Ser adolescente y trabajador jornalero, dos condiciones de alta vulnerabilidad. Entrevista con Rasha Salah.

Por: Dulce Rocio Reyes Gutiérrez

Rasha Salah, es una joven investigadora y maestra de español como lengua extranjera. En Siria, su país natal, trabajó en campos de refugiados, realizando diversas actividades, entre ellas, algunos talleres con niños, niñas y adolescentes de 5 a 16 años, por lo cual empezó su interés por temas como la migración y la adolescencia. Estudió periodismo en Siria y Educación en Cuba, así como una Maestría en Ciencias Sociales en El Colegio de Sonora y actualmente es estudiante de Doctorado en Antropología Social en la Universidad Iberoamericana en México.

La revista digital 2más2igual7.mx, le realizó una entrevista para hablar de su investigación denominada Altas temperaturas y vulnerabilidad social: las/los adolescentes jornaleras/os en el Poblado Miguel Alemán, en la cual nos contó acerca de la importancia de hablar del tema del trabajo que los y las adolescentes realizan en los campos agrícolas en Sonora y cómo sortean las altas temperaturas, nos dio algunos detalles del lugar donde realizó su estudio y sobre las diferencias de género en el poblado Miguel Alemán, así como los aprendizajes profesionales y personales que le dio esta investigación.

Con relación a la investigación que realizaste en tu maestría, ¿cómo llegaste a esa relación entre las altas temperaturas y la vulnerabilidad social?

Yo vivo en un estado de desierto: Sonora. Cuando llegué estaba haciendo frío, pero la gente hablaba del calor, entonces me decían “¿ya conociste el calor de Sonora?”, por eso me empecé a interesar por las altas temperaturas.

Sonora, es el primer estado en muertos por golpes de calor, de enfermedades relacionadas con altas temperaturas, entonces dije ¿por qué se enferman, pues? Empecé a realizar varias visitas con los jornaleros y a través de la observación y de las conversaciones con la gente, me di cuenta de las condiciones de vulnerabilidad social, como las malas condiciones en la casa, por ejemplo, de 25 casas a las que entré, sólo dos tienen aire y las puertas de las dos casas no cierran bien, no es cuestión de tener o no tener, sino ver qué tanto funcionan estas. En Sonora, el aire acondicionado es muy importante, aquí le llaman clima, porque cambia el clima por completo.

En el poblado hay varios peligros: la inseguridad, la alimentación, el miedo de pasar tiempo sin comida, las condiciones de casa, las familias que son muy grandes y viven en la misma casa y tienen que trabajar ya los jóvenes. En el campo agrícola son otras condiciones, como que el trabajo es informal, aunque firman un contrato pero es muy informal, no hay garantía de sus derechos, entonces, pues mientras haya trabajo van a trabajar aunque sea un domingo, aunque esté a 52 la temperatura. En el caso de los adolescentes hay otra condición que es el hecho de ser adolescente, así que son vulnerables, entonces eso complica más la situación, porque la ley de trabajo no permite trabajar a menores de 18 y en el campo de 17, porque a partir de los 16 o 17, ya pueden sacar un permiso de trabajo, pero aquí es muy difícil sacarlo porque tiene que ir un mayor con un menor a un centro y esperar mucho tiempo, entonces los dos pierden los días de trabajo, y para ellos no existe esa opción de perder un día de trabajo, porque ellos trabajan diario, si no trabajan no comen. Entonces ¿qué hacen los adolescentes? Pues trabajan con documentos falsos o ellos mismos hacen un documento que dice que ya tienen 18, o trabajan con los documentos de los hermanos o hermanas mayores. “Yo no me puedo enfermar porque soy adolescente”, así me decían, “soy menor de edad no me puedo enfermar”, porque cuando llevan tapada la cara nadie descubre que son menores, entonces pues es eso (si se enferman les pedirán descubrírsela).

Yo trabajé en dos espacios, en el poblado Miguel Alemán, como un lugar de trabajo en el campo y un lugar de vivienda, y aquí aclaro cuando digo poblado Miguel Alemán, yo trabajé en la parte de Invasión, se llama así porque la gente no tiene documentos de la casa, como que llegaron y no tienen papel oficial, entonces, es la parte olvidada del poblado.

¿Por qué investigar el trabajo jornalero con los y las adolescentes? ¿Es importante tomar en cuenta la edad para poder comprender el tema del trabajo jornalero?

En la vulnerabilidad social en la población jornalera hay mucho qué decir, pero a mí me interesó los adolescentes, primero por un interés personal porque yo trabajaba con adolescentes y yo quería saber a esas edad qué piensan, qué creen, y otra cosa, por lo que decían “aquí no trabajan adolescentes” y así dice “no se permite trabajo de menores”, yo fui a dos campos agrícolas y pregunté ¿Aquí hay adolescentes? ¿Aquí hay menores? Y no, aquí no trabajan y cuando fui al poblado me di cuenta que habían muchos. Entonces, creo que es interesante por esa parte y también porque cuando hablamos de derechos de menores o que la ley no permite trabajar a menores, pensamos “hay qué lindo que existe esa ley, porque el menor tiene derecho de estar estudiando”, o sea, un discurso muy lindo, pero en la vida real no es así, porque primero existe la ley pero no existe otra forma de responder a sus necesidades.

También acuérdate que son de los estados el sur de México, como Chiapas, Oaxaca, Guerrero, del sur-centro, básicamente de esos tres, o de otros, hasta de Sinaloa tenía dos informantes. Entonces, desde la lógica y la cultura de ellos, no son menores, ya tienen 15 años, son hombres, así me decían “tengo que trabajar”, no aceptaban, decían ¿por qué no me permiten trabajar si ya tengo 15 o 17? Entonces se sienten más responsables, más los hombres, responsables hacia la casa porque ya tienen novia o se casaron, ya empezaron a formar su familia, y las mujeres más en el sentido de que quieren seguir estudiando, entonces si no trabajan en las vacaciones no pueden seguir estudiando porque tienen que pagar cada semestre cierta cantidad de dinero, tienen que imprimir, ir a hacer trabajos, pagar la ruta de transporte de la casa a la escuela, entonces como que tienen gastos pero a esa edad no aceptan que la mamá les ayude, sí, la mamá, porque generalmente el padre está ausente, otra condición de vulnerabilidad.

Con relación al poblado Miguel Alemán, ¿qué características tiene este lugar que llamó tu atención para realizar esta investigación?

Pues yo llegué aquí el 10 de enero de 2018 y tuve la oportunidad de visitar el poblado el 30 de enero, porque cuando yo llegué de Líbano, tenía pensado trabajar otro tema en otro lugar, pero fue mi director de tesis fue quien me contó algo del poblado, entonces me dijo “si te interesa podemos trabajar aquí”, y pues dije “déjame ver”, y cuando fui el 30 de enero, ya tenía como 20 días aquí, regresé de allá y le dije “sí, voy a trabajar allá”, porque fue muy extraño ver la parte de invasión sobre todo, porque mucha gente, muchas mujeres, con muchos niños. Un grupo de jóvenes en la esquina estaban fumando, entonces me pareció un campo de refugiados y siempre repito eso, un campo de refugiados pero hablando en español, porque todas las condiciones, mira, la violencia, la ausencia del Estado, todo como que da el mismo resultado, más violencia, menos derechos, muchos niños sin ir a la escuela, entonces se me hizo bien doloroso, bien interesante, bueno, no puedo decir interesante, sino muy doloroso, porque ya traigo toda la historia, entonces me di cuenta que allá es un lugar donde aprender, y yo estoy muy agradecida con toda la gente del poblado.

Miguel Alemán está de camino a la playa, todo mundo pasa para ir, pero no saben que allá existen esas condiciones, gente muy amable pero al mismo tiempo hay mucha violencia, ausencia completamente del Estado. Cuando pasa algo la policía es la última en llegar.

En tu investigación tienes un apartado en donde hablas de cuestiones de género. Me gustaría saber cuáles son las diferencias de género que encontraste en el trabajo jornalero.

Pues el género, como bien sabes, es un ordenador social, como que uno hace ciertas cosas porque eso te lo asignan por ser hombre o mujer u otro, entonces todo eso se ve reflejado en la tesis, primero en el ámbito doméstico, pues yo llegaba un domingo cuando los hombres estaban durmiendo todavía, salieron con sus amigos o estaban trabajando en el campo, en la agricultura. Las mujeres estaban limpiando, cocinando o cuidando a los hermanos, o sea, en el ámbito doméstico las tareas ya están asignadas.

En el campo siempre existe esa idea de que las mujeres son más débiles, aunque trabajan lo mismo, pero “ay, las mujeres no pueden hacer eso”, entonces hay una división de tareas porque el trabajo pesado lo hacen los hombres o lo hacen las mujeres que son fuertes como un hombre. El hombre es el fuerte y la mujer es la débil. Pero al mismo tiempo, ser mujer es una condición de vulnerabilidad social allá, en el sentido de que siempre les gritan, a veces las tocan bajando del taxi, las pueden molestar, y eso hace que las mujeres si no están en grupo con varias amigas mujeres o si no están acompañadas por un hombre, no van al trabajo.

Sobre la percepción de altas temperaturas, las mujeres son más conscientes de todo el proceso, aunque ellas están trabajando igual en el campo, pues consideran que deben tomar agua, descansar un tiempecito. “Yo trabajo lo que mi cuerpo aguanta”, así me decían las mujeres. Los hombres como que no aceptan, dicen “yo estaba trabajando y me desmayé, me quedé tirado en el piso”, como que no aceptan todo ese proceso.

Las medidas de autocuidado siempre son por parte de la mujer, entonces, si el hombre se cuida es gracias a una mujer. Las mamás, hermanas o esposas, son las responsables del proceso de autocuidado o atención. Aquí aclaro que la autoridad del campo casi no hace nada para el cuidado, entonces la responsabilidad es personal. Hay muchos campos que sólo hacen dos medidas: ponen agua, que se calienta y lo ven como favor, y la otra es que negocian la hora de comer, entonces los trabajadores no salen una hora a su descanso para salir una hora antes de su jornada. Entonces, hablando de género, a las mujeres les conviene eso porque salen para ir y hacer su otra jornada de cocinar, cuidar a los hijos o hermanos más pequeños, y el hombre prefiere no salir antes.

Otra cosa tiene que ver con la salud. Un médico me decía “a los hombres los traen de urgencia, las mujeres vienen más a consulta”, entre los dos, las mujeres van más. Los hombres no es que se enfermen menos, pero tienen la idea de “yo soy fuerte, así no me pasa nada”, hasta el último momento que tienen que ir de emergencia.

Cuáles consideras que fueron los mayores retos a los que te enfrentaste como investigadora en tu trabajo de campo.

Pues el primer reto fue el calor. Sí me hizo abrir los ojos para ver todo, pero al mismo tiempo me enfermé varias veces, una vez bajando del camión me dolía la cabeza, entonces, aunque eso ayudó, fue un reto bastante fuerte porque salía a las 8 de la mañana, y en el poblado, por la falta de árboles, uno siente que el sol está caminando a tu lado.

Otra cosa es ser extrajera también, no fue un reto tan grande, pero sí, porque hay muchas palabras que no entendí, no sólo por ser extranjera, sino que ellos son de diferentes culturas, de diferentes estados, entonces decía “¿de qué me están hablando, pues?”. Entonces fue así como para armar la confianza, ya después me ayudó mucho ser extranjera en el sentido de agarrar más confianza, pero sí fue difícil su español.

Otro reto fue la parte emocional, por eso yo fui varias veces al poblado antes de empezar mi tema, para entender qué voy a hacer o cuales son los límites. Me pasó algo que me pasó en los campos de refugiados. Yo quiero hacer todo ¿no?, pero después llega el momento y no pueden hacer todo. Entonces, creo que la parte emocional fue un reto que hasta ahora creo que lo logré entender, pero hasta ahora creo que falta algo, puedo hacer más cosas, aunque creo que los ayudé, ya tienen más voz ahora, la gente ya está hablando más del adolescentes, pero no sé si es suficiente.

Qué nos podrías decir de lo que aprendiste como persona al elaborar esta investigación.

Fue una experiencia bastante rica, me enseñó varias cosas, primero entendí mucho más a los adolescentes. Primero, fue no ver las cosas de un solo lado, porque yo estaba a favor de la ley del trabajo, por ejemplo, entre varias cosas. Otra cosa que aprendí fue a no culpar al otro, entender todas las condiciones, porque es muy fácil decir “a fulano le dio golpe de calor”, ah, pues porque estaba caminando en el sol, solemos decir eso, y creo que nos pasa también eso con el covid, “fulano se enfermó”, ah, es que seguro estaba fuera de casa, sin saber todas esas condiciones que deja a uno salir en el calor.

También otra cosa que aprendí fue a valorar más mi tiempo y mis días de descanso, porque mientras yo estaba en vacaciones quejándome del calor en mi casa, ellos en vacaciones se despertaban a las 5, más temprano que yo, porque tenían que trabajar. Para ellos la escuela es mucho más fácil que trabajar. Entonces, aprendí a valorar todas las cosas que tenemos nosotros, podemos decir ese lujo de descansar, tomar nuestros días, valorar más esas cosas. Es algo que ya traía desde antes y que sigo aprendiendo siempre, a valorar al otro en una posición, no es mejor o peor, nunca es así como decir “vengo desde arriba”, no. Tener esa relación siempre de amistad, de cariño, de esa forma de respeto con los demás porque no es la clase ni la cantidad de dinero, ni el nivel educativo lo que determina a una persona, sino todo lo que trabaje… valorar más también esas historias de vida, porque son muy dolorosas, pero al mismo tiempo podemos aprender mucho de ellas.

 

 

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