parallax background

Oaxaca, un mundo hermoso

febrero 10, 2019
¿Felicidad en México?
enero 4, 2019
Hay que confiar más en los niños…
febrero 12, 2019

Oaxaca, un mundo hermoso / Oaxaca idxi layú sicarú

Por: Dulce Rocio Reyes Gutiérrez

“Oaxaca es mi madre, es el corazón de mis antepasados,
es mi Tierra. Oaxaca es un tesoro dentro de mi corazón,
es mi vida entera, mis raíces, es lo que amo”.
Adelita Fuentes, oaxaqueña, 64 años
Comenzó 2019 y decidí viajar. Oaxaca fue la mejor opción para complacer mi alma de “trotamundos”, como dice mi padre. La vida me ha enseñado que para viajar no se necesitan grandes planes, ni demasiado dinero, sólo se requiere una maleta pequeña, unos pies bien firmes, algunos ahorros y un boleto de ida. Afortunadamente, he tenido las oportunidades necesarias para llenar el cochinito e irme de vez en cuando a algún lugar de México o el mundo.

Oaxaca me sorprendió, parece otro país, otro mundo, porque tiene de todo, hasta hablan otras lenguas y tienen mucha comida diferente y deliciosa. Ya me habían dicho que Oaxaca enamora. Lo comprobé. Es un amor genuino, un amor a primera vista.

Aprendí que cada una de sus 8 regiones -Cañada, Costa, Istmo, Mixteca, Papaloapan, Sierra Norte, Sierra Sur, Valles Centrales-, tiene su propia personalidad, están juntas pero no revueltas. Las diferentes comunidades tienen su propia organización, cimentada en sus usos y costumbres, en la cooperación y en el hacer en común. El tequio es un vivo ejemplo de ello. Se le conoce así a la faena o trabajo colectivo no remunerado que los habitantes deben a su comunidad. Es parte de su organización social y económica, basada en el tributo. ¡Un ejemplo del hacer para el bien común!

Guadalupe Loaeza en su libro Oaxaca de mis amores, escribió que “Oaxaca es colorido y sabor, tradición y sincretismo, magia y seducción: tierra de pintores extraordinarios –Rufino, Tamayo, Rodolfo Morales, Francisco Toledo, Rodolfo Nieto…- y hombres de gobierno –Benito Juárez, Porfirio Díaz, José Vasconcelos…- que marcaron la historia de México, de artesanías y paisajes, noble geografía, lugares de ceremonias y culto”. Ahora lo ven, Oaxaca bien podría ser otro país u otro mundo.

Para visitar todas sus regiones y disfrutar sus tradiciones, comida, gente, calles, vestimenta, bebidas, naturaleza y los rinconcitos que la hacen única, se necesita toda una vida. No se puede con menos tiempo, pues su diversidad es inmensa. Unas vacaciones no son suficientes.

Sin embargo, aunque tuve poco tiempo, mi barriga me agradeció todo lo que pude probar: el quesillo en las tlayudas, los chapulines y los gusanos de maguey, el pan de yema, el chocolate en agua, el chile de gusano, el mole negro y almendrado, el champurrado, las garnachas, el pan de arroz, los deliciosos tamales de elote y el chileatole, la iguana, los mariscos al horno, los ostiones, el tasajo, los totopos tostados en el horno de tierra, los frijoles negros, las típicas nieves de leche quemada y muchas delicias más... Por cierto, no pudo faltar un mezcal añejo para disfrutar la bella compañía de las mujeres istmeñas.

Justo cuando me encontraba en esas tierras armoniosas disfrutando del sol resplandeciente, me enteré que un imprudente hombre que se dice político, dijo que "si México no tuviera que cargar con Guerrero, Oaxaca y Chiapas, sería un país de desarrollo medio y potencia emergente". Entonces pensé en su incapacidad de asombro e ignorancia extrema sobre estos tres estados, pues a sus 64 años, Gabriel Quadri, no ha entendido que lo enorme de México es su gente, su gastronomía reconocida internacionalmente, sus zonas arqueológicas, sus fiestas patronales, sus calles empedradas, sus agricultores, sus montes, sus mujeres bailarinas, sus niños guías, sus abuelos cuenta historias. Y además de todo, Quadri confunde el desarrollo con el crecimiento económico. ¡Bah, su visión neoliberal le ha opacado la mente!

Existen otras opiniones de hombres y mujeres nacidos y crecidos en Oaxaca, que difieren enormemente de las del señor Quadri, y que son las que realmente importan, porque ellos y ellas han tenido la fortuna de vivir en ese “otro mundo”, más amable y delicioso. Las mujeres de la familia Mijangos Fuentes, habitantes de Mihuatlán, ahí donde se hace el mezcal reposado “Miahuateco”, nos comparten qué significa Oaxaca para ellas:


Oaxaca significa la voz del ser que se siente orgulloso de sus raíces indígenas, significa la pureza del que quiere vestir sin marcas y estigmas, significa el olor a comida preparada naturalmente, significa hermandad entre sus habitantes. Oaxaca es el rincón que me vio nacer y en donde quiero dar mi último suspiro (Karla, 34 años).

Oaxaca es más que un nombre, es identidad, es cultura, es la muestra de un rostro propio y un corazón verdadero (Shunashi, 17 años).

Significa belleza y lo más bello es la cultura (Zasha, 11 años).

Oaxaca es mi piel convertida en 8 regiones, mi sangre vertida en sus ríos, lagunas y playas, Oaxaca es la herencia de mi gente zapoteca y mi voz que canta “Dios nunca muere” y “La Sandunga”, mi alegría representada en sus bailes al “Son calenda” o “Jarabe del Valle” (Jasibe, 39 años).


Todo eso es Oaxaca. Karla, Shunashi, Zasha y Jasibe no lo pudieron decir de una manera más sublime. Es un mundo que se lleva en el corazón, en el estómago y en la mente. Quien conoce Oaxaca siempre vuelve, sus 570 municipios son hechiceros, son como esos amores que te esperan aunque tardes en volver, que siempre están ahí con la comida preparada para cuando decidas regresar. Sin duda, ¡Oaxaca idxi layú sicarú!


Nota: No puedo dejar de mencionar que la iguana no sabe a pollo y que la ceremonia curativa de los hongos alucinógenos se puede vivir entre junio y agosto. ¡Ya están informados! Pongamos más monedas en el cochinito en honor a las tierras indígenas de Oaxaca, aprendamos zapoteco, bailemos con un traje de tehuana, disfrutemos un temazcal y pintemos alebrijes las próximas vacaciones.

Fotografía de Hugo Marrón Torres


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *