El riesgo de nacer en un país violento

Por: María de Jesús Núñez Aguilar

En los últimos años, en México se ha desatado una gran ola de violencia y brutalidad que demuestra la impunidad en la que el país está inmerso. La cantidad de feminicidios que han ocurrido en el territorio a casi dos meses de haber iniciado el 2020 es indignante y preocupante. Según la activista Frida Guerrera, 265 son los casos que se han registrado a nivel nacional, lo que apunta que este año va a superar en número al anterior, pues de acuerdo a datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2019 se registró un total de 976 delitos por feminicidio.

Así pues, enunciado lo anterior, podemos constatar que la violencia contra la mujer se ha tornado tan invasiva y común, que demuestra la ausencia de una estrategia efectiva para erradicar la violencia contra la mujer y que se empeña en difundir la desigualdad y la discriminación de género en el país.

En efecto, la violencia verbal o física que viven cientos de mujeres en el país es un tema complejo y difícil de erradicar, sin embargo, la indiferencia con la que el estado trata el tema, es vergonzosa; valga como ilustración las ocasiones en donde se le cuestiona a Andrés Manuel López Obrador sobre los feminicidios y él prefiere darle prioridad a una rifa de avión o cuando se escuda “denunciando” y “argumentando” que la violencia en la que vivimos es consecuencia de gobiernos anteriores y del neoliberalismo, lo cual solo sustenta que México tiene como gobernante a una persona con falta de preparación y capacitación para hacerse cargo de un país.

Cada día desaparecen y aparecen asesinadas varias mujeres. La brutalidad con la que son tratadas antes de morir es increíble y difícil de aceptar, sus cuerpos delatan ante el mundo la salvajada con la que fueron tratadas antes de ser asesinadas o incluso después de serlo.

Verbigracia Ingrid Escamilla, una mujer oriunda de Necaxa, Puebla, quien fue masacrada por su pareja, o la conmocionante historia de una niña de 7 años llamada Fátima Antón quien fue secuestrada y entregada a un pederasta como regalo para ser violada, no obstante, existen muchos casos de familias que cada día sufren y viven la agonía de no saber en dónde están o cómo se encuentran sus hijas y que desgraciadamente los medios no dan a conocer y quedan en el anonimato.

Empero ¿qué puede hacer el estado para erradicar la violencia contra la mujer?

La respuesta a esta pregunta se encuentra enunciada en el artículo 325 del Código Penal Federal en donde se constata que se considera feminicidio a cualquier acto que pueda privar de la vida a una mujer ya sea por violencia sexual y lesiones físicas previas al asesinato, antecedentes de violencia doméstica, relación sentimental con el agresor, exposición pública del cuerpo de la víctima, entre otras.

Asimismo, se manifiesta que el servidor público no puede retardar o entorpecer maliciosamente o por negligencia la procuración o administración de justicia, y que en caso de que suceda, se le impondrá pena de prisión de tres a ocho años y de quinientos a mil quinientos días de multa, además será destituido e inhabilitado de tres a diez años para desempeñar otro empleo, cargo o comisión públicos.

Ahora bien, poner en práctica lo que el mismo estado ha dictado con respecto a los feminicidios es difícil, debido a que la capacitación que tienen los elementos encargados de ejercer este tipo de investigaciones y penas, es insuficiente. Tardan demasiado en girar órdenes de aprehensión en contra de los presuntos agresores o retrasarse en investigar y dar con el paradero de los mismos son actos deficientes que acaban por conseguir un incremento notorio en el delito mencionado.

En concreto, para poder erradicar de manera definitiva la violencia contra la mujer no solo basta con declarar, dentro del Código Penal Federal, las condenas a las que pueden ser sometidos los agresores, sino que se deben hacer cumplir y respetar, no importando el rango económico, social o cultural de los imputados.

Resumiendo, nacer como mujer en México es un riesgo, la impunidad, la indiferencia, la corrupción, la injusticia son temas que no han permitido detener la violencia a la que nos hemos enfrentado durante los últimos años. ¿Qué necesita suceder en México para que esta masacre termine? La respuesta es difícil de exponer, sin embargo, permitir que esto se normalice demostrará a nivel nacional e internacional que esta situación es resultado de un estado fallido y de un gobernante incapaz de cumplir aquello que prometió cuando tomó posesión de su cargo.

Manifestarse y exigir justicia son actos que no deben limitarse y que no deben ser sinónimos de agresión, rebeldía o violencia, pero sí de cansancio, dolor, decepción y empatía.

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