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El pecado mortal de la Iglesia Católica

Por: Dulce Rocio Reyes Gutiérrez

“Por ellos, para que no se vuelva a repetir y porque espero que
los que hemos estado callados, escondidos tras la vergüenza, con miedo,
nos unamos y salgamos a decirlo bien alto:
Tolerancia cero, la verdad no se puede esconder”
Carta al Papa Francisco
Yo estaba en el seminario en condición de interno, estuve en el seminario seis años... Me llevaron ahí porque creyeron que era mejor para nuestra educación (la de él y su hermano). Las cosas cambian en el año 88 u 89, a principio de curso comenzaron los abusos. Él era muy atento con los chavales, era el que más jugaba con nosotros, era cariñoso, era tierno, bueno, se podría decir que era el que más se relacionaba con nosotros. Se acercaba más que los demás. Eso durante el día. Y por la noche se acercaba bastante más.

Cuando llegaba la noche, pues, realmente no sabía si iba a venir o no. Estabas alerta. Los abusos consistían en caricias, te acariciaba… (me cuesta hablar de eso eh)… te acariciaba, tú temblabas, yo creo que él intentaba relajarte para que no temblaras. Te tocaba el pene, te mansturbaba. Tú estabas asustado, llorabas, y él se ponía de rodillas. Él también se mansturbaba. Me daba la vuelta cuando podía para que dejara de tocarme, pero él jugaba con mi ano. Introducía sus dedos y luego te dabas la vuelta otra vez y seguía tocándote por delante. Había veces que duraba menos, había veces que se hacía interminable. Otras veces iba a donde mi hermano, otras veces se marchaba.

Este relato lo comparte Javier, un chico abusado por el sacerdote José Manuel Ramos Gordón en el Seminario La Bañeza, España. Es una historia real, no es una película. Sucedió hace 28 años, pero los abusos sexuales nunca se olvidan. Cuando Javier lo cuenta se le entrecorta la voz, se le va la respiración y se le enredan todos los abusos en la garganta.

Debo confesar que las series, aunque cada vez más de moda, no son mis favoritas. Pero hay una que me ha hecho rabiar. Me ha provocado nudos en el corazón, no sólo en la garganta. La recomiendo ampliamente a quienes tienen la fortuna de indignarse ante el dolor ajeno. “Examen de conciencia” es una serie documental de tres capítulos producida por Netflix, que despierta los más profundos sentimientos de coraje, terror y desolación. Aborda los múltiples casos de abuso sexual contra niños por parte de clérigos de la Iglesia Católica en España y permite ver en los rostros de los testigos abusados, el dolor que persiste en ellos a pesar del tiempo transcurrido. Quienes cuentan sus historias de abuso son adultos, que no podrán olvidar el daño que les hicieron en su niñez y que tienen un objetivo claro al contar sus historias de dolor: que se detengan los abusos a los niños y se haga justicia por el daño que les provocaron.

En la serie documental se presentan los casos de abusos en España, sin embargo, en todo el mundo sucede y ya no se puede ocultar. La cantidad de vejaciones por parte de la Iglesia Católica, al abusar, violar, encubrir o callar, ha convertido el tema en su pecado mortal, porque el daño a los niños es irreversible.

No hay cifras precisas sobre los abusos sexuales cometidos por sacerdotes en diversas naciones del mundo, a causa de los encubrimientos de la alta mitra, la información resguardada internamente y la desaparición de documentos probatorios de los delitos, pero sí se han conocido miles de casos al respecto.

En una nota de BBC News de 2008, se puede leer que en Pensilvania se calcula que hay mil casos de niños abusados sexualmente durante 70 años por unos 300 curas católicos en seis diócesis. La Corte Suprema de Pensilvania dio a conocer un informe de más de mil 300 páginas, en donde se relatan los abusos. Resalta el caso de un grupo de cuatro sacerdotes que abusó sexual y violentamente de menores. Uno de los niños fue obligado a desnudarse y a posar como Cristo sobre la cama, se le tomaron fotos y las añadieron a una colección de pornografía infantil que habían producido en la Iglesia. Para facilitar la identificación de las víctimas les regalaron cruces de oro para que las usaran en el cuello, como señal de que estaban siendo preparados para ser abusados sexualmente.

Por otro lado, en los tres centros que los maristas tienen en Barcelona, 43 antiguos alumnos han denunciado durante 40 años, que una docena de profesores y hermanos maristas abusaron de ellos cuando tenían edades que iban de los 6 a los 14 años.

Sólo como ejemplo de América Latina, en México, las autoridades civiles por lo menos están enjuiciando a 101 sacerdotes por delitos sexuales desde el 2010. Este contexto mundial llevó a la Iglesia Católica a realizar una cumbre antipederastia en febrero de 2019, a la que el Papa Francisco convocó a 200 líderes religiosos para encarar la “plaga de los abusos sexuales”, según fue lo que dijo, pero los resultados de esa cumbre no dejaron satisfechas a las víctimas, pues no hubo medidas concretas para frenar los abusos ni para terminar con la impunidad existente.

Ya lo dice Javier en el documental, cuando se le pregunta qué pasa después de denunciar: “Lo que pasa después de denunciar es prácticamente nada”. Aunque se debe aceptar que el reconocimiento de los abusos y la cumbre antipederastia, son un gesto histórico de la Iglesia Católica ante la sociedad que la ha mantenido en pie, hasta el momento es sólo simbólico. No haya acciones concretas. La justicia es una realidad, señores, no cuestión de fe.

La sociedad mundial y las víctimas, como el apóstol Tomás, no creeremos en las medidas ni en los siete lineamientos estratégicos para erradicar los abusos sexuales contra menores al interior de la Iglesia Católica que se establecieron en dicha cumbre, hasta que se castigue a los abusadores y se reparen los daños a las víctimas. ¡Los abusos sexuales no se olvidan! ¡Tolerancia cero ante los abusos! ¡La verdad no se puede esconder!


Fotografía tomada de http://www.mendozapost.com/files/image/103/103837/5841a1dac4e31.jpg


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