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El muro donde empieza América Latina

agosto 14, 2019
Padres y madres ausentes
agosto 14, 2019

El muro donde empieza América Latina

Por: Dulce Rocio Reyes Gutiérrez

“Revisar nuestros prejuicios es una forma de fisurar el muro”
IX Escuela Internacional de Posgrados 2019
La valla recorre imponente mil kilómetros de los 3 mil que mide toda la frontera norte de México, compuesta por varios tipos de cerca en California, Arizona, Nuevo México y Texas. Esa barrera física de hasta 6 metros de altura nos recuerda que al otro lado del muro nuestra gente no es bienvenida, que hay que tenerle miedo a la migra, que nuestra piel es distinta y que el “sueño americano” cuesta hasta la vida.

El Tratado de paz, Amistad y Límites y Arreglo entre la República Mexicana y los Estados-Unidos de América, firmado en Guadalupe Hidalgo el 2 de febrero de 1848, dejó bien claro el camino fronterizo. Dice textual (errores ortográficos de origen):

“La línea divisoria entre las dos repúblicas comenzará en el golfo de México, tres leguas fuera de tierra frente á la desembocadura del Río Grande, llamado por otro nombre Río-Bravo del Norte, ó del mas profundo de sus brazos, correrá por mitad de dicho río, siguiendo el canal mas profundo donde tenga mas de un canal, hasta el punto en que dicho rio corta el lindero meridional de Nuevo México: continuará luego hácia Occidente, por todo este lindero meridional (que corre al norte del pueblo llamado Paso) hasta su término por el lado de Occidente: desde ahí subirá la línea divisoria hácia el Norte, por el lindero occidental de Nuevo México, hasta donde este lindero esté cortado por el primer brazo del rio Gila; (y si no está cortado por ningún brazo del rio Gila, entonces hasta el punto del mismo lindero occidental mas cercano al tal brazo, y de ahí en una línea recta del mismo brazo); continuará después por mitad de ese brazo y del río Gila hasta su confluencia con el rio Colorado; y desde la confluencia de ambos ríos la línea divisoria, cortando el Colorado, seguirá el límite que separa la Alta de la Baja California hasta el mar Pacífico”.

En letra, esta es la frontera. En la vida real, es más cruel. Dicen que la primera impresión es la que cuenta, si es así, mi primera impresión al ver el muro en la frontera de Tijuana y San Diego fue de tristeza, impotencia y fragilidad, pero también de resistencia y fortaleza. Leer y ver sobre la frontera y la migración es una experiencia muy distinta a plantarte frente a esos enormes hierros y darte cuenta que todo lo que se dice del tema no expresa en lo más mínimo el sentir de su presencia. Duele verlo ahí, dividiendo, menospreciando, intimidando. Duele por todo lo que significa, por lo que no está escrito, por lo que no se dice, por las lejanías y los encuentros esporádicos a través de él. Duele como un adiós, como un fracaso, como una herida profunda. Duele porque a alguien le ha dolido mucho más.

El muro es una barrera física entre países, que está formada por tres barreras de contención, iluminación de alta intensidad, detectores de movimiento, sensores electrónicos y equipos con visión nocturna conectados a la policía fronteriza estadounidense, así como vigilancia permanente con camionetas todoterreno y helicópteros artillados. Nadie puede cruzar por ahí de manera inocente sin haber estudiado todo lo que representa, por eso los migrantes se dedican a observar la frontera por horas, ideando su estrategia de paso.

Pero el muro no solo es una barrera física, es también un símbolo de división y aporofobia. Ahí se encuentran diversas culturas, distintas formas de ver y vivir en el mundo. El muro no sólo está hecho de metal, sino también de historias caminantes, de búsquedas constantes y de palabras de dignidad. Esas palabras que resuenan en las mentes y los corazones que quieren darse cuenta de lo que realmente sucede con el tema migratorio.

“Los muros son para pintar y no para separar”, “#UnMundoSinMuros”, “La poesía es gente con sueños”, “Libertad, paz, amor”, “Me dicen clandestino por no llevar papel”, “Unidad, paz, libertad”, “Todos somos iguales”, “La puerta de la esperanza”, “Empatía”. Esas son las palabras que la gente ha plasmado en esa valla, lo que quisieran gritarle a Donald Trump y a todos los estadounidenses. Son palabras de esperanza, de amor, de tolerancia, de hermandad, de urgencia por mostrar que los migrantes no son delincuentes, sino gente común en busca de un pedacito de mundo más justo y digno para vivir.

Pero ese muro responde a intereses políticos de los Estados, aunque “no se restringe a ser únicamente un espacio de división, también constituye un lugar dinámico en donde confluyen dos sociedad distintas, tal vez, mas no completamente independientes”, escribe Guillermo Arias en su libro fotográfico “El cerco”. Así es, esa valla también es dinamismo, intercambio cultural, expresiones artísticas libertarias, solidaridad, humanidad, encuentros, resistencias.

Nuestra condición humana y sociocultural nos arrastra hacia un lado del muro. Esa barrera de metal contiene un tema aún más complejo. Nos recuerda que estamos ante la migración de 2019, con caravanas, con albergues llenos, con niños y niñas migrantes no acompañados, con familias completas buscando con esperanza de encontrar. Estamos viviendo la migración consecuencia de decisiones geopolíticas, en las cuales todos los países de la región han participado y son causantes de ella. Toca a todos organizarnos, atenderla, porque a la migración en América ni un muro la va a detener.

Todos tenemos derecho a migran pero también a no hacerlo. La migración es una ilusión y una necesidad. “No me gusta salir de mi pueblo, prefiero estar aquí”, dijo Layo, habitante oaxaqueño de San José del Pacífico. Claro, Layo puede quedarse, pero Layo también puede irse cuando lo desee o lo necesite. Todos lo hacemos en algún momento de nuestra vida, somos nómadas. Algunas veces vamos y nos quedamos allá y otras volvemos al lugar donde echamos raíces. Y es que la migración es multifactorial, no es sencilla de entender y peor aún, cada día es más compleja, lo que amerita mirarla con diversos lentes, dejar los antiguos para el pasado (algo que Trump debería hacer) y ponerse los nuevos, los distintos, los abiertos, para el presente, para poder entender lo que pasa al otro lado del muro, ahí donde comienza la grandiosa América Latina.

Fotografía 2más2igual7


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