Videgaray y la renacionalización de Banxico

Por: Ángel Trejo

DIÁLOGO / COLUMNA
Por las congojas que la renuncia de Agustín Cartens provocó en algunos analistas de la derecha periodística mexicana, el futuro ex director del Banco de México (Banxico) tiene fuertes disensiones de política económica con el gobierno de Enrique Peña Nieto (EPN).

-En efecto, las diferencias entre Cartens y EPN eran notorias desde hace cuatro años, pero no alcanzaron el nivel de las habidas ahora, entre ellas la derivada del aumento “extrapolado” del salario mínimo general en 2017 (¡siete pesos diarios, en lugar de los dos o tres pesos de los 30 años pasados!), monto contra el que seguramente no estaba de acuerdo el futuro director del Banco Internacional de Pagos (BIP).

Pero ¿en qué le afectará tal decisión al Banxico y a mister Cartens?

-En que dicho incremento puede alterar aún más los niveles de inflación, que es una de las variables económicas que el Banxico debe intentar controlar. Pero su molestia mayor, al igual que la de los grandes empresarios mexicanos y extranjeros, está en la intención última de EPN de empezar a revertir la depreciación de los salarios en México, que es la principal causa del empobrecimiento y el desempleo generalizados en el país. Con mejores o no tan peores salarios -¡los trabajadores en México figuran entre los peor pagados del mundo y América Latina, sólo después de Haití!- la economía nacional interna podría empezar a recuperarse, a crecer paulatinamente y a no depender tanto de la gringa y del entorno internacional.

Pero, insisto, ¿en qué perjudica eso al Banxico y a Cartens?

-En que el gobierno de EPN logró convencer a algunos grupos empresariales, en especial a los que dependen más del mercado interno que del externo, de empezar a alejarse del modelo económico neoliberal y a volver los ojos a un sistema de economía menos libertino y alcahuete de los intereses de los grandes consorcios monopólicos. Este proyecto, largamente combatido en los últimos cuatro años en las calles y en la prensa mediante el uso disfrazado de otros discursos políticos –derechos humanos, corrupción gubernamental, reforma educativa, CNTE, asesinatos masivos (Ayotzinapa, Tlatlaya, etc)- se ha reciclado gracias a que EPN está aprovechando el periodo de incertidumbre y pasmo en que viven hoy los gringos por la larga transición gubernamental entre el triunfo y la asunción de Donald Trump a la Casa Blanca. La relación política de muchos de estos hechos con la renuncia de Cartens al Banxico se evidencia aún más con la versión de que el “gallo” de EPN para sustituir al gordito en el banco nacional mexicano es precisamente el “alfil” que la oligarquía mexicana y gringa le tiraron hace tres meses: Luis Videgaray. De concretarse esto, el gobierno actual mexicano obtendría un éxito completo, pues con ello estaría re-estatizando y re-nacionalizando el Banco de México.

¿Es que el Banxico no debe ser autónomo?

-Ningún banco nacional o de Estado es ni debe ser autónomo, aunque ello pueda ocurrir en EU con la Reserva Federal, que es un conglomerado de bancos privados con aparente función de Estado. Desde su supuesto manejo autónomo hace ya varias décadas, el Banxico ha funcionado en realidad como un “caballito de Troya” o una “quinta columna” del imperialismo occidental; es decir, como un instrumento al servicio de las principales instituciones financieras bajo control de Washington, Londres y Berlín, con la finalidad específica de supervisar el manejo de la economía nacional, según las reglas de conducta dictadas por ellos. En otras palabras: el Banxico ha sido autónomo con respecto al gobierno neoliberal mexicano, pero no independiente del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Reserva Federal de Estados Unidos. Por ello no es casual que a partir de julio de 2017 míster Cartens vaya a hacerse cargo de la caja o tesorería del imperialismo global; el Banco Internacional de Pagos (BIP).

¿Esas son las únicas disensiones entre Cartens y EPN?

-Hay otras causas relacionadas con el mismo proyecto económico del actual Presidente de la República que han molestado mucho a los monopolios nacionales y extranjeros: el aumento del Impuesto Sobre la Renta del 28 al 30 por ciento –y hasta el 35 por ciento en ingresos anuales a partir de los 500 mil pesos- y las fuertes inversiones estatales en gastos de infraestructura industrial y urbana, en la que los celosos inspectores neoliberales han visto una manifiesta aplicación de la estrategia keynesiana (estatista) para reconstruir el mercado interno y revertir el modelo de libre mercado que ellos defienden. En enero próximo, cuando empiece a aplicarse el aumento de siete pesos al salario mínimo general, veremos cuál será la reacción de la iniciativa privada nacional, de los grandes monopolios nacionales y extranjeros y de la derechosa prensa mexicana. Una significativa alza de la inflación, es decir, por encima de los habituales niveles de la “cuesta enero” registrados en años recientes, revelaría que los mecanismos de defensa de la oligarquía estarían operando en contra del proyecto heynesiano y que EPN, el empresariado nacionalista, Luis Videgaray, el PRI y sus aliados serían nuevamente derrotados en 2017 y 2018.

Fotografía tomada de http://www.proceso.com.mx/

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