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El EZLN y la hipocresía del gobierno federal

Por: Felipe Montaño

Sábado, 01 de enero de 1994. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entró en vigencia. Ese acuerdo firmado por México, Estados Unidos y Canadá pretendía facilitar el intercambio de bienes y servicios entre los países suscriptores del convenio, en otras palabras, favorecer el crecimiento económico en América del Norte. La economía regional con este acuerdo se convertiría en una de las más importantes a nivel mundial. La idea era estupenda: Carlos Salinas de Gortari, entonces presidente de nuestro país, lograría llevar a México al primer mundo, ya que el citado tratado comercial era visto por el gobierno federal como el empujón que la economía mexicana tanto necesitaba. Después de sufrir varias crisis económicas por fin nuestro país viviría como una potencia europea, como Suecia, por ejemplo. Imposible decirle “NO” a las riquezas servidas en charola de plata.

Sábado, 01 de enero de 1994. Muy temprano el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) tomó distintas poblaciones como Ocosingo, Chanal, Las Margaritas, Altamirano, San Andrés Larráinzar y la ciudad de San Cristóbal de las Casas para declarar la guerra al gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Las fuerzas rebeldes invocaban el Artículo 39 de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, que dice que la soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo y que todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste, además de establecer que el pueblo tiene en todo momento el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno. En otras palabras, el EZLN exigía la renuncia tanto del gobierno federal como del estatal, así mismo convocaba a elecciones libres y democráticas, además, solicitaban solución a demandas como trabajo, salud, educación, vivienda, alimentación, tierras para cultivar, independencia, y sobre todo, libertad, democracia, justicia y paz, aunque esa fuerza rebelde tuviera que hacer una revolución para alcanzar sus objetivos, inexistentes e inalcanzables para ellos hasta entonces. El EZLN está conformado por diversos grupos indígenas como el grupo tzeltal, chol, tzotzil, mam y tojolabal. Si le echamos un vistazo a la historia podremos observar que se trata de grupos sociales que solo funcionaban como clientela electoral para el Partido Revolucionario Institucional (PRI), posterior a las elecciones el gobernador en turno se olvidaba de ellos hasta que llegaban las nuevas elecciones.

Con la aparición del EZLN el presidente Carlos Salinas de Gortari “recordó” la existencia de pueblos indígenas que vivían marginados, excluidos de la sociedad, sin servicios mínimos y en la más miserable de las pobrezas, personas, que hasta entonces, pareciera que eran invisibles para el Estado y para la sociedad mexicana. Bien dijo Juan Villoro que identificamos a un indígena no por su vestuario o su lenguaje sino por su pobreza. Salinas de Gortari, como el estadista firme y decidido que buscó demostrar ser desde su llegada a Los Pinos, tomó una resolución importante: envió al ejército mexicano, armado hasta los dientes, a sofocar la revuelta y dispuesto a eliminar a cuanto rebelde se encontraran en el camino. Un grupo de indios revoltosos no tenía por qué ser un obstáculo justo ahora que el país estaba por entrar en el exclusivo Club Internacional de Países Multimillonarios, por otra parte se pensaba que las rebeliones indígenas eran cosa del pasado, eso sin contar que 1994 era año electoral. Había muchas tareas pendientes.

El recién firmado acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá quedó relegado a un segundo plano ante las pifias de gobierno federal frente a la aparición de las fuerzas rebeldes. Salinas de Gortari saldría el 6 de enero de 1994 a justificar la masacre perpetrada por el ejército: “No se trata de un alzamiento indígena sino de la participación de indígenas, varios de ellos en circunstancias de necesidad, otros prácticamente llevados por la leva, coordinados por este grupo armado agresor así entrenado (…) nada existe en este grupo agresor que pueda rebasar la capacidad de respuesta del Estado mexicano”.

El 12 de enero de 1994, en la ahora Ciudad de México, en el Zócalo, se llevó a cabo una manifestación pública, masiva, donde la población civil exigía un alto al fuego, un alto a la represión militarizada en Chiapas, una petición que hizo que Salinas de Gortari y su equipo dieran un golpe de timón porque simplemente perdieron el control: el ejército federal practicó ejecuciones sumarias, atacó a personal de la Cruz Roja, a periodistas y las desapariciones forzadas empezaron a ocurrir todos los días. Las acusaciones venían de organizaciones internacionales no gubernamentales y la presión pública fue mayor sobre el gobierno. No fue sino hasta el 20 de enero de 1994 cuando Salinas de Gortari dio la siguiente declaración “(…) he tomado la decisión de suspender toda iniciativa de fuego en el estado de Chiapas para otorgar una amnistía general a todos los participantes en los hechos de violencia”.

Las bases del diálogo estaban listas: las pláticas entre los rebeldes y el gobierno se llevaron a cabo con relativa tranquilidad, finalizaron y los zapatistas regresaron a sus comunidades para discutir el resultado del diálogo con el gobierno. Entonces, en el norte del país, asesinan a Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del PRI, sí, aquel candidato cuyo discurso memorable del 6 de marzo de 1994 se recuerda por frases como “Veo un México con hambre y con sed de justicia…”. Escribimos “memorable” porque en los hechos el discurso de Colosio no venía aparejado con sus acciones. Fue un esbirro más del gobierno salinista, claro que hablaremos de eso en otra ocasión. Ernesto Zedillo sería el candidato elegido para reemplazar a Colosio. Terminaría el sexenio salinista sin resolver nada y Zedillo ganaría (es un decir) la presidencia de México.

El tiempo demostró que no existía un verdadero afán para resolver las peticiones del EZLN. Ernesto Zedillo después acusó de terrorismo al EZLN y armó un andamio legal para intentar encarcelar a sus líderes. La intención del gobierno mexicano, como en otras tantas ocasiones, era desaparecer a las fuerzas rebeldes porque existía la posibilidad que mutaran en una verdadera oposición política y el PRI no toleraría semejantes excesos. Pero, paradojas, el gobierno se sentó a negociar con el EZLN y de tales pláticas surgieron los Acuerdos de San Andrés, firmados el 16 de febrero de 1996 entre el gobierno federal y el ejército zapatista. Es un documento de vital importancia porque es el primer tratado sobre derechos indígenas en México pactado por un gobierno posterior a la llegada de los españoles a nuestro territorio, ¡después de quinientos años! Tales acuerdos se firmaron para llevar a cabo diversos cambios constitucionales en materia de derechos indígenas, así mismo el gobierno mexicano se comprometía a reconocer la autonomía, la libre determinación y la autogestión de los pueblos. Es decir, los Acuerdos de San Andrés eran los cimientos para establecer una nueva relación entre el Estado y los pueblos indígenas, un reconocimiento verdaderamente constitucional de sus derechos políticos, jurídicos, sociales, económicos, etcétera. Pues los pueblos indígenas, históricamente, se han dejado a un lado en el desarrollo del país por mucho tiempo.

Aunque el gobierno mexicano suscribió acuerdos internacionales como el Convenio 169 de la OIT (Organización Mundial del Trabajo), donde el artículo tres señala que “Los pueblos indígenas y tribales deberán gozar plenamente de los derechos humanos y libertades fundamentales, sin obstáculos ni discriminación”, incumplió su palabra con el EZLN, algo que fue señalado a nivel internacional: por ejemplo quedó demostrado que el partido oficial (el Partido Revolucionario Institucional) no permitiría la autonomía de los pueblos porque eso significaría perder clientela electoral. O que el gobierno federal no cedería la libre explotación de recursos naturales a los habitantes de la región sino a ciertas compañías o supuestos “proyectos de inversión pública”, eso explica cómo la compañía refresquera FEMSA logró obtener un pozo de agua potable a costa de la salud de la población de San Cristóbal de las Casas, tal concesión se obtuvo en 1994 y hoy día el agua potable escasea en la zona. Si tienes sed compra agua en la tienda, eso sin contar que la población lucha contra la diabetes provocada por el consumo exagerado de agua carbonatada.

El mayor triunfo del ejército zapatista, quieran o no, es el reconocimiento del gobierno federal a un movimiento político de naturaleza indígena y que lo hizo firmar un pacto, no cumplido, pero que tarde o temprano deberá acatarse. De ahí el rechazo del EZLN a los proyectos de la gestión de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador. Las administraciones anteriores (Zedillo, Fox, Calderón, Peña Nieto) dejaron en el olvido a los pueblos indígenas e intentaron resolver el conflicto zapatista casi por la fuerza, por otra parte las comunidades indígenas nunca fueron un asunto prioritario en la agenda nacional. Sí es cierto que se elaboraron políticas públicas para mitigar la pobreza pero solo hasta ahí y después todo fue un mero discurso repetitivo, en el mejor de los casos, o verdaderos asaltos a las arcas públicas, en el peor de los casos. Aún muchas comunidades indígenas viven excluidas de esta sociedad que se dice incluyente.

En 1948, la creación del Instituto Nacional Indigenista realmente reflejaba preocupación cabal por los pueblos indígenas, pero el reconocimiento constitucional de estas comunidades llegaría hasta 2001, cincuenta y tres años después, lo que pone de relieve que en realidad para el Estado había otras prioridades por atender. El nuevo gobierno federal hereda añejas cuentas pendientes por resolver con los pueblos indígenas, cuentas que deberán ser saldadas en su totalidad en la agenda nacional sin fingir interés en resolver el tremendo rezago en que se hallan hoy los pueblos indígenas. El discurso y la acción deben ir de la mano. Lo demás es hipocresía.

Martes, 01 de enero de 2019. El EZLN lleva a cabo, en el municipio autónomo de San Pedro Michoacán, celebraciones en el marco de un aniversario más de su alzamiento contra el gobierno. Las palabras de uno de sus voceros, el Subcomandante Insurgente Moisés, no podían ser menos que angustiantes: “Compañeros y compañeras todos, estamos solos como hace 25 años”.


Fotografía tomada de http://cdn.ejecentral.com.mx/uploads/2018/07/EZLN_2.jpg


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