parallax background

Crónica de una muerte anunciada

Advertencia: Sobre agua se construye el nuevo aeropuerto
septiembre 13, 2018
¡México, no olvides!
octubre 9, 2018

Crónica de una muerte anunciada

Por: Dulce Rocio Reyes Gutiérrez

En los días que corren la gente sabe el precio de todo y el valor de nada.
Oscar Wilde
Desde inicios del año pasado, he escuchado frecuentemente de voz de mis estudiantes, la misma crónica de hechos. No se refiere al “pretexto” clásico por la falta de tareas, sino al miedo y la impotencia que da vivir en un estado que no resguarda la seguridad de los de abajo. Recuerdo una mañana en que el coordinador de carrera pasó al aula a informar que a uno de los alumnos de la clase le había ocurrido un evento desafortunado y por esa razón no estaba presente.

Pasadas unas horas nos enteramos que se encontraba en el hospital, después de haber sido golpeado fuertemente en la cabeza y en la cara con un arma. Fue un asalto en el autobús, en su trayecto a la escuela. Ocurrió en la ruta de transporte público que ocupa todos los días en la capital del cada vez más inseguro y descuidado, Estado de México.

“Me espanté muchísimo, estaba temblando. Sólo vi sangre en la camisa y el pantalón. Cuando llegué a mi casa vi a mi mamá, la abracé y empecé a llorar. Sentí muchas cosas. Ahora me da miedo salir, pero es un lugar por donde tengo que pasar a diario. Sólo ando pensando en el disparo y las groserías que iban diciendo”.

El caso de Jesús no es un caso aislado. Tan sólo comentaré que es una crónica similar que he escuchado por lo menos 10 veces con mis alumnos de clase en los últimos meses. Siento rabia, indignación y una profunda tristeza al saberlos tan vulnerables cada mañana que salen de sus hogares con la esperanza de superación.

Entonces, llegó el día que nadie esperaba. Ahora sí lo asesinaron. No a Jesús, pero sí a uno de nuestros estudiantes. Pudo ser cualquiera de ellos o de nosotros, pero le tocó a Ricardo Montes, un estudiante de la carrera de Ingeniería Industrial de la Universidad Univer Milenium, ubicada en Toluca. En la misma circunstancia, en diferente ruta, en la misma ciudad. Fue un asalto por la mañana en el transporte público, camino a la escuela, camino a encontrarse con sus compañeros y profesores, camino a seguir sus sueños. Ese disparo acabó con su vida a los 25 años.

Al saberlo, la Universidad se paralizó de miedo, alumnos y profesores nos indignamos, nos reconocimos en la vulnerabilidad de todos los días. De nuevo la rabia y el miedo recorrieron mi ser. Al escribir esto siento un nudo en la garganta. Ellos sólo buscan oportunidades de superación humana y profesional. Ellos sólo quieren llegar a clases y volver a casa. Pero están aquí, en uno de los estados más inseguros del país.

Todo lo acontecido días atrás pareciera que anunció su muerte. También las cifras la anunciaron, pues el Estado de México, ocupa el primer lugar en atracos en transporte público en el territorio nacional, según datos del Sistema de Seguridad Pública.

Lo más terrible es que las pertenencias no son suficientes para los delincuentes, se llevan también la tranquilidad, la confianza en el prójimo, la armonía con el entorno, y a veces, se llevan también la vida.

Pero hay algo todavía más grave que quitar la vida de alguien, y es, querer quitar la vida de alguien, hacerlo con la mera intención. No es fortuito que le hayan disparado a Ricardo, pues en el asalto de Jesús también hubo un disparo. Así, el miedo infundido a través de la violencia es cada vez peor. Como ha dicho el novelista canadiense Steven Galloway: “una pistola no decide matar o no, una pistola es una manifestación de una decisión que ya ha sido tomada”. Y ha sido tomada porque la vida en tiempos de capitalismo, no vale nada. Lo que vale son las mercancías, como los celulares, las computadoras y el dinero.

Es lamentable que cada muerte tan solo sea una noticia más en el diario local. Al día siguiente se olvida. Lo olvidan las autoridades, lo olvidamos todos. Y así cada vez que a alguien se le ocurre asesinar por dinero y pertenencias.

Ahora la Universidad Autónoma del Estado de México ha creado su SOS App, una aplicación para teléfono celular que permite enviar una alerta a las autoridades cuando sucedan incidentes como agresión física, extorsión, desmayos, heridas o lesiones, asalto a transporte público, privación de libertad, robo, abuso sexual, violación, y una larga lista. Es para uso personal y no se podrán reportar emergencias de personas no pertenecientes a la comunidad universitaria. ¡Vaya!

Esta acción luce como paliativa, grita la legitimación de esos actos. ¿Acaso una App es una respuesta profunda a la inseguridad vivida en el Estado de México, o tan sólo es una de esas ostentosas acciones que se pueden presumir a lo que acontece en los informes de actividades? ¿A alguien realmente le interesa aún la vida? ¡Empecemos por no olvidar!

En memoria de los asesinados y de los que morimos de miedo.

Fotografía de Enrique Peña


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *