Buenaventura, entre la violencia y la esperanza II

Por: José Javier Capera Figueroa

NEW DAY / COLUMNA
Hace un año escribí una nota sobre el panorama de la violencia y la esperanza que vive el principal puerto colombiano. Ahora la situación pareciera tomar otro aliento. Se siente el rostro de la felicidad y la esperanza que vive el porteño en esta época, ya hablar de la violencia tiene otro significado. Por lo menos, se puede notar al interior de las voces humildes de cada uno de sus habitantes.

Tal como lo menciona una extraordinaria melodía que dice “Le sucedió al Amazonas, y a todos los bosques del mundo; Que lo quieren derribar, nadie, nadie los vuelve a sembrar; A ti, a ti, a ti, a ti… Naturaleza que te quieren destruir; Yo siempre estaré a tu lado a vencer al hombre malo…”, un claro mensaje que reside en el seno de la música popular y se entona con el baile del pacífico.

En efecto, una de las principales características que padece el puerto es la pobreza, la desigualdad social, pero sobretodo la corrupción. Tres fenómenos que siguen azotando la realidad de estas bellas tierras, y son el martirio de la sociedad colombiana en todo su esplendor. Que en Buenaventura exista violencia acompañada con la pobreza se ha vuelto algo normal, lo preocupante es saber que las autoridades políticas se han enriquecido a costilla de la imagen en el puerto. Véase: http://www.elnuevodia.com.co/nuevodia/opinion/columnistas/280153-buenaventura-entre-la-violencia-y-la-esperanza

En Buenaventura se siente la arrechera, el sabor, el baile acompañado del arrechón una fuerte bebida natural que sale de las entrañas de la cultura afro de nuestro país. Desde la sonrisa de los niños en las calles destapadas, hasta la humildad de la gente que ofrece un espacio de su humilde hogar. Ya era justo, se escucha en la voces de sus habitantes, pensar la paz, ahora es necesario llevarla a un plano de transformación social.

La lucha del puerto está más que viva. Ahora se debe contrarrestar las secuelas del narcotráfico, la imagen peyorativa que acá sólo se vive de rumba en rumba, y no es para más, el mismo centralismo sumado con la clase política tradicional han hecho creer que en Turín – Turan sólo existe pobreza y violencia.

Es una lástima cuando se piensa la complejidad del puerto, la riqueza de sus bienes naturales y las grades capacidades que existen de articular la cultura con la ciencia, la música con el sabor, el deporte con la salud, pero en especial la sencillez con el trabajo. Curiosamente el mismo habitante reconoce el ambiente pesado de las tierras de Petronio Álvarez pero existe la conciencia de que es la hora, el momento y el lugar para construir otra realidad.

Se hace necesario develar la corrupción, mitigar sus impactos y proponer acciones desde adentro. Por supuesto, donde se pueda generar procesos de construcción comunitaria, acciones socialmente humanas y en particular la defensa por la dignidad humana, en un lugar tan caótico pero a la vez asombroso. Un espacio para amanecerse hasta que se sepa a chacho desde la entrada del Pailón hasta el Puente del Piñal, y luego ir a donde doña Concha por un caldo delicioso de gallina y seguir gozando nada más.

En conclusión, el panorama de Buenaventura entre la violencia y la esperanza toma más fuerza hacia la construcción de un tipo de cultura de paz. Es justo comenzar a cimentar un puerto digno de vivir, gozar, rumbear, trabajar y arrechar. Bien lo describe el tumbao de las mujeres cuando al caminar las calles se desprenden para vislumbrar la extraordinaria belleza que irradia la marea, el malecón y la diversidad marítima de esta región. Acá se siente, respira y vive un espacio de alegría que se puede apreciar en cada rincón, la inmensidad de estas tierras que se hicieron para la convivencia pacífica.

Post scriptum: Les deseo a todos mis lectores, críticos y demás seguidores un 2017 cargado de esperanza, lucha, solidaridad, pero en especial transformaciones positivas para hacer de nuestra época la mejor para vivirla, ya no queda de otra es la única que tenemos para gozarla.

Fotografía tomada de http://www.eltiempo.com/

Deja una respuesta