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¿Qué necesitamos para vivir?

Por: Aracely Rojas

Trabajadores sumisos, consumidores expectantes
y ciudadanos pasivos.
Noam Chomsky
A propósito del consumo

El tránsito por la ciudad en estos días, es casi imposible. Vamos de un lugar a otro, solos, en autos en los que hablamos por teléfono. Los espacios para caminar son pequeños, asfixiantes y peligrosos. Pareciera que transitar por la ciudad fuese un privilegio. Un privilegio al que se tiene acceso mediante el consumo. Se puede consumir cine, consumir caminatas o consumir parques. Estos últimos, a los que el acceso queda restringido debido a su ubicación estratégica del centro citadino. ¿Es necesario consumir cosas para vivir? Apenas hace un par de décadas, las familias podían pasar jugando en parques y jardines, o ir en bicicleta de un pueblo a otro. Hoy en día, las caminatas se han sustituido por los centros comerciales, y el uso de bicicleta es peligroso debido a las condiciones de inseguridad y a la nula conciencia vial. Esta es la ciudad que hemos comprado. Estas son las ciudades, que consumimos.

Hace un par de días encontré un libro, en las salas de lectura al aire libre (1). Un cuento llamado ¿Cuánta tierra necesita un hombre? (2) de León Tolstoi, ilustrado por Elena Odriozola. La historia se sitúa en Rusia, justo a mediados de 1800. Tolstoi, fue un espectador de la Revolución Rusa, y sin duda, de la efervescencia entre los campesinos rusos y la burguesía. Contexto que relata de manera breve y reflexiva en este texto.

Justo, ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, relata la historia de un par de hermanas, una burguesa y una campesina. Ellas discutían sobre las bondades de vivir en ambos contextos, pero la campesina hacia hincapié en que al final todo lo que se posee, se convierte en polvo. Además de la libertad y de la tierra, que si es cultivada, siempre da de comer. La burguesa defendía las comodidades y riquezas que se podían poseer en la ciudad. Dicha plática es escuchada por el esposo de la campesina, quién es el protagonista del cuento.

En un pacto extraño con el diablo, el esposo de la campesina logra adquirir con el paso de los años grande extensiones de tierra, acumulando riquezas. Más de las necesarias. Sin embargo, hace un último pacto para adquirir más tierras fértiles. Entonces, el burgués dueño de esas tierras, le hace una oferta: Toda la tierra que el campesino camine desde el amanecer y hasta al atardecer, será de él, y no deberá pagar por ella. No obstante, si no logra llegar antes de la puesta de sol, perderá su riqueza y no le será entregada la tierra.

El campesino se prepara la noche previa, come y bebe para mantenerse ante la jornada. Al iniciar, le advierten llegar antes de la puesta de sol. Comienza a caminar por aquella tierra, y a marcar los límites de la tierra que para sí deseaba. Toma más tierra, sin contemplar que su cansancio podrá limitar su regreso. Con el sol a cuestas, no puede correr para llegar al punto de partida. Lo intenta, pero su sangre corre por la tierra. Cae sin vida. Ante tal escena, el burgués se burla y se queda con su riqueza. En esa tierra el campesino fue sepultado. Dos metros de tierra, era lo único que aquel hombre necesitaba.

¿Qué necesitamos para vivir? Sería un buen punto para repensar el consumo.




(1) Las salas de lectura al aire libre, se encuentran en las escalinatas del Calvario de Metepec. Estado de México.
(2) Tolstoi, León (1886), ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, Nordica Libros, Madrid España.

Fotografía tomada de https://laorejaroja.com/content/uploads/2016/07/consumismo.jpg


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