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Ni permiso, ni perdón. El cuerpo se revela

Por: Delia Camacho

En la foto: Effy Beth, artista, performer trans y activista
Durante la primera mitad del siglo XX, a la generalización de una construcción capitalista del cuerpo, la tecnificación y la consideración de que debía ser en estricto sentido útil y práctico, se sumaron un sinfín de condiciones y mercados para hacer del cuerpo una mercancía, una moneda de cambio y por si fuera poco se nos convenció para invertir en él e incrementar su valor, para dirigirlo (sin precisar o reflexionar) hacia los estándares de belleza y de productividad.

Albergados en una representación y tradición histórica, se hace evidente que los cuerpos constantemente son sometidos a la naturaleza del orden y los imaginarios corporales obviamente se encuentran bajo el peso del rigor moral, justificado por el discurso científico o médico. Se controla el cuerpo, sus deseos, su constitución física y su sexualidad con el fin de mantener el orden.

Para entonces, todo lo que encierra nuestro cuerpo inevitablemente se convierte en tabú, las “especificaciones” sobre lo que concierne a los sexos binarios se fija como el ideal, se legitima violentamente con el mismo lenguaje y se representa con todo y sus censuras. Pero para defensa de los individuos, reaparece un mesías. El Arte, donde el valor de la imagen como elemento simbólico se resignifica, es la pauta de la creación cultural y humana que sobre la inferencia de una subjetividad implícita en la esencia del mismo, ofrece siempre una alternativa, siendo la fotografía un digno ejemplo.

Considerando que el cuerpo históricamente se ha visto forzado a adaptarse, a los usos, costumbres y/o doctrinas religiosas, podemos afirmar que es un protagonista velado, una víctima silenciosa de los signos de la cultura. Sin embargo, el arte, en este caso, la fotografía, puede hacer una labor de reconocimiento y des-codificación de la representación y construcción social del cuerpo, de nuestro cuerpo.

Si en el imaginario, el cuerpo ha pasado por diversas transformaciones, la fotografía nos permite no olvidarnos de él, de su memoria, de sus evoluciones, de su presencia en el proceso histórico y evolutivo de la humanidad, nos permite no despersonalizarnos (dejar de pensar en él, como ese algo que sólo se posee) reflexionando sobre nuestras facultades más sensibles, sensoriales y psicofísicas.

Actualmente, corrientes teóricas como la Perspectiva de Género, se enriquecen bajo los nuevos discursos sobre el cuerpo, como un tópico, lo reconocen como un espacio de creación de nuevas relaciones interpersonales y colectivas, con el objetivo de reorganizar la vida cultural.

La fotografía es una de las herramientas más cercanas que tenemos, que no pertenece al dominio de la élite, nos permite expresar esa diversidad de formas, nos deja usar el tabú como inspiración, nos acerca aquello que desestructura y lo presenta en una imagen que bien puede estar dentro de un contexto y dar sentido y significado al mismo, o remitirse a provocar sólo emociones, pero al final su mayor aportación es que nos permite representarnos.

La fotografía colabora en el rescate del cuerpo, en su visibilización y re-significación, para presentarlo no como debe ser, sino en sus múltiples formas, tanto física como psicoemocional. En la foto, la Imagen lleva intrínseco el privilegio que da la representación del cuerpo mismo dentro del universo simbólico y de sus periodos de ritualidad muy particulares.

La fotografía actual, la fotografía feminista, la de cuerpos disidentes, te acerca a ese plano de la sensibilidad que concede el arte, es efectiva y permite contemplar al objeto sin ataduras de las formas. Surgiere una recomposición del cuerpo, no se trata sólo de retratos, poses o belleza estética definida y reproducida en masa, no trata de responder al enigma de qué es más importante, la imagen o el concepto. El valor que la fotografía tiene en esta lucha por empoderar el cuerpo, es la de ser documento social, descriptivo, expositivo, despersonalizado del autor mismo, para volverse transformador y ajeno al artista y volverse público. Se convierte en un testimonio en imágenes, mostrando lo que en la “normalidad” imperante está invisibilizando.

Bajo la vigilancia de las condiciones de la “normalización” se insiste en censurar: pezones, caderas, penes, erecciones, cuerpos desnudos, la menstruación (siempre y cuando no convengan a intereses mercantiles o utilitarios), como recordatorio a los individuos, de que sus cuerpos no les pertenecen, de los permisos a solicitar para avenirse y pertenecer a lo socialmente aceptado y reconocido. Con el arte podemos luchar para no sufrir el sentimiento de abandono y desprotección social, podemos reclamar nuestros cuerpos.

La fotografía permite este reclamo, mostrar el cuerpo sujeto siempre a procesos de transculturización, su relación entre sexo, su gusto por tatuaje, filias y fetiches, incluso su experiencia y tránsito por el dolor (adquirido, necesitado, deseado o sufrido).

Después de la segunda guerra mundial y la aparición de los movimientos en pro de Derechos Humanos comenzó la tarea para construir nuevos conceptos sobre percepción del cuerpo, tratando de separarlo de una visión masculina, buscando erosionar las construcciones binarias sobre los sexos, eliminando mitos y llevando a una percepción diferenciada construida históricamente. En este sentido la fotografía ha sido una herramienta accesible, de apoyo y contención para estas transformaciones. Y aunque es evidente y no niego que vivimos un apogeo de la tematización del cuerpo, hemos observado en el último cuarto del siglo XX, mejores resultados en su abordaje, con las aportaciones del Feminismo, de la Teoría de Género y los nuevos conceptos de inclusión e integración social. Es decir, el quererse es un acto voluntario, pero el hacerlo sin importar los estereotipos y parámetros establecidos es revolucionario. Por ello, las manifestaciones creativas se convierten en herramientas y recursos discursivos de estas nuevas plataformas de análisis, formas para la auto-representación, para la proliferación de creaciones individuales o colectivas cuyo objeto es la exaltación del cuerpo.

Incluso es en la Fotografía donde las mujeres encontraron el espacio justo para la expresión, crítica, propositiva y transformadora, debido a que se trata de un área artística relativamente joven, esta no se encontraba tan viciada por la jefatura del patriarcado y la visión primitiva de representar el cuerpo (sobre todo el femenino) como objeto.

En la fotografía surgen las propuestas de presentar cuerpos disidentes, de los cuerpos con diferencias físicas (estéticas y motoras), de los cuerpos con enfermedades mentales, de los cuerpos en transformación, no para sublimarlos como se les acusa, sino con la firme intención de hacerlos visibles, porque en la cultura dominante la discriminación empieza por el “no nombrar las cosas”. Las nuevas propuestas buscan representar el cuerpo como sujeto y no como objeto, como recurso de conocimiento, donde el género no es interrogado e increpado, sino reivindicado.

A pesar de que queda mucho por hacer, el arte y la fotografía surgen y se nos presentan como la alternativa, se acompañan de la alteridad, la diversidad, van con los cuerpos disidentes, con el tabú convertido en valor agregado de la expresión artística, exponen las hipocresías sexuales, salen de los históricos sitios asignados para su difusión y mejor aún, se propagan y multiplican es sus recursos, herramientas y espacios de creación.

El cuerpo ha sido desde la génesis de las artes creativas, objeto de trabajo, de inspiración y representación, pero ahora estas usan sus diferencias, las singularidades, elimina los prejuicios sobre este. Aprovechando su capacidad de mostrar lo prohibido y llevarlo a lo numinoso, la fotografía puede y debe prescindir de las connotaciones políticas, eliminar las barreras de las verdades absolutas, patriarcales en específico, y continuar por el camino de la construcción de un nuevo imaginario, para que las diferencias, así como en el arte, en la dinámica social sean vividas de forma efectiva, positiva, con la ganancia de que en la relación entre el arte y los individuos han engendrado relaciones de reciprocidad.

Melanie Gaydos Actriz y modelo

Fotografías tomadas de http://cosecharoja.org/el-ultimo-deseo-de-effy-beth/ y https://antropos.hu/heti-peldakep-melanie-gaydos-fotok/


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