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¡Abrazos no balazos! Palabra muerta

Por: Dulce Rocio Reyes Gutiérrez

“La injusticia, en cualquier parte,
es una amenaza a la justicia en todas partes.”
Martin Luther King
¿Por qué los asesinatos a líderes sociales, periodistas y defensores de derechos humanos pasan desapercibidos en los medios de comunicación, en las investigaciones académicas, en las tardes de café, en las conferencias políticas y en los intereses generales de la sociedad mexicana? ¿Será porque los asesinados regularmente provienen de un estrato social bajo y es poco importante que maten a los pobres? ¿Por qué AMLO no ha hablado a profundidad sobre el tema y sólo pide “investigar” y “castigar” a los responsables, sin mostrar una preocupación real, a pesar de que se dice sensible ante las injusticias?

En América Latina, Colombia, Brasil y México ostentan los primeros lugares en asesinatos a activistas, defensores de la tierra y periodistas. Tan sólo desde el primero de diciembre, cuando Andrés Manuel López Obrador tomó protesta como presidente, han sido asesinados 14 periodistas y activistas en México. El caso más reciente y sonado es de un defensor de la tierra y promotor de la radio comunitaria de Amilcingo, Morelos.

Sí, mataron a balazos a Samir Flores Soberanes, uno de los principales opositores del Proyecto Integral Morelos, que incluye la construcción de la termoeléctrica de Huexca, tres días antes de la consulta sobre dicho proyecto, organizada por el gobierno de México, que por cierto fue un rotundo fracaso, pues a causa de la indignación por el asesinato de Samir, la gente quemó algunas urnas y otras fueron levantadas por sentirse en riesgo, asistió poca gente a las casillas, y en Amilcingo, de donde era originario el líder social asesinado, nunca se instaló la casilla.

El Concejo Indígena de Gobierno, el Consejo Nacional Indígena y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional responsabilizaron al gobierno mexicano del homicidio de Samir. Sobre todo, porque AMLO dijo abiertamente que no suspendería la consulta y pidió a la gente “no caer en ninguna provocación”, mostrando poca empatía ante lo ocurrido, e incluso, usando un “discurso estigmatizante”, como lo calificó Itza Mirabel, de la organización Artículo 19.

Pero esto puede ser la gota que derrame el vaso de confianza que los pueblos indígenas le tenían al nuevo gobierno, representante de la autollamada “cuarta transformación”, pues parece ser que López Obrador ha olvidado tan pronto la petición que le hicieron al entregarle el bastón de mando el primer día de su gobierno. Le dijeron: "Aquí está el bastón de mando, el símbolo con el que usted conducirá a nuestro pueblo. Queremos recordarle que deseamos ser tomados en cuenta en sus planes de estos seis años". Con estas palabras se exige al gobierno considerar la opinión de los pueblos que son afectados por los grandes proyectos y escuchar sus necesidades. Que no se le olvide, señor presidente, que los pueblos indígenas confiaron en usted.

Esto no es un tema menor, pues donde se matan líderes sociales y defensores de derechos humanos, se vulnera la democracia y la vida pública. "Las personas que defienden los DDHH son las puntas de lanza de reclamos más profundos a nivel de la región frente a crisis democráticas", dijo Viviana Krsticevic, Directora Ejecutiva del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional.

El asesinato de líderes sociales afecta profundamente a México, pues es también la muerte de familias y comunidades, lacera profundamente la lucha social e infunde miedo en algunos sectores de la sociedad. Son crímenes de lesa humanidad, con tintes políticos y económicos, que deben ser visibilizados y contrarrestados. ¿Acaso el objetivo de matar a quienes luchan contra el autoritarismo y la imposición de megaproyectos, es acallar a una sociedad que se dice vivir en una democracia, más falsa cada día, e impedir que la organización social siga creciendo? ¿Acaso eso se va logrando, o al contrario, están despertando al México que parece dormido desde la Revolución Mexicana?

¿Qué debe hacer el gobierno mexicano ante estos asesinatos? O mejor dicho, ¿qué va a hacer Andrés Manuel López Obrador ante la violencia extendida a quienes luchan por el bien de sus comunidades y no sólo por intereses económicos nacionales y trasnacionales? Está bien claro que las consultas, como se han dado hasta ahora, señor Obrador, no son la solución. Contestar un “sí” o un “no”, esconde la urgencia imperiosa de acallar las necesidades de la gente de a pie. Las consultas no paran la bala. Vaya, señor Obrador, como lo hizo en su campaña, a preguntarle a la gente qué necesita y qué le hace sentir que su presidente no los escuche y que el Estado siga haciendo oídos sordos ante sus exigencias. Usted ha insistido “no le vamos a fallar al pueblo de México” o “Abrazos, no balazos”, haga válida su palabra, pues. México se lo demanda.

Ya lo dijo el activista haitiano por la democracia, Jean Dominique, “No se puede matar la verdad. No se puede matar la justicia. No se puede matar aquello por lo que luchamos.”. No se puede matar la organización social, está creciendo a causa de la opresión y las injusticias.

¡Hasta que la dignidad se haga costumbre!

Fotografía tomada de https://scontent-atl3-1.cdninstagram.com/vp/8e11a92eab649baa6420833200425cef/5D077962/t51.2885-15/e35/52670255_2232921146946760_7111525530755895746_n.jpg?_nc_ht=scontent-atl3-1.cdninstagram.com


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