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El lenguaje no discrimina

Por: Luis Alberto Celis

¿Lenguaje inclusivo o excluyente?
Las palabras no tienen el poder de ofender por sí solas, todo depende del tono y el contexto con el que se digan. Y en el lenguaje escrito la caligrafía tiene mucho que ver. Aplicado en diferentes circunstancias esto puede generar que una oración como “te estoy esperando” puede generar muchas interpretaciones. Desesperación, angustia, deseo, entre otras.

Hay que tomar en cuenta que para dirigirnos a las demás personas sea de la manera que sea, debemos ser muy cuidadosos en pensar cuáles son las palabras correctas que se van a utilizar para lograr comunicar de la mejor manera posible lo que necesitamos decir. Incluso el estado de ánimo que se vive en el momento es de vital importancia para tomar de un modo u otro una simple oración de tres palabras.

Aunado a todo lo anterior, hay un factor notable para saber qué tipo de palabas se van a emplear en un vaivén de mensajes, tan solo con ver a la otra persona cambiamos una simple letra a cada palabra para dirigirnos hacia la otra persona, y ese factor es el género. Pero ¿qué pasa cuando ya no nos dirigimos solo a un individuo, sino varios, y ese grupo es diverso?

La gramática tiene la característica de ser neutra y arbitraria. El género masculino no se considera como masculino. La palabra “todos” no significa solo hombres, significa que es indiferente al género, por lo tanto no discrimina. Sin embargo, el género femenino sí está discriminando y excluye, “todas” únicamente hace mención a las mujeres.

La Real Academia Española (RAE) ha estado implementando palabras en género femenino para “distinguir” entre ambos géneros, prueba de ello son los cargos que anteriormente no ocupaban las mujeres y se han ido implementado palabras para distinguirlas e implementarlas al vocabulario. De cualquier manera el uso correcto para incluir a ambos géneros se debe usar una diagonal con la letra “a” al final de la palabra.

Para tener mayor amplitud de lo maravilloso que son los idiomas hablados y escritos y que el poder de la palabra todo lo puede, hay lenguas que carecen de género como el finlandés, el turco, el persa, el mixteco, las lenguas amerindias, entre otras, incluso hay una lengua de cinco géneros como el polaco. Estas serían buenas opciones para limar asperezas, incluso se estaría fomentando incrementar la educación en la población, consiguiendo una apertura mayor para afrontar los cambios y poder respetar diversas formas de vida en un mundo que nos exige cada vez más comprensión.

En el lenguaje escrito se están promoviendo cambiar algunas letras en las palabras por una equis o con el signo de arroba, facilitada para ser pronunciada, pero esta escritura envía un mensaje confuso y le resta profesionalismo al texto donde se está empleando, bajando la calidad de lo que se desea comunicar. Y en el lenguaje hablado usando la letra “e” por la facilidad que tiene para ser pronunciada. Pero pasa lo mismo, el mensaje resulta un poco complicado de entender.

No solo se trata de cambiar una letra en todas las palabras para que sean incluyentes. Cambiar casi todas las palabras de un idioma a corto plazo es imposible, para hacerlo se necesita de tres generaciones, y eso para empezar a ver cambios en el idioma.

Este tema lo único que hace es dividir más a una sociedad que ya está dividida por numerosos temas políticos, sociales y culturales, tengamos en cuenta que lo único que tenemos en común con los países hispanohablantes es precisamente el lenguaje, el habla del idioma español. Las palabras no discriminan, el idioma no discrimina, las intenciones son las que coartan libertades y humillan a miles de personas cada día, ofensas que son impunes y olvidadas de justicia.

Porque si yo fuera mujer e hiciera mías todas las historias de acoso, discriminación, hostigamiento y violencias que han vivido las mujeres cercanas a mí, creería que es más peligroso que me pregunten en una entrevista laboral si estoy embaraza o tengo planes a corto plazo de tener familia; si violan mis derechos como ciudadana de un país libre solo porque soy mujer; si no puedo caminar con libertad por las calles a la hora que sea y como me dé la gana vestirme, porque corro el riesgo de ser violada o asesinada y la gente dirá que yo me lo busqué; que me paguen menos que a uno hombre por el mismo trabajo o no me consideren para vacantes políticas, científicas o ingenierías.

Ahí está el verdadero problema, y no en el uso de la “o” o la “a”. Porque si yo fuera mujer estaría en una situación de vulnerabilidad casi la mayoría de los días, pero eso sí, bien incluida en el discurso de una sociedad que no me deja crecer.


Fotografía tomada de: https://plumasatomicas.com/wp-content/uploads/2018/08/Imagen-Lenguaje-Inclusivo-960x500.jpg


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