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¿Qué siente un niño o niña migrante?

Por: Dulce Rocio Reyes Gutiérrez

“Etimológicamente, in-fancia viene del latin in-fale,
el que no habla, es decir, el bebé. Pero con el tiempo
fue adquiriendo el significado de el que no tiene palabra,
es decir, el que no tiene nada interesante que decir,
no vale la pena escucharlo”.
(Casas, 1998: 25).
¿Qué piensan los niños y niñas sobre su migración? ¿Cómo viven su caminar bajo del penetrante sol y a qué les sabe la comida de otro país? ¿Les gusta? ¿A los niños y niñas que viajan con sus padres, alguien les preguntó si querían irse? ¿Sienten angustia o miedo al escuchar lo que les puede suceder en el camino? ¿Qué opinan las niñas a quienes se les obliga a tomar anticonceptivos porque pueden ser violadas en el trayecto? ¿Les gusta sentir la compasión de la gente? ¿Alguien los ha escuchado con intención de comprender, más allá de sentir pena por ellos y ellas, o de explotar su imagen para generar lástima? ¿Les hemos dado la atención y el respeto que se merecen, o simplemente los pensamos como vulnerables?

La caravana de hondureños que llegó a México ha abierto al análisis el tema de la migración infantil. Son más de 2 mil 500 niñas y niños que viajan en ese contingente -falta sumar los de la caravana más reciente-, y parece que lo único que ha despertado en la sociedad, es la compasión. “Los niños no, por favor”, “Es triste ver a los niños de esa caravana”, dice la gente, mostrando un sentimiento de dolor. Sin embargo, la migración de niñas y niños no es reciente, no nos engañemos, desde hace alrededor de 10 años se ha incrementado exponencialmente y continúa creciendo, no sólo en Centroamérica, sino en todo el mundo.

¿Por qué los mexicanos y los medios de comunicación no habían hecho alarde del tema hasta ahora? ¿O el interés es momentáneo, sólo como parte de la coyuntura de las caravanas hondureñas y de la separación familiar en EU? ¿Un sentimiento de compasión es suficiente para reconocer la dignidad de los niños y niñas migrantes? ¿O es un sentimiento que nos remite a nosotros mismos de una manera egoísta, pues no nos gusta verlos sufrir?

La migración infantil no es un tema nuevo, lo hemos subestimado en los medios de comunicación y en las investigaciones, seguramente porque se trata de un sector menos productivo para las sociedades y porque es un tema que involucra a los sin voz. Recordemos que tan solo en 2007, más de 5 mil 700 niños y niñas centroamericanos fueron repatriados desde México a sus países de origen (Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua). Estos números, aunque pueden no representar la migración real, nos permite darnos una idea del fenómeno desde hace 9 años.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en México, establece rimbombantemente algunos derechos de niños y niñas, por ejemplo, el derecho a la vida, a la supervivencia, al desarrollo, a vivir en condiciones de bienestar, libres de violencia y a la integridad personal. Es algo que regularmente escuchamos en medios de comunicación, e incluso en conferencias sobre el tema. Sin embargo, hay otros derechos que parecen acallados o no profundizados, como son el derecho de participación, la libertad de expresión y de asociación.

Por su parte, la UNICEF dice que en su intento por cruzar la frontera, los niños y niñas migrantes son vulnerables a la explotación, a la trata y a ser víctimas de la delincuencia, por lo que la protección de sus derechos es una prioridad, es fundamental que los niños y niñas reciban un trato digno y que se ponga como prioridad la reunificación familiar. ¡Este discurso tanto de la UNICEF, como de la CNDH, parece un ideal, no algo real!

Lo cierto es que los niños y niñas son seres humanos, antes que hijos, hermanos, estudiantes o migrantes, y como tal, merecen que los tratemos no sólo como parte de una familia o de un grupo escolar, sino como lo que son, seres humanos, pertenecientes a una sociedad cargada de prejuicios sobre ellos, y con los que tienen que lidiar todos los días. Sí, los niños y niñas tienen que lidiar con la visión reducida que los adultos tenemos sobre ellos. Como asegura la estudiosa de la infancia, Lourdes Gaitán, “una de las consecuencias de la concepción común de la infancia como etapa de preparación es que se torna invisible para el análisis, igual que lo es para la vida política, o para operar en el mercado o para intervenir en las cosas públicas en general”. Por ello, si la etapa de la infancia nos parece poco importante, de esa manera abordaremos las acciones en favor de este grupo social.

El Estado mexicano, a través de la Ley de migración, establece como criterio prioritario el interés superior de la niñez y la unidad familiar para quienes se quedan en territorio nacional, y la solución principal para quienes no se quedan, es la repatriación. Claro que esta forma de abordar la problemática, no considera la opinión de los niños, no les pregunta si es lo mejor para ellos, ni escucha los casos de quienes buscan no sólo mejorar su condición económica, sino sentirse seguros en algún sitio del mundo. “No puedo regresar a Honduras, porque si regreso me matan, y si yo entro a la Mara, a mi hermana la tienen que abusar”, dice un niño migrante hondureño de 15 años, en un reportaje realizado por Univisión Noticias y el periodista Jorge Ramos en 2014, que muestra casos de migración infantil hacia Estados Unidos.

“Necesitamos que tengan la posibilidad de presentar su caso. Si las o los regresan a Honduras están en un riesgo muy grande”, son las palabras de la abogada de migrantes, Nelly Vielma, que permite reflexionar que los gobiernos no escuchan a los niños y niñas, no tienen sentido humanitario, simplemente práctico. La repatriación en muchos de los casos es igual a regresar a la gente a contextos sumamente violentos. Partir de la idea de que el lugar y la familia de nacimiento es lo mejor para vivir, es desconocer que la violencia no es dignidad, sino angustia constante y muerte. ¿Alguien les ha preguntado a los niños y niñas si quieren migrar o si quieren retornar? ¿Alguien les ha preguntado sin morbo ni intenciones de negocio, sobre lo que sienten o piensan? Es urgente comenzar, porque a la migración infantil nada la para.


Fotografía tomada de: https://img.culturacolectiva.com/featured_image/2018/08/16/1534445011439/familias-separadas.jpg


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