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El contenido vale más que la portada

Por: Adiel Ivan Ayala Maldonado


“Todo hombre tiene su precio, lo que hace falta es saber cuál es” Joseph Fouché




A lo largo de estos ocho años hemos presenciado al ahora presidente de México Andrés Manuel López Obrador, crear un discurso potente y eficaz, que pretende abrirle los ojos a los mexicanos y sobre el cual actualmente está trabajando. Hablamos de la lucha contra la corrupción y la mafia del poder. ¿Alguna vez lo has escuchado? Ha salido en memes, videos de parodias políticas en YouTube y durante toda su campaña política. No obstante, aunque puedan llegar a ser objeto de burla estas palabras, tienen un trasfondo más relevante de lo que se le acuña.



En 1995 López Obrador publicó su libro “Entre la historia y la esperanza”, un año después de la victoria de Roberto Madrazo por la gubernatura del estado de Tabasco, donde surge el primer término “corrupción”. A partir de aquí comenzaría una lucha insaciable por recuperar el México próspero y con valores que alguna vez existió.

Cuando este personaje habla de corrupción, lo primero en lo que piensa (al igual que tú o que yo) es en los políticos que por muchos años han sido responsables y cómplices de la decadencia de México, no obstante, esto solo es la portada del libro, hace falta analizar su contenido. Para que un dirigente o líder ostente poder, es importante que tenga seguidores, ya que estos le darán la importancia a ese título. ¿Podemos imaginar un hombre que sea gobernante de sí mismo, que haga votaciones y obtenga un rotundo triunfo en el periodo de elecciones? Es hasta absurda la idea ¿verdad? Ahora imaginemos a la misma persona con dos individuos que se le unieron y han decidido que éste puede tomar decisiones que beneficien al grupo. Todo transcurre normal hasta que un día uno de los sujetos rompe una regla y es sancionado, pero decide evitar la sanción ofreciendo una ración extra de provisión al líder. Éste decide aceptarla, con la condición de no decirle nada del trato al tercer hombre. Justo en ese momento se da cuenta de algo que revoluciona su cabeza: Puede obtener un beneficio mayor si pide compensaciones en lugar de aplicar castigos. ¿Ya saben por dónde va la cosa, cierto?

En palabras resumidas, no puede existir un hombre corrupto sin un elemento externo que lo haya corrompido. Y en este caso, el agente corruptor son los ciudadanos. Lamentablemente en México por muchos años se ha atacado a la corrupción desde una perspectiva equívoca, puesto que incluso todos los estudios acerca de ésta son destinados para conocer la perspectiva de la gente sobre qué tan corrupta es una institución gubernamental, partido político o figuras públicas, pero no se conoce en cifras reales qué porcentaje de la población lo es.



Desde esta perspectiva podemos decir que en algún momento el combate que inició el mandatario Andrés Manuel López Obrador, debería ser replanteado o redirigido, ya que, aunque el líder sea quitado, la población sigue siendo la misma y hay que recordar que de ésta es de donde salen los próximos presidentes, gobernadores y alcaldes.

Al igual que en el ejemplo, la conducta de las personas se seguirá repitiendo una y otra vez hasta que dejen de evitar sanciones y se hagan responsables de sus acciones. La palabra irresponsabilidad es igual a corrupción.

Cuando una persona es irresponsable en su trabajo, escuela, equipo, o incluso en el matrimonio, es alguien que será más fácil de caer en corrupción a comparación de una persona comprometida. En este punto es importante aclarar algo. No toda la población mexicana es corrupta, ya que sería hacer una declaración generalizada y por lo tanto falsa, sin embargo, sí hay un porcentaje muy alto. La corrupción está cuando en la escuela eliges un trabajo no por ser excelente, sino porque es de tu mejor amigo. Se encuentra en la casa cuando rompes la tasa de papá y tu madre se echa la culpa. La hallamos en la calle cuando le das dinero al agente de tránsito en lugar de aceptar tu multa. Existe en tu mente cuando buscas dinero fácil a cualquier costo. Aunque el señor presidente logre cambiar esas portadas que siempre han representado a México, el contenido será el mismo y todo seguirá igual. Por tanto, no es que sean los mismos de siempre, es que la gente se convierte a ellos, volviéndolos una copia de sí mismo.

En mi experiencia, considero que los valores deben ser rescatados y puestos en práctica desde el hogar. De esta manera el verdadero cambio se verá reflejado en la sociedad. Inculcar éstos en los niños y jóvenes no depende de una institución de educación, sino de los padres. Sin embargo, esto último tan solo es un punto de vista subjetivo.



Fotografia tomada dehttp://wradio.com.mx/programa/2017/12/11/martha_debayle/1513019797_151962.html


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