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Someter al periodista, la comunicación política en México

¡Urge reconciliarnos con la naturaleza!
junio 13, 2019

Someter al periodista, la comunicación política en México

Por: Felipe Montaño

Las conferencias de prensa de Andrés Manuel López Obrador, conocidas como “mañaneras”, han cambiado la comunicación política de este país. El recorrido hasta aquí ha sido largo, penoso y amargo porque México se convirtió en el peor país para ejercer el periodismo. Aunque continúan los asesinatos y la censura contra periodistas, lamentablemente, nunca será tarde para exigir a las autoridades garantías plenas a favor de la libertad de prensa y la libertad de expresión. Partimos, por razones de espacio y tiempo, desde 1970 para hablar de Monitor, Proceso y Manuel Buendía, tres casos que ayudaron a establecer nuevos precedentes en la comunicación entre Estado y ciudadanía que hoy día observamos como algo cotidiano.

En la radio mexicana, en 1974, apareció un noticiero llamado “Monitor”, la empresa que albergaba la emisión era Radio Red. Cabe señalar que los noticieros en esos días se limitaban a leer tarjetas informativas que otras agencias noticiosas les hacían llegar, era normal que los locutores leyeran las noticias cada hora, por ejemplo, y el resto de la programación se componía de transmisiones de música presentados por un locutor y anuncios comerciales. El noticiero “Monitor” fundado por José Gutiérrez Vivó fue uno de los primeros en realizar investigaciones periodísticas para cuestionar al poder político y al poder económico que dirigían al país. Las mesas de análisis que hoy día vemos en televisión y que escuchamos en radio fueron idea del periodista, por ejemplo. Por espacio de 33 años Monitor se convirtió en un referente de la comunicación en México porque su labor sencillamente era informar, de manera independiente y en el estricto sentido de la palabra, a los ciudadanos.

Toda la labor de Gutiérrez Vivó fue pulverizada por el gobierno de Vicente Fox a partir de 2004 porque el entonces jefe de gobierno en la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, pidió al periodista un minuto ante los micrófonos del noticiero para anunciar su candidatura a las elecciones presidenciales de 2006. Eso incomodó a Vicente Fox quién desató un verdadero boicot contra el periodista, un ataque sistemático que continúo hasta el gobierno de Felipe Calderón. El gobierno de Fox siempre alegó que el periodista y su noticiero tenían una clara afinidad con el Partido de la Revolución Democrática (cuando éste era un partido de oposición). La estrategia del gobierno consistió en pedir a los grupos empresariales que no compraran espacios publicitarios en Monitor para asfixiar económicamente el noticiero hasta quebrar la empresa de Gutiérrez Vivó. La comunicación política, con el panismo, siguió el mismo esquema creado por el Partido Revolucionario Institucional: erradicar a la oposición, sea quien sea, sin importar si perjudicaba la libertad de pensamiento y expresión. Monitor salió del aire y el periodista se auto-exilió en Estados Unidos sin volver a realizar su trabajo, acaso un par de veces en internet pero no con la fuerza que lo caracterizaba. El gobierno logró silenciar a un medio incómodo sin tomar en cuenta que el público brindó respaldo a Gutiérrez Vivó hasta donde le fue posible, por lo menos dos generaciones crecerían pensando acerca de qué significaría una verdadera comunicación entre el gobierno y la ciudadanía.

Excelsior es un periódico fundado en 1917, hoy es propiedad del Grupo Imagen, y aunque el rotativo ha visto mejores días hoy puede jactarse de ser testigo mudo de la fundación de la revista Proceso. Hacia 1968 el periódico recibió a Julio Scherer, quién tuvo una idea genial: renovar la línea editorial de Excelsior con investigación, crítica y análisis de las acciones del gobierno, principalmente aquellas que encabezaba el jefe del Ejecutivo, primero Gustavo Díaz Ordaz y luego Luis Echeverría Álvarez, este último se encargaría de silenciar a los periodistas hacia finales de la década de 1970. Scherer invitó a intelectuales, periodistas y caricaturistas para participar en el rotativo que, con el paso del tiempo, se convirtió en la principal referencia periodística de América Latina por una sencilla razón: bajo la dirección de Scherer, Excelsior demostró que era posible hacer periodismo pensante, crítico y plural. Pero el entonces presidente Echeverría, a partir de 1972 y hasta 1976, logró infiltrar al periódico personas afines al partido en el poder, lo que desembocó en un “tienen 15 minutos para salir de las instalaciones del periódico”, un verdadero golpe al equipo crítico de Scherer. Para el gobierno un grupo de periodistas críticos sin un sitio dónde publicar sus reportajes significaba el fin de los problemas, el refrán mexicano dice “muerto el perro, se acabó la rabia”. La libertad de pensamiento y expresión aplastadas, otra vez, por el gobierno mexicano, no desaparecieron porque al echar a Scherer y su equipo de las oficinas ubicadas en Paseo de la Reforma número 18, en Ciudad de México, se inauguró la apertura de un decidido encuentro entre un gobierno censor y el reclamo de la libertad de expresión. En noviembre de 1976 se funda Proceso con gran éxito, el tiraje del primer número fue de cien mil ejemplares que se agotaron en cuestión de horas: Proceso logró ponerse de pie contra todo pronóstico (los periodistas no tenían dinero para sostener una publicación de esa naturaleza) porque el público lector decidió que era justo el tipo de lectura que deseaba tener en sus manos, análisis crítico, imparcial, de esa realidad inmediata que era México a finales de la década de los setenta y a punto de entrar en la era final del partido en el poder. Los lectores de la revista dirigida por Julio Scherer, y él mismo, no lo sabían pero establecieron el tipo de comunicación política que mucho tiempo después cambiaría el escenario político nacional.

Manuel Buendía Tellezgirón escribió diversas columnas casi por espacio de 26 años, primero en La Prensa, luego en El Día y después en El Universal. Se convirtió en un verdadero líder de opinión pública porque obtenía datos precisos que señalaban acciones deplorables realizadas por funcionarios públicos en detrimento de la seguridad nacional, por ejemplo denunció el acuerdo que agentes de la norteamericana CIA (Agencia Central de Inteligencia, por sus siglas en inglés), y algunos narcotraficantes mexicanos, como Rafael Caro Quintero, llevaron a cabo para suministrar armas a la entonces contra nicaragüense (los insurgentes financiados por Estados Unidos para derrocar al gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional), la lógica del acuerdo se resumía en “ustedes les llevan armas y a cambio nosotros les permitimos transportar su mercancía”, sería hilarante de no ser por la muerte de civiles en Nicaragua, sin contar la desestabilización de un país, y porque tales acciones asentaron lo que hoy conocemos en México como crimen organizado. Buendía también investigó todo lo que rodeaba a “Los Tecos”, un grupo fanático de ultra derecha que se encuentra al interior de la tristemente célebre Universidad Autónoma de Guadalajara: una escuela privada donde, documentado por lo menos desde la década de los ochenta, la violencia sexual y acoso en contra de las mujeres al interior de tal universidad es algo normalizado porque vestir de cierta manera “puede provocar la falta de respeto de sus compañeros”(tal vez el lector quiera echar un vistazo al reglamento de esa institución educativa). Estos temas incomodaban al gobierno federal y bajo el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado el periodista fue asesinado. Elementos de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad se encargaron de ello aunque lo negaron una y otra vez. La opinión pública y el gremio de periodistas protestaron inútilmente porque el gobierno entendió que era más fácil matar a los periodistas, o comprarlos en el mejor de los casos, para imponer su comunicación política hacia la ciudadanía.

Los tres ejemplos que hemos enumerado no pueden dejarse en el olvido porque la censura fue normalizada por el gobierno por mucho tiempo dejando de lado los principios establecidos en la Constitución de 1917, y hay muchos más casos. En cierto momento algunos medios de comunicación se afiliaron con el partido del viejo régimen para percibir un pago a cambio de guardar silencio o alabar al poder cuya base era amenazada ya por la podredumbre. Y los pocos que no cedieron a seguir la línea dictada por el gobierno emprendieron una lucha para defender la libertad de expresión, siempre apoyados por una audiencia que hace mucho tiempo dejó de creer en un Estado cuyos intereses eran políticos o individuales. Los problemas no quedaron ahí, el crimen organizado también decidió silenciar a los periodistas para evitar que continuaran con sus investigaciones y así dejar a la vista del público sus turbios negocios. Las “mañaneras” de López Obrador son un buen ejercicio de comunicación política, quizá discutible, pero están ahí para recordarnos las garantías de la libertad de expresión. Aún hay mucho camino por recorrer y partimos de cero nuevamente porque hoy, además del asesinato de periodistas, tenemos medios conservadores que lanzan discursos desconectados de nuestra realidad, todo destinado a recuperar los privilegios que antaño gozaron.

Fotografía tomada de https://desinformemonos.org/wp-content/uploads/2017/01/Libertad-de-expresion.jpg


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