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Sobre la política en el mundo del fútbol

Por: Víctor Hugo López

Hoy más que nunca el fútbol representa una de las actividades más lúdicas y recreativas a nivel mundial. Este deporte más allá del gusto y las pasiones que despiertan entre sus seguidores, representa a las élites políticas y económicas para producir y reproducir diversos espacios afines a interés de una clase hegemónica. El fútbol si bien nació como un actividad que representa ideales como los de la competencia, la solidaridad en la cancha y el fervor e identidad por una camiseta y a una comunidad; con el desarrollo del capitalismo moderno, comenzó a significar para la élite económica un elemento que puede dejar múltiples beneficios, como por ejemplo: difundir sus ideales, valores y por supuesto obtener mayores ganancias para aumentar la acumulación de capital.

Este generó que el fútbol fuese utilizado para crear redes de poder que se expresan fundamentalmente en inmensos consorcios, cuyo objetivo es monopolizar el futbol y convertirlo en una industria. Por lo que el balompié, al menos en lo que respecta a México, se convirtió en un engranaje de diversas empresas que permite tener mayor relevancia e influencia en materia económica y política. Empresas cerveceras, de telecomunicaciones, cementeras y de servicios evidencia su poder que ejercen en la vida cotidiana.

El fútbol mexicano es el fiel reflejo del auge económico que mantiene un grupo selecto de empresarios, así como la capacidad de influencia que tienen estos en relación con el poder político. De ahí que no sea raro que a menudo escuchemos por los noticiarios deportivos o redes sociales que los estadios de fútbol son espacios que pertenecen al gobierno de algún estado y son rentados o patrocinados por algún equipo de fútbol, provocando que las fuerzas políticas locales brinden facilidades para contratos, licitaciones o permisos accesibles para dichas empresas. Lo que genera evidentemente procesos de identidad efímeros por parte de los amantes del fútbol con el equipo, pero también, en su forma radical y deshonesta contratos turbios, lejos de la legalidad.

En la era de la globalización, los deportes representan una opción viable para establecer organizaciones en diversos niveles. Esto ha conducido que esta actividad conserve su esencia de juego pero que transformen sus técnicas, las tácticas, las dietas de los jugadores y se modifiquen algunas de sus reglas con el propósito de hacer del fútbol una actividad más dinámica, más espectacular y entretenida, pero que, a su vez, estos cambios se hicieron con el objetivo de obtener mayores ganancias económicas.

En este sentido, las clases hegemónicas tienen la capacidad de transformarse, adaptarse rápidamente a los cambios y por consiguiente, tienen la capacidad de hacer que los otros hagan las cosas que ellos desean para su supervivencia, intereses y desarrollo. Aquí se centra la fundamentación del poder y la dominación convirtiendo al fútbol no sólo en un mecanismo de poder, sino también, para decirlo en palabras de Althusser en un aparato ideológico del Estado.

“En México se instauró el futbol como deporte hegemónico, los programas televisivos de corte deportivo comenzaron a centrar la mayoría de los temas de análisis hacia este deporte, y si bien, las transmisiones de futbol americano, box o lucha libre están en televisión abierta, las horas de transmisión de estas disciplinas no se comparan al tiempo otorgado al balompié” (Montero, 2014: 6).

En este sentido, me atrevo a establecer un decálogo sobre los mexicanos al grito de gol en los tiempos actuales en su relación con el ámbito político y social: 1.- Facebook, twitter y todas las redes sociales han demostrado tres virtudes intrínsecas en el ciudadano: comentar, exponer y convertir las cosas privadas como algo público. El gusto por el fútbol por ejemplo.

2.- Sabes que un mexicano grita al ritmo de gol cuando paraliza la ciudad y un país entero, cuando festeja con entusiasmo, se pinta la cara y grita ¡viva México cabrones!

3.- Sabes cuándo un mexicano grita a ritmo de gol cuando cree que el futbol y la política son la misma cosa: Pan y circo.

4.-Sabes cuándo un mexicano grita al ritmo de gol cuando la selección o su equipo favorito sale campeón, y bloquea las avenidas principales para festejar, pero crítica y se enfurece cuando un conglomerado de maestros o grupo activista cierra las calles con lemas y pancartas de No a la privatización de la educación pública, etc.

5.- Sabes cuándo un mexicano grita al ritmo de gol cuando confunde al “Peje” con Cuauhtémoc Blanco, bajo el mismo argumento que estos dos personajes son iconos de pueblo pobre y obrero.

6.- Sabes cuándo un mexicano grita al ritmo de gol cuando reproduce, opina y habla igual que un narrador deportivo. Mucha palabrería, nada de fondo en su argumento.

7.- Sabes cuándo un mexicano grita al ritmo de gol cuando asemeja al árbitro con un político: ambos son autoridad delegada, los hay autoritarios, algunos corruptos y poco eficientes.

8.-Los jugadores como los políticos son marionetas de una misma clase.

9.- La política como el fútbol nacen bajo la concepción de un barbarismo necesario. La política necesita fundamentar su barbarismo en el Estado y el fútbol necesita cimentar su barbarismo en los estadios.

10.- El fútbol como la política en sí mismos no son malos. Ambos recrean el conflicto, de la supervivencia, de la competición, de la diversión, de la euforia, del bien y la armonía colectiva. Sin embargo, ambos han caído por la misma senda que los hace ser, hasta el día de hoy, casi semejantes por quienes lo practican: Ambos carecen de credibilidad.

En suma, el fútbol desgraciadamente igual que el poder político se deslegitimó profundamente. Ya que el fútbol al ser moldeado por las élites, lo utiliza como instrumento de enajenación para lograr adeptos que atentan contra el bienestar de toda la sociedad en su conjunto. Es por ello que a menudo después de un partidazo de la selección mexicana o de algún duelo de algún equipo popular como Cruz Azul, América, Chivas o Pumas, al terminar la pasión nos enteremos de noticas como la privatización de algún recurso natural, las muertes de mujeres o alguna nota de tragedia nacional.

Sin embargo, el fútbol como la vida de nuestros tiempos es la fiel expresión de nuestro existir, formamos parte de este capitalismo globalizado, y por ende, de esta modernidad que Zygmunt Bauman llama líquida. El balompié muestra esa susceptibilidad de cambios continuos, modificando realidades y generando pánicos y miedos. También nos muestra esa precariedad de los vínculos humanos en una sociedad ajena, individualista, narcisa y privatizada por los gustos y placeres que produce el consumo, el entreteniendo y la vida ligera. El fútbol forma parte de una sociedad de pocas certezas y violada por la manipulación constante de quienes tienen los hilos de la economía y la política. No obstante y a pesar de ello, el fútbol nunca dejará de ser lo que siempre ha sido, un momento de libertad y diversión.


Colaboración de Quehacer Político

Fotografía tomada de https://www.britanico.edu.pe/blog/wp-content/uploads/2017/10/expresiones-futbol-ingles-britanico-800x400.jpg


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