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¿Es cierto que todo pueblo tiene el gobierno que se merece?

Por: Alvise Calderón Berra

Famosa es la frase de Joseph de Maistre, que sugiere que “toda nación tiene el gobierno que merece”. Aunque si bien es cierto, esta frase categórica es formulada normalmente por el elector insatisfecho, que no se ve representado por el gobierno, aludiendo así a la ignorancia de la sociedad en turno y a su incapacidad por formular un voto consciente.

Siguiendo la frase de Maistre -¿Era entonces Peña Nieto el candidato que más semejanzas compartía con su pueblo?- Podríamos afirmarlo inmediatamente, si consideramos el “gusto” por la lectura del mandatario en relación con los hábitos lectores de la sociedad mexicana. Que, en 2017, según el INEGI, en tan sólo el 45%, dijo haber leído un libro.

¿Tendrá algo que ver que el presidente Donald Trump, férreo defensor de la Segunda Enmienda y amante de la cacería, haya causado mayor impacto en sus electores que su contrincante, en un país donde 75 millones de americanos tienen por lo menos un arma en casa?

El escritor y secretario de cultura francés, Andrè Malraux, decía “que no es que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen”. ¿Cómo medir entonces las semejanzas entre la clase política con su pueblo? ¿Será por el lenguaje empleado? ¿Por lo excéntrico o severo de sus formas de vida? ¿Por el éxito que tienen con las mujeres? o ¿por el grado académico y su semejanza con la media nacional?

Un presidente es el fruto de una parte del electorado. Las votaciones reflejan a un sector que se siente identificado con él, aunque si bien es cierto, las democracias dejan siempre un sabor amargo de ruptura dentro de la sociedad. Si tomamos en cuenta que las democracias se asemejan más a pactos de paz, los cuales son inherentemente imperfectos por definición, ya que no puede haber una paz perfecta, pues es fruto de una negociación colectiva.

Normalmente se presenta la tendencia de que una persona muy sofisticada se aleja de los hábitos, costumbres y creencias populares. Quizá sea que sus altos niveles académicos no correspondan al promedio de la sociedad. En cambio, podría ser que quien tiene una educación media se acerque más a una visión promedio que le permita construir amplias mayorías. Un gran curriculum académico posiblemente no sea una buena carta de presentación en un país donde tan sólo el 17% de los jóvenes logran obtener un título universitario.

Adentrándonos a los gustos literarios de los ex candidatos, podemos decir que el gusto más latinoamericanista corresponde al candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, quien afirmó el año pasado que sus libros de cabecera son El Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, la Historia Moderna de México, coordinada por Daniel Cosío Villegas y Pedro Páramo de Juan Rulfo. Los gustos del candidato de la coalición Todos por México, José Antonio Meade, tiene que ver con un disfrute más globalizado, para ello tenemos a Harry Potter, Los Reyes Malditos, novela de siete tomos que narra la historia de los reyes franceses del siglo X hasta la guerra de los 100 años, del autor francés Maurice Druon. Aunque también hay que reconocer su coincidencia con el tabasqueño en su gusto por Juan Rulfo al mencionar El llano en llamas. El aspirante de la coalición México al Frente, Ricardo Anaya, dijo ser un amante del ensayista y poeta conservador mexicano Octavio Paz. Además de gozar de las lecturas de la denominada “física pop” concretamente el Gran Diseño de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow. Por su afición a este texto, ¿podríamos afirmar que tiene una visión más integral del mundo?

Es indiscutible que un dirigente o un político no sale de la nada, sino que es producto de un ambiente histórico-cultural y social. Cuando uno reflexiona sobre los candidatos y la cultura, descubrimos que los funcionarios quieren parecerse a su población. Muchas veces son personas de clase media acomodada, que son fruto de su pueblo. Hay algunos más afines a una cultura más sofisticada. Si consideramos que los candidatos del PRI y del PAN cuentan con posgrados académicos, obtenidos en el extranjero. Además del dominio de por los menos otro idioma. Andrés Manuel López Obrador, en cambio, ostenta un grado de licenciatura obtenido en la UNAM y hace uso de un español con marcado acento tabasqueño.

Sabemos que en el haber de las frases de López Obrador, se encuentran citas de José María Morelos y del Benemérito de las Américas, Benito Juárez. Además de un gusto por los libros de historia nacional y biografías, siempre y cuando no sean de Enrique Krauze. Lo que demuestra también un visible interés en rescatar a los símbolos patrios, en un momento en que el nacionalismo se ve fortalecido ante los discursos afrentosos y denuestos racistas y antimexicanos del presidente Trump. Dentro de la cultura, se encuentran también las prácticas deportivas de los mandatarios. Ya que en éstas confluyen, tal y como dice Nicola Rinaldo Porro, “manifestaciones expresivas, estilo de vida, modelo de comportamiento, medios de comunicación, ideología, pasión, tecnología y charla cotidiana”.

Llama la atención que el deporte favorito de AMLO sea el béisbol, un deporte de estadísticas y seguido por un 20% de la población nacional. Mientras que Meade y Anaya comparten gusto por el futbol, el deporte por excelencia, el más seguido dentro del público mexicano.

Tal vez deseáramos que nuestros ex candidatos tuviesen gustos más acordes a los del actual mandatario ruso y personaje del año según la revista Time, Vladimir Putin, quien ostenta cinturón negro en Judo. A diferencia del actual mandatario de los Estados Unidos, quien dice amar el golf, deporte que se practica normalmente durante las mañana y al parecer idóneo para cerrar negocios.

En cuanto a sus gustos deportivos, AMLO parece no ir con la mayoría; pero en un país con 65% de pobres, López Obrador fue el único candidato que dio muestra de tener un interés genuino por este sector, si consideramos que el eslogan de sus dos últimas campañas, aunque rara vez se recuerda era: “Primero los pobres”. Está afección deviene de su vida profesional. Su socialización se hizo en los años 70’s con el echeverrismo y el lópezportillismo. Transcurrió su vida en Tabasco, donde se desenvolvió en programas de desarrollo social. Su interés por este lacerante problema parece ser más profundo, afectivo y directo que el de los otros ex candidatos. El riesgo de ese interés genuino por la pobreza puede terminar en rencor social, o tal vez no, porque AMLO es “paz y amor”. Hay montones de experiencias fundadas en el rencor. Hay que recordar las referencias dichas por él, tales como “pirrurris”, “blanquito”, “fifi”, o culpabilizar a los empresarios de ser los artífices de la “tragedia nacional”.

En síntesis, tal vez, André Malraux tenía razón.


Colaboración de Quehacer Político

Fotografía tomada de https://jorgalbrtotranseunte.files.wordpress.com/2016/09/img_6125.jpg


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