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¿Cómo aman las mujeres de hoy?

Por: Dulce Rocio Reyes Gutiérrez

"Matamos lo que amamos. Lo demás no ha estado vivo nunca"
Rosario Castellanos
¿Cómo debe amar una mujer? ¿Qué y a quién debe amar? ¿Cómo debe expresar ese amor? ¿A qué edad debe empezar a amar y cuándo debe parar? ¿Hay un deber ser en el amor? ¿Cuáles son los límites de ese sentimiento? ¿Cómo reconocerlos o cómo atropellarlos?

En las siguientes líneas no filosofaremos sobre el significado del amor o sobre su existencia. Desde ahora damos por hecho que existe y que cualquier persona es capaz de sentirlo en algún momento de su vida. Daremos por hecho que es un sentimiento desgarrador, que sana el alma, y a veces, la destruye. Damos por hecho, pues, que es algo inefable e ineludible.

Hace un par de años conocí a una mujer joven, de 19 años de edad, con estudios de licenciatura en proceso. La vi enamorarse, engrandecerse por ese sentimiento tan novedoso en su vida, besar a morir. Pero también la vi asustada por no saber qué hacer con ese amor que sentía hacia su mejor amiga, porque con ella descubrió su gusto por las mujeres, y a la par, la homofobia de sus padres. Un año de amor a escondidas, invisible para la sociedad, no debe ser nada fácil.

También conocí la historia de otra mujer joven con preparación académica y mucha experiencia en su ramo. Ella se enamoró perdidamente de un hombre 8 años mayor. Pasaron varios meses sin que ella pudiera contar a alguien la profundidad de su sentir. Él era casado y tenía tres hijos, si ella decía algo seguramente la sociedad la señalaría sin piedad. A pesar de la necesidad del “no”, el amor de ambos se desbordó y su magia trascendió los espacios privados. Lo que emanaban era inevitable. Su amor fue y es secreto, pero no invisible.

Contaré también la historia de otra mujer enamorada de su vida cotidiana, de sus decisiones, su hacer, sus logros, su profesión, de los árboles y de andar en bici. Tanto amor siente por ello que disfruta enormemente la lluvia, levantarse temprano para salir a caminar y llegar a la Universidad donde estudia un posgrado, algo que también ama hacer. Sin embargo, ese amor tampoco lo puede decir abiertamente con sus familiares, pues para ellos, lo que ella hace no es algo formal, es un hobbie que esperan termine pronto, para que pueda dedicarse a algo de verdad.

¿Por qué unos amores son permitidos y otros prohibidos? ¿Por qué unos pueden gritar a los cuatro vientos los sentires y otros deben ser enterrados con el tiempo? ¿Por qué el amor no puede expresarse así, con la inmensidad con la que se presenta en los corazones, en los cuerpos, en los roces de las manos? ¿Por qué el amor tiene límites?

Me cuesta decirlo, pero el amor no lo puede todo, el amor no siempre rompe las barreras socialmente establecidas. Quisiera ser más romántica y creer en el amor de ficción que no ata y que se grita en las plazas públicas, pero pocos de los corazones atravesados por este sentimiento son capaces de mostrarse en su plenitud, de dispersar las mieles de la fortuna. Quienes lo hacen abiertamente, con la persona, la acción o la forma que les da felicidad, son afortunados. Son los que pueden tomarse de la mano, correr por el campo y desgastarse los labios en cualquier acera. El resto se encuentran en silencio, desvían la mirada, sonríen como si no se conocieran o se saludan con un beso en la mejilla, como dos amigos, sin que nadie adivine que eternizan la noche mientras cabalgan sobre sus cuerpos, como dice la poeta zapoteca Irma Pineda.

Es que en nuestras sociedades también hay formas para amar, lugares para hacerlo y situaciones permitidas. Una mujer que no ama a un hombre, sino que se apasiona con las formas de la naturaleza, con el viento fuerte y la noche estrellada, se le presiona para que ame de forma “normal”, a una persona del sexo opuesto y que termine en matrimonio. ¡Vamos, el amor es más grande, más diverso, más complejo! No siempre termina así, y que mejor que no lo haga, que no se encierre, que tenga alas.

Es absurdo que los amores en la actualidad, con todas las nuevas formas de expresión de la sexualidad, de la vida laboral, del encuentro espiritual, del goce comunitario, se recluyan en la jaula de la tradición, de la vida religiosa, de la vida moral, de la vida socialmente aceptada. Muchos amores como los que arriba comparto, no se muestran porque no van con la tradición, que por cierto, se ha quedado corta, que ya no alcanza para que quepan todas las formas de sentimientos y expresión.

Algunas mujeres ahora, tampoco aman la maternidad, ni el matrimonio, ni la familia tradicional, ni a una persona del sexo opuesto, ni los roles de siempre, ni las exigencias de los feminismos de hoy. Ahora aman sus interiores, sus pasos, sus olores, sus cansancios, sus labores, sus familias no tradicionales, sus mascotas, sus sobrinos, los recuerdos de los abuelos, la naturaleza, el crecimiento diario y lo poemas. También aman de niñas, jóvenes, adultas y ancianas.

Es un amor bien profundo, me consta, porque yo las veo a diario sonreír con todo ello, y por el contario, angustiarse por no amar como la sociedad lo espera. Como diría el meme en las redes sociales: Te van a criticar por todo, tú ama como quieras, a quien quieras y cuando quieras. La poetisa mexicana Thelma Nava nos recuerda la complejidad de estos amores de mujer, con su poema “Irrealidad”.

Nada es real
El amor está detrás de cualquier puerta ¿pero cuál?
¿Con qué nombre llamarte, desconocido
al que he estado a punto de hallar tantas veces sin conseguirlo?
(¿de qué color tienes los ojos esta mañana?)
Nada es real
El amor está detrás de cualquier puerta ¿pero cuál?
Me has enseñado a sonreír, lejano, como si estuvieras en otro país,
en otros sitios, que me obstino en imaginar,
Nada es real
La sombra de nuestros deseos nos hace vivir, arder.
El amor es una sucesión de despedidas, trenes, aeropuertos.
Te pierdo y te encuentro en todas las ciudades y en las plazas siempre caminando a la orilla del mar.
Te encuentro en las palabras que no has podido pronunciar en los espejos de los barcos hundidos
como si juntos hubiéramos regresado de innumerables naufragios.
Nada es real
No recuerdo tu voz ¿cómo es tu voz?
y tú dices mi nombre ¿quién me nombra?
Nada es real
El amor está detrás de cualquier puerta ¿pero cuál?
Mi compañero de nunca, dancemos, incendiémonos esta noche
a sólo unos minutos de la eternidad.


Fotografía tomada de https://financieramaestra.com/wp-content/uploads/2019/03/grupo-de-mujeres.png


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