La paz en Colombia III ¿parte final?

Por: Darío Itzcoatl Rojas Juárez

Se firma el fin de la guerra, no la paz

Después de varios intentos de llegar a la paz entre el gobierno colombiano y diversos grupos guerrilleros, algunos de estos intentos muy violentos, otros poco realizables y algunos otros en donde no se cumplieron lo que se prometía, llegaron en 2012 los primeros esfuerzos de negociación de la paz entre el gobierno que encabeza Juan Manuel Santos y las FARC. Primero Noruega y después Cuba fueron los escenarios para que, de manera no violenta, los negociadores de las partes pusieran sus cartas sobre la mesa y comenzaran a planear el tan anhelado fin de la guerra. El hecho de que se sentaran a negociar en sí mismo ya significaba un gran avance. Hoy, que al fin se han firmado los acuerdos del Tratado de Paz, se abren para Colombia mayores opciones que el conflicto armado, con miras al futuro.

Este acuerdo que pone punto final a un conflicto de 52 años y 8 millones de víctimas, tiene 6 puntos fundamentales que negociaron las FARC y el gobierno Colombiano:

El primero es “Reforma Rural Integral”, que busca la integración regional para combatir la pobreza histórica del campo colombiano, promover la igualdad y el disfrute de derechos para toda la ciudadanía.

El segundo punto es el acuerdo de “Participación política” que busca nuevos escenarios políticos en democracia para debatir y resolver los problemas nacionales, ahora en las tribunas y no en las trincheras, haciendo de las FARC un movimiento político con representación legislativa asegurada durante 2 periodos.

El punto 3, que causó júbilo en el mundo, es que se acordó “Cese al Fuego y Hostilidades Bilaterales y la Dejación de las Armas”, esto garantiza que no habrá más acciones de hostilidad entre las FARC y el Gobierno, o sea, disminución de la violencia directa en beneficio de la población civil que durante años se encontró en medio del fuego cruzado. Y esto significa la reincorporación de los miembros de las FARC a la vida civil, en donde contarán con una serie de beneficios y prestaciones (con las que no cuentan la mayoría de los colombianos) como semanas cotizadas, seguros, créditos, entre otros, para que puedan cerrar definitivamente el capítulo del conflicto. Además las FARC se comprometen, junto con el gobierno, a luchar en contra de los grupos criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de paz.

El acuerdo 4 es sobre la “Solución a los Problemas de Drogas Ilícitas”. En donde el enfoque de la lucha en contra de las drogas y el narcotráfico será atendido desde la salud pública, y la lucha contra los grupos que cultivan, producen y distribuyen será en el marco del respeto a los derechos humanos.

El acuerdo 5 es fundamental, se refiere a “Victimas” y se busca resarcir el daño que se les ha causado. Las victimas estarán en el centro del acuerdo, mediante la búsqueda de la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición, tratando de evitar la impunidad de crímenes que violen el Derecho internacional Humanitario.

El acuerdo 6 se refiere a los “Mecanismos de implementación y verificación” en donde representantes de las FARC y Gobierno conformarán una comisión que hará seguimiento a la implementación de estos acuerdos para que se cumplan. Además habrá otro mecanismo para la participación de la comunidad internacional en el seguimiento y verificación de la implementación de los acuerdos.

Así, me parece que lo más importante viene ahora. Moldear el futuro de un país que tiene la oportunidad de crecer sin guerra. Sin embargo, es a partir de aquí cuando los riesgos se asoman. Llama la atención que unos de los primeros en tender la mano financieramente a Colombia para su proceso de paz es el Fondo Monetario internacional con un crédito de 11 mil millones de dólares, lo cual suena bien, sin embargo, y viendo el ejemplo de otros países a los que ha dado crédito, se podría esperar que el crédito se condicione a políticas públicas que van a ahondar en la desigualdad, la precariedad, y eventualmente esto puede desencadenar mayores niveles de violencia por las medidas impopulares que generalmente imponen.

La paz entró por el Caribe. Primero Cuba fue escenario que facilitó la paz, después llega el proceso a concluir a la mítica tierra de Cartagena que será ahora tierra de paz. El sufrimiento de millones de personas que generaba el conflicto armado se ha terminado, la amenaza que se tiene ahora, entre muchas otras (Bandas criminales, desempleo, informalidad, exclusión, discriminación), puede venir del sufrimiento causado por las estructuras financieras, políticas y sus consecuencias sociales, que de manera silenciosa y sin ninguna posibilidad de negociación, se crean en los grandes imperios del liberalismo financiero dominado por el FMI, la OCDE y el BM que ha generado altos índices de desigualdad en la región. Este es el verdadero reto hoy si se quiere hablar de paz.

Lo expresaron las FARC, seguirán luchando, ahora en la arena política, para que los niños de los territorios alejados no mueran de hambre, y para que el sistema de salud que está totalmente privatizado respete los derechos humanos que tienen las personas a preservar su vida y su integridad, ya que sabemos que al ser primordialmente negocios, la salud y la vida está supeditada al poder económico de las personas, así, gente muere en los pasillos por no poder pagar. Estoy de acuerdo en que se luche por justicia social, pero nunca más con armas y con gente inocente en medio.

Se firma el fin de la guerra, no la paz. La paz se construye día a día, y políticamente se deben exigir y crear las condiciones que mejoren la vida de las personas. Basta de pensar que dándole todos los privilegios a los dueños del gran capital es la única manera de progresar. Está visto que este modelo genera más víctimas y sufrimiento que cualquier guerra, y de profundizarse en Colombia, podría evitar que se cumplan los acuerdos firmados en Cartagena. Felicidades a Colombia que hoy tiene una nueva oportunidad de construir su futuro lejos de la guerra, ahora toca construir la paz con justicia social.

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