¿Quién dejo vivo al Pejelagarto?

Por: Nayel Alejandro Adaya Álvarez

Andrés Manuel López Obrador, AMLO, “El Peje”, como le llegó a apodar en algún punto de su carrera política el periodismo nacional debido a su estado natal y su acento, situación que ha quedado grabada en el imaginario social. Estos son algunos de los nombres con los que identificamos al exjefe capitalino y junto con estos nombres se levantan opiniones de todo tipo, un ente definitivamente polémico.

La situación actual de AMLO, es consecuencia de una serie de hechos iniciados en una entrevista con Ciro Gómez Leyva y un reto que se consumó en la plataforma de declaración 3de3 recientemente.

Desde el ámbito periodístico hay cuestionamientos que van desde ¿Cuánto tiempo más podrá sostenerse el discurso demagógico y la imagen que se ha creado? ¿Resistirá las nuevas elecciones de 2018 para las que aún se presenta como único candidato? En otro aspecto, los sociólogos observan con cierto interés el movimiento de tintes religiosos que ha construido en torno a su figura. Otros aluden a que su tan autoproclamada “transparencia” en su financiamiento será su fin, pues las actividades que realiza no se podrían lograr desde los ingresos que se capturaron en su declaración 3de3. Ahora la lupa del escrutinio público se deslizará sobre su forma de ganarse la vida, su respuesta es predecible, “la mafia del poder” está de nuevo contra él, “es un compló”.

Sin embargo, ¿qué es lo en verdad preocupante de AMLO? No son las diversas interrogantes de la forma en que usa su dinero, tampoco es relevante la cada vez más violenta e intolerante reacción de sus simpatizantes, inútil es preguntarse la influencia que crece entre las masas desfavorecidas objeto de su discurso repetitivo, evidente es que se aferra en convencer a la población que es uno de los desfavorecidos que intenta cambiar “el injusto sistema de la oligarquía”.

¿Cómo es posible que el “El Peje” siga políticamente vivo a pesar de sus múltiples errores? Fácil, la ventaja de López Obrador -como Donald Trump en E.U.A.- es que tanto los medios, adversarios políticos y la sociedad en general lo hemos subestimado, situación que ha sabido aprovechar. Sin resistencia, sin oposición real ante una política izquierda dividida, sin cuestionamientos directos que pongan evidencia su desactualización e incluso su incompetencia para la aplicación práctica de ciertas “políticas” que no tienen pies ni cabeza, sin ideas concretas, prácticas ni sostenibles a largo plazo para las necesidades de la población. Se sigue levantando auto convenciéndose de ser la única “autoridad moral política” en el país que juzga bueno y malo, negro y blanco, leales y traidores. Lo más triste es que la cantidad de personas que se aferran a él como “ultimo bote salvavidas” sigue aumentando.

Fuimos nosotros, fue la sociedad, fuiste tú y yo al dejar pasar los días, los mexicanos dejamos sobrevivir a un personaje y una ideología que pasan por lo utópico rozando lo francamente risorio. Lo que es verdaderamente preocupante de lo lejos que ha llegado el exjefe capitalino, no es el personaje, sino que es una clara evidencia de nuestra falta de memoria social. Así es, él ha adquirido este título de “gurú ético político” porque le hemos permitido ponérselo. De la misma forma en que hemos olvidado y parece que seguimos olvidando los errores de la clase política en todos sus colores y nombres.

Para muestra un botón: ¿Cuál es la diferencia entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador? Únicamente edad y nombre. Triste realidad que nos revela el tiempo, ni uno ni otro han sabido cumplir con las expectativas que se tenían esperanzadas en ellos, independientemente de los puestos y experiencia, en ambos casos han perdido el objetivo principal que es el bienestar de los mexicanos, ambos personajes han decepcionado en sus actos la necesidad de un pueblo de mejorar su situación, ya fuera desde la administración directa o la propuesta constructiva y constante.

La pregunta no es cuántos espejismos políticos más seguirán viviendo a costa de las esperanzas de la gente y del “voto por voto”, sino ¿cuánto tiempo estamos dispuestos a seguir teniendo mala memoria? ¿Cuánto tiempo seguiremos culpando a la clase política de nuestras propias irresponsabilidades? ¿Cuánto tiempo seguiremos demeritando el valor de nuestro voto?

Olvido es escribir en la página de tu futuro, con la misma tinta que escribiste en el pasado

N.A.A.A.

Ilustración de Blanca Reyes

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