy no son capaces de asumir las consecuencias inevitables de ella. Estados Unidos, el país capitalista por excelencia -que es un ejemplo claro de la globalización de la información, de la economía, del multiculturalismo-, hoy enarbola un miedo terrible por las consecuencias de sus actos e ideología. Rechaza a los migrantes provenientes de Latinoamérica y Medio Oriente. Donald Trump maneja un discurso de repulsión contra ellos y contra todo lo que no parezca estadounidense. Sin embargo, aproximadamente 55 millones de hispanos caminan por sus calles, comen su comida «típica», trabajan en sus grandes empresas transnacionales, cuidan a sus hijos y cosechan sus alimentos, y muchos de ellos también son sus amigos.

La globalización abogaba y prometía desaparecer soberanías, por hacer de los seres humanos hombres del mundo, superar las fronteras culturales y geográficas, abrir las puertas. Sin embargo, el poder creía que las puertas sólo se abrirían para el dinero, las inversiones, las empresas transnacionales, el libre mercado, pero no fue así. La gente con sueños, necesidades y deseos, también quiso ser parte de ese mundo y esa ilusión que se enarbolaba. Se saltaron las fronteras, se saltaron todos los muros que encontraron reclamando su derecho a ser hombres y mujeres del mundo.

Ahora, el Presidente de EU grita a los cuatro vientos contra ellos y les escupe palabras en la cara, busca vetarlos. Estados Unidos no ha sabido lidiar con la responsabilidad que tiene de abonar al tema migratorio, pues es una consecuencia humana de lo que se ha servido: la globalización neoliberal. Algunos dirán que los responsables de los migrantes son los países de origen, que ellos se deben ocupar de brindar las condiciones de vida para evitar que crucen las fronteras. Con ese discurso, se responsabiliza localmente, sin traer a la memoria que el proceso capitalista ha saqueado esas naciones y las ha empobrecido, valiéndose de la idea de libertad, que no es capaz de aceptar en todo su esplendor, reduciendo esa hermosa palabra a la libertad de vender nuestra fuerza de trabajo. Ese discurso aísla la migración del sistema mundial que la ha provocado.

Pareciera que estos discursos xenófobos vuelven a las personas números, se les despoja de su esencia humana, pues importan en tanto trabajadores, no como personas. Los migrantes importan en tanto remesas, problemas económicos, muertos, pero no en tanto sueños, necesidades y seres humanos.

Así, la responsabilidad de las condiciones que permitan a los habitantes de cualquier nación quedarse en sus fronteras, es de todos los globalizados y también del país receptor, no sólo del país emisor, porque la globalización neoliberal ha vuelto al globo uno solo y el capitalismo ha vuelto desigual al mundo. ¿Cómo se pretende esconder tan enorme y lacerante realidad, y más aún, pretender erradicarla, sin erradicar antes el inhumano sistema neoliberal que vive el mundo?

Aunque las actitudes xenófobas no sólo emanan de Estados Unidos, pues en Holanda, el derrotado Geert Wilders, líder del Partido de la Libertad y ultraderechista, que ha sido una imagen determinante en las más recientes elecciones, ha vomitado odio contra los musulmanes, convirtiéndolos en un enemigo nacional. En su discurso de campaña promovía devolver Holanda a los holandeses, refiriéndose a desislamizar el país, cerrando centros de refugiados y “templos nazis”, como él llama a las mezquitas.

Así muchos ejemplos más de países que no asumen la migración como una consecuencia de sus decisiones políticas y económicas, tema del cual México no se salva, aunque exige el respeto y reconocimiento de los mexicanos migrantes, no respeta ni reconoce a los migrantes centroamericanos que pasan por su territorio. ¿Con qué autoridad moral, exige algo que no ha podido brindar a los migrantes centroamericanos cuyos derechos son ultrajados en su paso por México rumbo a los EU?

Así, estos personajes y países, representantes de un discurso simulador, absurdo y totalmente egoísta e irresponsable, avientan la piedra y esconden la mano, pero peor que eso, no sólo la esconden, sino que la convierten en un puño de poder en favor de sus propias necesidades devastadoras del mundo. Ese refrán se cumple, y representa una total hipocresía de los países que no respetan los derechos humanos de las personas que buscan el pedacito de mundo que les corresponde.

En la actualidad, todo está interconectado, por tanto, los problemas los compartimos todos. Como exclamaba el Marqués de Sade: “Ya no existe ninguna hermosa muerte individual”, y como agrega Max-Neef: “ya no nos queda ningún hermoso problema particular”. Así, la migración.

…no es en modo alguno obvio que haya más libertad,
igualdad y fraternidad en el mundo actual que hace mil años.
Se podría sugerir de forma razonada que más bien sucede todo lo contrario…
(Wallerstein, 1988:90)

Fotografía tomada de http://www.durangomas.mx