Un minuto de… indignación y esperanza

Por: Ana Maruri

¡No más minutos de silencio!

¿Por qué la muerte de periodistas, en un país como México, se está normalizando? ¿Quién defiende las condiciones de los y las periodistas para realizar su trabajo? Como sociedad, ¿cómo respondemos ante los hechos cobardes en los que personas pierden la vida frente a nuestra cotidianidad, pues más de 105 periodistas han sido asesinados desde el año 2000?

15 de Mayo de 2017, Javier Valdez, periodista, es asesinado a plena luz del día en Culiacán.

Es lacerante saber que el ejercicio del periodismo representa una amenaza directa para la vida de quienes eligen este camino, saber que quienes han perdido la vida dando voz a aquellos que no la tienen, contando historias que son parte de nuestras realidades aunque se necesite valor para contarlas, son castigados por la impunidad de cada caso, por la ineficacia de las instituciones encargadas de dar explicación de sus muertes y por la indolencia social.

Vivimos en tiempos llenos de desconfianza, menudo problema, sin confianza nada funciona. La sociedad, cualquiera que ésta sea, necesita un halo de cohesión llamado confianza, ésta debe engranar nuestro ser social con instituciones, gobierno, economía, etc. Pero, cómo lograrlo con la corrupción como lastre, con el cinismo político, con la falta de legitimidad en las instituciones, con la participación ciudadana reducida al voto, con años de rezago en temas de equidad de género, educación ambiental, sin conciencia vial y una lista interminable de todo lo que no permite avanzar a nuestro país.

La pregunta es si podemos vivir más con miedo, o si es que merecemos un país mejor para vivir. Sí, se puede. Necesitamos convertir el miedo en indignación y la indignación en esperanza. Manuel Castells en su libro Redes de indignación y esperanza, analiza cómo es que surgieron los movimientos sociales más importantes de nuestros tiempos, y la conclusión es que justo en el hartazgo de una vida llena de miedo y molestias sociales surge “la Dignidad del sufrimiento y la humillación” para encontrar ahí la fortaleza, la determinación y el coraje de cambiar, de convertir toda esa pesadez en esperanza.

No es normal que asesinen a periodistas ni a personas, no sólo debe causarnos indignación, debemos dar paso a la esperanza, sí, a la esperanza de cambiar las cosas, o por lo menos dejar de lado la indiferencia, porque sí merecemos un país mejor.

Fotografía tomada de http://www.plumaslibres.com.mx/2016/09/05/suman-81-periodistas-asesinados-mexico-18-siguen-desaparecidos/