La fallida política de flexibilización de calendarios escolares durante 2016-2019

Por: Arturo Hernández Cruz / Quehacer Político

En el marco de la presentación del Nuevo Modelo Educativo 2016, durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, el 26 de mayo de 2016 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el Acuerdo número 03/05/16, en el cual se establecieron dos Calendarios Escolares para las escuelas de educación básica aplicables para el Ciclo Escolar 2016-2017: el tradicional de 200 días y uno alternativo de 185 días.

Según el Acuerdo 05/06/16 en el que se establecieron los Lineamientos específicos para que las autoridades educativas locales y escolares implementen el calendario escolar de 185 días que determine la Secretaría de Educación Pública, los requisitos principales para poder implementar el calendario escolar de 185 días fueron los siguientes: a) tomar la decisión en la sesión de Consejo Técnico Escolar (CTE); b) asumir el compromiso de cumplir con una jornada escolar diaria más amplia que compense, a lo largo del ciclo escolar, el tiempo equivalente a 15 días de clase; y c) contar con la autorización escrita de la Autoridad Educativa Local. En cuanto a los tiempos, en síntesis, solo basta mencionar que antes de concluir determinado ciclo escolar, debía decidirse y quedar autorizado el tipo de calendario con el que se operaría para el siguiente ciclo escolar, a fin de iniciar el nuevo ciclo con los ajustes que establecía el Acuerdo 05/06/16.

Ahora bien, respecto a la ampliación y ajuste de la jornada escolar para quienes en ese entonces tomaran la decisión de operar con un calendario escolar de 185 días, la dinámica sería la siguiente: por ejemplo, si en un plantel educativo normalmente la jornada escolar (bajo el esquema tradicional de 200 días) era de 5 horas diarias y dicho plantel decidía optar por el Calendario Escolar de 185 días, los 15 días faltantes, equivalentes a 75 horas -5 horas diarias por 15 días es igual a 75 horas-, se debían compensar durante los 185 días de clase. Por lo tanto, -dado que 75 horas por 60 minutos es igual a 4500 minutos y éstos entre 185 días es igual a 24.3 minutos diarios-, cada día debían cubrirse adicionalmente 25 minutos de clase, que la SEP sugirió redondear a 30 minutos.

En cuanto a los planteles que decidieran operar el calendario escolar de 200 días efectivos de clase, debían únicamente dejar asentada en el Acta de Acuerdo de la penúltima sesión de CTE dicha decisión; ellos no requerían realizar ningún ajuste, dado que trabajarían como tradicionalmente lo hacían.

Esta política de flexibilización de calendarios escolares operó también para los Ciclos Escolares 2017-2018 y 2018-2019, sin embargo, en estos ciclos escolares se realizó un ajuste: la opción fue entre 185 días y 195 días efectivos de clase, en lugar de 200 días.

Ahora bien, el 27 de mayo de 2019 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el Acuerdo número 13/05/19, en el cual se establecieron los calendarios escolares para el ciclo lectivo 2019-2020, aplicables en toda la República para la educación preescolar, primaria, secundaria y normal. Con este acuerdo, para el actual Ciclo Escolar 2019-2020 se desechó dicha política de flexibilización de calendarios escolares, quedando ahora un único calendario escolar de 190 días, lo cual nos lleva a explicar, en las siguientes líneas, las causas por las cuales no tuvo éxito esta política, mismas que la llevaron a su cancelación.

En primer lugar, debemos apuntar que los propósitos de la posibilidad de optar por el calendario escolar de 185 días, en lugar del de 200 días, fueron poco claros, toda vez que no se plantearon los alcances específicos de optar por reducir el número efectivo de clases. De hecho, en el rastreo de información no existe como tal un propósito general, mucho menos existe información sobre los objetivos específicos.

En segundo lugar, en la implementación de esta política fue evidente la falta de un diagnóstico, pero sobre todo de un estudio y análisis de factibilidad. En este sentido, el principal aspecto del cual no se valoraron las implicaciones, respecto a la ampliación del horario de trabajo docente, fue la situación laboral. Si bien se decía en los requisitos que debía existir acuerdo por parte de la comunidad escolar, lo cierto fue que hubo desacuerdos en torno a que ampliar la jornada escolar implicaba también ampliar la jornada laboral.

Esta propuesta fue, en tercer término, muy innovadora, sin embargo, tampoco se consideraron las implicaciones en cuanto a los procesos de control escolar que llevan a cabo las autoridades educativas locales. Es decir, contar con planteles con calendario escolar de 185 días y de 200 días (o 195, según sea el caso) significó también separar los procesos que se llevan a cabo en áreas administrativas, por ejemplo, para la revisión, emisión e impresión de certificados y reportes de evaluación.

En cuarto lugar, fue evidente la falta de comprensión también de esta política por parte del personal directivo de los planteles, el personal de supervisión escolar y también de las entidades administrativas de la autoridad educativa local encargadas de la autorización final.

La falta de comprensión también llevó a que las escuelas, ya iniciado y en algunos casos muy avanzado el ciclo escolar, solicitaran cambiar de calendario escolar. Quienes en un principio eligieron el calendario de 185 días, terminaban solicitando trabajar con el de 200 días; pero también sucedieron estos cambios en sentido inverso.

Como ya explicamos, si se decidía optar por el calendario de 185 días, ello acarreaba el compromiso de ampliar la jornada escolar, por lo tanto, si posteriormente se solicitaba el cambio de calendario quedaban obsoletos esos compromisos. El caso contrario era aún más caótico porque si se iniciaba con un calendario escolar de 200 días y después se solicitaba cambiarlo se vulneraba el principal requisito: compensar los 15 o 10 días, según sea el caso.

En quinto lugar, en esta implementación caótica también jugaron un papel importante las autoridades educativas al aceptar modificaciones ya iniciado el ciclo escolar o en su defecto muy avanzado. Incluso se suscitaron casos en los que los cambios eran prácticamente de último momento.

Bajo esta lógica era inaceptable que un plantel educativo decidiera cambiar de calendario escolar una vez iniciado el ciclo académico, y aún más grave que lo decidiera hacer ya avanzado el ciclo. Con todo, no solo fue responsabilidad de los planteles, sino de las autoridades educativas locales, en virtud de que ellas autorizaban los cambios.

Sin duda, un sexto aspecto que explica la caótica implementación fue la ampliación de los minutos de cada jornada. La sugerencia, en general, indicaba redondear el tiempo a 30 minutos. Sin embargo, los planteles en lugar de iniciar 30 minutos antes o de salir 30 minutos después, distribuían los 30 minutos en dos partes: iniciaban 15 minutos antes y terminaban 15 minutos después de sus horarios anteriores a la implementación del calendario de 185 días.

Otro aspecto fue el descontento manifestado por los padres de familia, sobre todo de quienes contaban con menores en más de un nivel educativo, es decir, en más de una escuela, toda vez que se manifestaban casos en los cuales unos menores salían antes y otros después, cuando los planteles no coincidían en la operación del mismo calendario escolar.

Finalmente, debemos señalar como causa de la derogación del doble calendario escolar el factor político. Los aspectos que hemos descrito en los puntos anteriores se evidenciaron desde el primer ciclo escolar en el que se implementó esta política de flexibilización de calendarios escolares, sin embargo, se mantuvo por otros dos ciclos escolares, hasta que vino la alternancia partidista en la presidencia de la república.

Como se sabe, una de las propuestas de la campaña de Andrés Manuel López Obrador fue el de la cancelación de la reforma educativa del gobierno de Enrique Peña Nieto, la cual, en efecto, se concretó. Y en el marco de la cancelación de la reforma educativa, las nuevas autoridades educativas derogaron los acuerdos y lineamientos de operación del calendario escolar de 185 días y para el actual ciclo escolar decidieron implementar un único calendario escolar para las escuelas de educación básica.

Para finalizar, es pertinente apuntar que la reforma educativa no se agotó solo en el aspecto de la evaluación docente, como en la opinión pública normalmente se cree. La política educativa de Enrique Peña Nieto abarcó otros aspectos y ejes del sistema educativo, entre ellos, el de otorgar protagonismo a las escuelas, mediante la implementación de diversas políticas: ampliación de escuela de tiempo completo; apoyo en infraestructura; impulso a la simplificación de las tareas administrativas, mediante el uso de plataformas; revisión de los materias, contenidos y programas educativos; y, desde luego, la opción de operar un calendario escolar con menos días de jornada escolar.

No obstante, la política de flexibilización de calendarios escolares se sumó a la larga lista políticas y acciones gubernamentales sin sustento, ni alcances concretos, que en lugar de mejorar o contribuir en un sentido positivo ante determinado problema, al final generan otros problemas, por lo tanto, se puede considerar que en este caso fue acertado regresar al anterior esquema de un solo calendario escolar.

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