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La política en los tiempos de la 4T

Por: Arturo Araiza Muñoz


El nuevo gobierno nos plantea una cuarta transformación, un nuevo régimen, una nueva forma de hacer política pero ¿qué se entiende por política? El término abarca muchas actividades, se habla de la política de los bancos, de las empresas, de instituciones, de un sindicato. En todos los tipos de grupos desde la familia hasta el Estado se distribuye el poder y se asignan valores y, recursos determinados entre grupos y personas, esto es la política. Pero ¿qué diferencia la política del Estado a las políticas de los demás grupos sociales? El Estado es el único que tiene el monopolio de la distribución del uso de la violencia, es el único que la puede impartir de manera legal y legítima, para esto se apoya en el derecho.


El que hace política, aspira al poder del Estado, para asignar los recursos, beneficios y oportunidades. Esta es la génesis de la política. El reto del nuevo gobierno consiste en una distribución diferente de los recursos, beneficios y oportunidades, una repartición que reduzca la enorme brecha de desigualdad.

La política mediática que se realiza a través de los medios de comunicación es la más utilizada en la actualidad. Es en las plataformas de comunicación y redes donde se distribuyen los mensajes de cómo serán las nuevas formas de reasignación de recursos, beneficios y oportunidades. Es en estas plataformas y redes donde se da la discusión política, esto no representa una nueva forma de hacer política, lo novedoso de este gobierno es la enorme capacidad de comunicación que tiene el presidente de la república marcando la agenda de los medios.

Las discusiones se han guiado más por las fobias, filias e intereses que por el pensamiento analítico de la realidad política. La comentocracia se ha agrupado en dos bandos; los que defienden a ultranza al nuevo gobierno, las filias, y los que lo ven como el comienzo del apocalipsis, las fobias. Esto ha dejado poco espacio para el desarrollo de análisis e ideas nuevas que den cuenta de la nueva realidad política sin caer en los extremos de la polarización, esto tampoco es nuevo en la política, pues el control de la agenda es parte de la lucha política de los grupos en pugna. Tal vez han surgido nuevos actores o se han configurado nuevos grupos pero su actuar sigue siendo político.

Cada grupo acusa y desacredita al otro, exhibiendo sus trapos sucios e incongruencia, acusandose mutuamente de intransigentes corruptos y traidores, nada nuevo en la política. Para los que perdieron la elección, es más de lo mismo e incluso peor pues auguran un grave retroceso democrático, les preocupa la democracia que no supieron fomentar. Para los ganadores, la resistencia del viejo régimen a perder sus privilegios raya en la demencia y los acusan de campañas sucias contra el nuevo gobierno, y exhiben todas las campañas previas para evitar el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, como la operación “Berlín” o el documental “El Populismo en América”.

Lo novedoso no es la política mediática, sino que estos temas sean más abiertos a la opinión y participación de la población en general que tenga la oportunidad de expresar sus opiniones a través de las redes, que puedan involucrase en la discusión y no ser meros espectadores del debate nacional. Esta apertura en la participación del debate ya se venía gestando desde el sexenio anterior. Pero todas las decisiones de este nuevo gobierno están sujetas al debate tanto en las redes como en los medios y en diferentes espacios, como sucedió con los foros abiertos para la discusión de la Guardia Nacional.

Más allá de ocuparnos sobre si esto sucedió gracias a la apertura de la política o a la ampliación en el acceso a las redes, en lo que hay que centrar la atención es cómo esto impactará a la política, si realmente esta apertura ayudará a una mayor politización de la sociedad que conlleve a una mayor democratización, que facilite la toma de decisiones más horizontales que verticales. También hay que evitar el error de sobredimensionar el papel de las redes y creer que lo que pasa ahí es la realidad o creer que éstas serán las únicas herramientas de transformación política.

Las demandas de una mejor y más eficiente redistribución de recursos, beneficios y oportunidades, junto con las de seguridad son constantes en la política a nivel global, pero para México son urgentes, son las mínimas que se necesitan para reconstruir a una población lacerada por la violencia, son inaplazables para disminuir la enorme brecha de desigualdad económica y política.

Para poder lograr esto, la política del nuevo gobierno tiene que tener un equilibrio entre pragmatismo y la normatividad ética. Es decir, no puede excederse en el uso del poder político, ni utilizar cualquier medio para obtener sus fines y conservar el poder, pero tampoco puede caer en un idealismo inocente que crea que los intereses de los diferentes grupos de poder se subordinarán al interés de la sociedad y que por el solo hecho de cambiar de color se escindirán de sus intereses. Esta parte de los valores éticos de la política le ha funcionado en el discurso al nuevo gobierno aunque en la práctica se ha visto pragmático pactando con grupos de poder opositores, llevando a cabo negociaciones que no se apegan a la ética, como lo ocurrido con la termoeléctrica de Huexca en Morelos.

El éxito de su política depende de mantener el equilibrio entre pragmatismo y ética que le permita resignar la distribución de los recursos, beneficios y oportunidades a la mayoría de la población, ya que si se impone el pragmatismo, las acciones estarán encaminadas a formar una nueva oligarquía y preservar sus privilegios olvidándose de la redistribución de los recursos y oportunidades, y si solo se basa en la ética sería muy complicada la negociación con los grupos de poder económico y político, para los cuales la ética social no es una prioridad.

Colaboración de la Revista "Quehacer Político"
Fotografía tomada de
https://josecardenas.com/2018/10/el-logo-de-la-cuarta-transformacion-de-amlo-y-asi-luce/

Por: Arturo Araiza Muñoz


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