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¡México, no olvides!

Por: Dulce Rocio Reyes Gutiérrez

El siglo XXI será el siglo del olvido
Pierre Nora
El cambio de gobierno no borra lo acontecido en el sexenio. Enrique Peña Nieto se va de la silla presidencial, pero deja mucha huella, una que llevamos como fósil en el bolsillo, en la incertidumbre, en el miedo constante, en las secuelas de las reformas estructurales y en el llanto de los familiares de los asesinados y desaparecidos. Que no se nos olvide el cinismo de su sexenio, ni los periodistas asesinados, ni los conflictos socioambientales, ni los escándalos de corrupción, ni sus estrategias de intimidación a los defensores de derechos humanos y periodistas, ni su falta de sensibilidad ante la sangre derramada en México. ¡Que no se nos olvide, por favor!

Hagamos memoria colectiva. Recordemos todo lo que el gobierno de Peña Nieto auspició, consintió y burló. No olvidemos sus cifras, ni sus memes, ni sus absurdos. Recordemos la reforma educativa, la reforma energética, la reforma de telecomunicaciones, la reforma hacendaria, los 15 ejecutados en Tlatlaya, los 43 desaparecidos, el incremento del poder del narcotráfico, los 7 millones de dólares de la Casa Blanca, los negocios corruptos en las licitaciones, la fuga del Chapo, los 8 muertos y centenares de heridos en Nochixtlán, los escándalos de gobernadores priístas, los sobornos de Odebrecht a políticos mexicanos por 788 millones de dólares, los gasolinazos que son pan nuestro de cada día, el desvío de más de 7 mil millones de pesos de la “Estafa maestra”, la compra del software Pegasus para espiar a periodistas y activistas, la falta de atención a los damnificados por los sismos, el incremento de los feminicidios y el desgaste de la figura presidencial.

Todo eso tendrá consecuencias en los próximos años. No son acciones que se borren de la noche a la mañana. Esto no es una película de terror, ni un cuento, ni una novela. Esto es México, víctima de un gobierno que se sirvió de sus riquezas y su gente, para beneficio personal y familiar. Los mexicanos lo sabemos, por eso el PRI fue hundido en el fango electoral.

Recordemos todo esto, porque el recuerdo es una forma de emancipación a través de las propias historias. Las memorias feministas, religiosas, campesinas, gays, de los pueblos colonizados, entre otras, han sacado del anonimato los ultrajes a los que la gente ha sido sometida y que no aparecen en los relatos de la historia oficial. Recordar es darle vida a nuestra propia vida, es existir, buscar la verdad incansablemente, salir del anonimato de los oficialismos e institucionalismos.

Por eso, es importante que las historias del sexenio de Peña se cuenten, que se pasen de boca en boca, que se escriban en los libros, que se difundan en los medios de comunicación, que se fotografíen, que se graben en video, que se griten en las calles, que se pinten en los cuadros y que se expresen en los performance. Así, guardaremos en la memoria colectiva los ultrajes de este gobierno mexicano. Hagámoslo como una forma de justicia, de emancipación, de sacar el dolor, de transmitir al mundo lo que uno siente y piensa, después de seis años de burla y daño constante.

Como afirmó el célebre historiador francés, Pierre Nora, en una entrevista realizada por Letras Libres: “La memoria es extremadamente voluble, juega muchos papeles y no tiene pasado, ya que por definición es un pasado siempre presente”. Hacer memoria es convertir lo privado en público, para integrar esas versiones de los de abajo, a la historia de las naciones.

¿Cómo hacerlo? Recordando. Ese es el primer paso, no permitiendo que los acontecimientos se queden atrás porque son del pasado. No es así. Los ultrajes nunca son del pasado nada más, sino del presente, porque si las secuelas son arrastradas por el tiempo, entonces, también se debe recordar su origen. Los 174 cuerpos encontrados en Veracruz recientemente, no son pasado. Han removido los escombros de la impunidad y la violencia desmedida en México. Han traído al presente un hecho que ocurrió en el pasado.

Ahora Enrique Peña Nieto anuncia que cuando deje la presidencia, volverá a vivir al Estado de México, porque es el estado que lo vio crecer políticamente y donde aprendió a querer a México, y asegura no “causar ninguna molestia”. ¡Vaya! ¡Qué terrible noticia para quienes vivimos en el estado de los feminicidios, de los asaltos en transporte público, de robo de autos y del empleo precario! Aunado a todo ello, nos condena a vivir con nuestro agresor, con la figura de un sistema decadente e infecto. ¡En el Estado de México tenemos memoria, Enrique!

Por todo ello, es importante que México no olvide, porque el recuerdo permite la comprensión del presente, permite reencontrarnos con la desgracia para desentrañarla y exigir justicia ahora. Hablemos, pues, de esa historia no oficial, de nuestras propias historias, de nuestras verdades. ¡Hagamos frente a la serie de “verdades históricas”, que legitiman el ultraje! Hagamos, México, que el siglo XXI, no sea el siglo del olvido.


Fotografía tomada de: https://www.telemundo.com/entretenimiento/2018/02/15/llamaron-suegro-pena-nieto-en-facebook-y-mira-como-el-presidente?image=8549294


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