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El trabajo invisible de “la muchacha”

Por: Dulce Rocio Reyes Gutiérrez

“El trabajo doméstico no es un trabajo por amor,
hay que desnaturalizarlo”.
Silvia Federici
Hay trabajos que a nadie le interesa hacer, porque son considerados los más bajos, aunque socialmente se diga que todo trabajo es “digno y respetable”. La realidad dice otra cosa, porque hay trabajos que no son dignos ni respetables. Y no es que no lo sean en su esencia o su función social, sino porque no son apreciados como tal. Cantinflas, por ejemplo, con su humor consciente, diría que “algo malo debe tener el trabajo, o los ricos ya lo habrían acaparado”. Vicente Fox, por su lado, con su ignorancia y clasismo a cuestas, diría que “los mexicanos hacen trabajos que ni los negros quieren hacer”. Entonces, ¿hay trabajos dignos e indignos, o no? ¿Ser “la muchacha” de la casa, por ejemplo, es un trabajo digno? Hablemos un poco más de ello.

Conapred afirma que en México hay 2.3 millones de personas que se dedican al trabajo del hogar, y 90% de ellas son mujeres. Esto es un equivalente a la población total de Tabasco. Las trabajadoras del hogar en su gran mayoría se encuentran en condiciones de marginación, muchas de ellas son indígenas, discriminadas, explotadas laboralmente, ignoradas por el Estado y por la sociedad. Sus luchas han dejado muy claro que no son la “muchacha” que ayuda en la casa, sino la trabajadora del hogar. Porque ser trabajadora doméstica es un empleo y no una ayuda, porque al verse de ésta última manera, se percibe como una persona que puede o no tener derechos como trabajadora, sino como quien por ser mujer y “por amor” a la casa, apoya a la familia que lo requiere.

El 30 de marzo es el Día Internacional de la Trabajadora del Hogar. Surge como todos los días internacionales, para reivindicar derechos y colocar en la agenda pública temas de interés, provenientes en su mayoría de injusticias sociales, políticas, económicas o culturales, en este caso, para reivindicar el trabajo realizado en la casa. En 1988, en Bogotá, Colombia, se realizó el Primer Congreso de Trabajadoras del Hogar, en donde se estableció este día como una fecha conmemorativa y de reivindicación de los derechos de este sector invisibilizado y violentado de múltiples formas. También se conformó la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar.

Actualmente, en México, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha determinado por unanimidad, la obligación de los empleadores, de otorgar Seguridad Social a las trabajadoras del hogar, pues anterior a esta resolución, en el Artículo 13 de la Ley del Seguro Social se establecía que los trabajadores domésticos eran sujetos de aseguramiento por “voluntad” del empleador, lo que se ha considerado como “discriminatorio” y “excluyente”. Y efectivamente, las trabajadoras del hogar han sido sometidas históricamente a una discriminación estructural, en la cual, el Estado ha invisibilizado su trabajo, y ante la falta de leyes que garanticen sus derechos, hay una vulneración y discriminación múltiple, por ser mujeres, indígenas, pobres, y hasta por ser trabajadoras del hogar.

A finales del 2018, la Suprema Corte de Justicia y la película Roma, del director Alfonso Cuarón, abrieron el debate sobre las trabajadoras del hogar y las condiciones a las que han sometidas históricamente, porque lo cierto es que no es un tema nuevo, sino uno de esos temas que se prefiere dejar en el espacio privado, porque como dice el dicho “la ropa sucia se lava en casa”. Lo cierto es que esa ropa sucia no es sólo de casa sino del ámbito público, porque conlleva temas como la explotación laboral y la discriminación a la que son sometidas las millones de mujeres que enfrentan condiciones complejas en su trabajo informal, pues muchos empleadores se aprovechan de su condición de vulnerabilidad y cometen múltiples injusticias hacia ellas, violentando su persona, aún más de lo que las condiciones de desigualdad ya lo hacen.

Lo que la Suprema Corte ha dicho es una realidad incuestionable, pues las trabajadoras del hogar son discriminadas todos los días y no solamente por el tema del salario. Mi relación cercana con personas que realizan esa labor y las investigaciones realizadas al respecto, me permiten afirmar esto. Si alguien puede afirmar lo contrario, que lo argumente.

La discriminación es un tema tan complejo y necesario de abordar por las consecuencias sociales que ésta genera, pues vulnera la dignidad de las personas, sus derechos humanos y libertades. Surge de una visión excluyente y clasista, muchas veces no consciente, pero que atenta contra la integridad de las personas que son discriminadas, como el caso de las mujeres que trabajan realizando las labores en los hogares de México.

Jesús Rodríguez Zepeda, investigador de la UAM-Iztapalapa, afirma que “La discriminación es una conducta culturalmente fundada, sistemática y socialmente extendida, de desprecio contra una persona o grupo de personas sobre la base de un prejuicio negativo o un estigma relacionado con una desventaja inmerecida, y que tiene por efecto (intencional o no) dañar sus derechos y libertades fundamentales”

El tema incómodo del trabajo doméstico que carga en sus entrañas esta discriminación y la esencia de lo indigno por las condiciones laborales y sociales en las que se da, ha sido puesto sobre la mesa por Cuarón, la SCJN y las campañas recientes que buscan luchar contra la normalización de ver a las empleadas domésticas como “las muchachas que nos ayudan”. Ahora, es importante que todos nos sensibilicemos y lo hablemos abiertamente.

Pues pensemos que no pagarles lo justo, gritarles para que hagan las cosas, “hacerlas” al modo de cada patrón, no respetar el horario de trabajo, incrementar sus actividades, así como la prohibición y desconfianza de los empleadores en ellas –hasta llegar a poner cámaras dentro de la casa para que nada se roben-, son asuntos que no se han querido ver como públicos, pero que lo son sin duda, porque transgreden los derechos humanos de las mujeres que realizan esas labores. Pues ellas, antes de exigir respeto y justicia, están ocupadas levantando las heces el perro de la casa de sus patrones, cuidando a los niños, haciendo la comida, lavando los patios y la ropa, planchando y ordenando las recámaras, desinfectando los baños, barriendo todos los rincones de la casa, llevando el desayuno a la cama de los patrones, o bien, todo junto, rapidito y de buen modo, como lo hace Cleo, en la película Roma. Ahora, imagine que usted hace todo eso una semana completa, llega el día de pago y a los patrones se les ocurre decir: “Mañana te pago porque no fui al banco”, o “Te doy la mitad y en la semana el resto, porque a mi esposo no le han pagado”. ¡Uff, esto no es dramatización, sino la realidad de miles de ellas!

Por tanto, señores de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y de las altas esferas políticas, ¿darles Seguro Social es suficiente para saldar la deuda histórica que México tiene con esos 2.3 millones de mexicanos, o prefieren seguir invisibilizando a “la muchacha” que les lleva el café a la oficina de su casa?


Fotografía tomada de http://www.rssindical.mx/2018/05/02/trabajadoras-domesticas-aisladas-del-ceonvenio-189-de-la-oit/


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