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Me llaman “loca”

Por: Itzigueri Nahara

No recuerdo cuántas veces me llamaron loca. Cuando niña, solitaria, solía observar cosas que nadie notaba y decir cosas que no tenía que decir, porque no era propio. Esto último me sigue pasando muy a menudo.

Recuerdo que dos cosas deseaba cuando niña: construir un submarino y tener una amiga. Para mi desgracia, cada que comenzaba a construir un submarino todos me decían que eso era imposible y nunca lograba tener una amiga. Un tercer recuerdo que me daba curiosidad extrema, era mi capacidad de soñar cosas monstruosas. Esto último, era aterrador para muchos cuando me escuchaban. Este asunto, tampoco ha cambiado demasiado.

Así, en esa soledad y desesperanza, mi único soporte fueron mis hermanos. Ahora que lo pienso ya era “depresiva”. Pensé en como morir un par de veces, por curiosidad de saber qué se sentía. Veía cosas extrañas. Más de un par de veces, vi fuego en el cielo y estrellas moviéndose, dibujando triángulos, fractales, uno tras otro. Insomnio, sí. Desde los 6 años. Pasaba largas horas viendo al cielo, leyendo libros viejos y dibujando cosas bajo las sábanas, historias fabulosas o con personajes de ojos grandes. Recuerdo ver pasar el mundo, pero no que el mundo me pasara. Lo recuerdo como si estuviera escondida en una esquina, y todos van y vienen, sin notar al menos que una niña estaba mirando. Tuve un par de amigas en esos años. Ninguna estuvo conmigo cuando quería guardar renacuajos en frascos o recolectar mariposas. Preferían jugar a las muñecas. Entonces me sentí distinta de otras niñas. No tenía amigos adultos, tampoco no adultos. Mi perra “Paloma” era la que solía ser mi cómplice, caminaba tras de mí a lo largo del día y cuando nos cansábamos, podíamos dormir juntas en cualquier parte del llano. Me defendía con sus ladridos de los niños que me decían “loca” con una cantaleta burlona, porque no podía concentrarme al jugar escondidillas. Sí, los animales aman y dan amistad sin reservas. Aunque al amor y a la amistad, los hemos encasillado en la razón humana, y ahora con esto de la modernidad, en lo líquido.

En la escuela, ni qué decir. Recuerdo cada detalle de ella. Las gradas verde aguamarina, las puertas blancas. Los aretes de las maestras. La dirección del sol en cada época del año por los salones. Pero también me recuerdo sola, cruzando el patio que se me hacía gigante, ante las voces de mis compañeras diciéndome “loca”. Creo que me decían así porque no hablaba con nadie, y más de una vez, porque llevaba insectos o animalejos a clase. En una de esas, recuerdo que había ratones en un rincón junto a la tienda escolar. Había trampas y la mamá, estaba atorada. Cargué a los ratoncillos y los llevé a otra esquina de la escuela, solté a la ratona. Pero, llamaron a mi mamá porque podían morderme los ratones y porque las niñas se espantaron con ellos. No recuerdo las veces que le dijeron a mi mamá que me llevara a terapia, que seguro algo no estaba bien conmigo.

Al crecer, la adolescencia no fue distinta. Mis insomnios fueron más prologados, pero ahora leía y escribía poesía. También me gustaba la astrofísica. Me gustaba ir a las bibliotecas. Pero muchas veces, eso no me era permitido, “porque una señorita no podía andar sola en la calle”. Por esos días, lo de loca me lo dijeron porque tenía muchos amigos hombres. Eso, es aún mal visto. No entiendo por qué no pueden pensar la amistad más allá de lo humano. Pero lo más doloroso, tal vez, es que mi propio padre me dijera loca. ¿Las amigas? No, tampoco esas aparecieron en esta edad. Algunas compañeras me pedían las tareas, y otras querían que les presentará a mis amigos, pero ninguna quería ir conmigo a la biblioteca, a caminar por la alameda o a atrapar mariposas. Mucho menos querían ir a la azotea a ver estrellas.

Ahora, soy adulta. Qué difícil es ser eso. Ser en un mundo en el que sigo siendo “la loca”. Porque pienso “diferente”, porque tengo amigos hombres y tengo pareja (y eso para muchos es un gran pecado). Sigo siendo hostil, poco correcta. Muy torpe. ¿Las amigas? Pues ahora tengo algunas. “Brujas”, como ellas dicen. Les gusta leer, son políticas y rebeldes. Les gusta ser libres y son mis compañeras de lucha. No estoy sola. Muchas han salido a tomar las calles en búsqueda de sus hijos, otras por el agua y la vida (1).

Ahora, aún miro estrellas por la noche, por ello decidí vivir fuera de la ciudad. Acá se miran con mayor intensidad. Lo que lamento de cuando niña, es que, tenía la plena libertad de caminar por las calles. Después de eso, el acoso verbal de algunos hombres fue complejo, por ello usé mucho tiempo pantalones holgados. Pero también, está el acoso de otras mujeres que han opinado sobre mi cuerpo, mi maternidad, mi pareja, de mi ocupación profesional. Así es, ahora me siento sola, pero con miedo. Un profundo miedo no me deja salir a caminar sola, o llevar a mi hija al parque. Peor, no tengo con quien hablarlo. Porque para muchas y muchos, si algo me pasa (violación, asalto, feminicidio), sería mi culpa, por no salir con un hombre, por cruzar la ciudad a altas horas de la noche. Lo del terapeuta, ahora lo recomendó el neurólogo. Los sueños monstruosos, continúan. Me siguen llamando “loca”. Loca, porque pienso un mundo distinto para nosotras las mujeres. También para todxs, para lo humano y lo no humano que nos acompaña en este planeta. Creo también en la amistad, en el amor, en la lucha. En esa lucha que inicia con la revolución de la vida cotidiana (2) y que espero algún día permita a mi hija, y a los niñxs, a todxs, caminar sin miedo por el mundo.

He tenido muchos sueños monstruosos, pero ninguno como el patriarcado y el capitalismo. Ahora comprendo, que es más fácil declarar a la mujer “loca”, que declararla LIBRE.




(1) Soliz, María Fernanda (2018), “Megaminería en el país de los derechos de la naturaleza: conflictividad, salud colectiva y daño psicosocial en mujeres” en Ecología Política, Cuadernos de debate internacional, no. 54 Ecofeminismos, Icaria Editorial, Barcelona.
(2) Illich, Iván (2006), “La sociedad desescolarizada” en Obras Reunidas I. Fondo de Cultura Económica. Ciudad de México.

Fotografía tomada de http://a21.es/wp-content/uploads/2017/08/estrellas.jpg


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