Un México racista

Por: María de Jesús Núñez Aguilar

En un pueblo cerca de la sierra de Guerrero, donde la vida pasa lento y la pobreza es el pan de cada día, una mujer de aproximadamente 23 años de edad está a punto de contraer matrimonio con uno de los hacendados del lugar, un joven alto, blanco y de ojos color miel, quien cayó rendido a los pies descalzos de la mujer más bonita del pueblo.

Adela, le decía su abuela de cuando en cuando:

Recuerda que debes casarte con alguien con quién puedas mejorar la raza y no con un prieto que la empeore, los chamacos deben salir bonitos y conseguir mejores oportunidades.

Adela resignada a la idea de la abuela, aceptó casarse con el joven no por gusto, sino por compromiso, pues de ese matrimonio dependía su futuro y descendencia.

¿Dónde has escuchado la frase de la abuela? ¿Es un hecho de que los blancos pueden conseguir mejores oportunidades? Y así, a manera de “cuento ficticio”, tomo pretexto para dar pauta a la reflexión de la existencia del racismo en nuestro país.

El racismo es un fenómeno del que México no está exento. Se cree que en nuestro país este suceso es nulo, sin embargo, existe. Hay personas que lo enfrentan todos los días de su vida hasta el final de su existencia.

Para entender más este suceso, debemos retomar la historia de nuestro país, así como la de todos los países que han sido conquistados, ya que demuestra que la discriminación racial es una construcción social que desde siglos ha existido. Alicia Castellanos Guerrero en su artículo Antropología y racismo en México señala:

“Su núcleo básico está fuertemente asociado con la creencia acerca de la superioridad/inferioridad biológica de las razas, sustentada ésta en una jerarquización que se manifiesta inexorablemente en una superioridad/inferioridad cultural y social.”

Es decir, el racismo existe por la creencia de considerar a una raza pura o impura, no obstante pensar en la existencia de una raza acendrada en nuestro país es difícil, pues México es un país multirracial que se ha ido poblando gracias a la invasión y migración de otras razas, verbigracia la llegada de los españoles y africanos en 1492 o la llegada de los extranjeros en 1824 a consecuencia de un decreto emitido por el estado para repoblar México y hacer crecer la economía.

De cualquier modo, aunque en este siglo existen personas que se consideran descendientes de razas puras, como lo son los grupos indígenas o los afrodescendientes, quienes representan un 20% y un 1.2% de la población respectivamente, asegurar que son venideros de una raza netamente pura, es difícil debido a los fenómenos sociales de globalización y migración.

Por cierto, es importante señalar que para las personas indígenas y afrodescendientes el racismo y el clasismo se mezclan, debido a que se considera que las personas con un color de piel más oscuro y sucesores de grupos étnicos, están destinados a vivir en condiciones precarias que en pocas ocasiones son experimentadas por gente de tez blanca.

Para sustentar lo anterior, pongamos por caso un estudio realizado por el Instituto Nacional de Estadística de México en el año 2017 en donde se demostró que el color de la piel influye en el trabajo que se tiene, el nivel de estudios que se posee y el nivel socioeconómico en el que se vive, por ejemplo, de las personas con un color de piel más obscura solo el 4% tiene estudios universitarios contra el 28% de las personas que tienen una tez más clara.

Asimismo, es importante enunciar lo más comentado en los últimos días con Adalid Maganda, un árbitro del futbol mexicano víctima de racismo en el año 2018, quien hizo huelga de hambre para ser escuchado y recientemente ganó la demanda contra su oponente.

En definitiva, seguir considerando al color de piel como factor determinante en nuestras relaciones sociales, y sobre todo, que el estado no garantice una vida digna para las víctimas, son acciones retrógradas que nos impide avanzar y progresar como sociedad y país, pues aunque a nivel internacional México se considere un país con cero discriminación racial, vivir, conocer y convivir con personas que han sido perjudicadas por este tipo de actos, es suficiente para darse cuenta de que en nuestro país el racismo es una realidad que existe desde hace siglos y que ocultar o evitar hablar del tema no servirá para erradicarlo.

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