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Entrevista con Eduardo Nivón

Por: Alvise Calderón Berra

Eduardo Nivón, Doctor en Antropología Social y Presidente del C2 Cultura y Ciudadanía, plataforma de diseño e investigación de Políticas Culturales A.C y colaborador del libro recientemente publicado bajo el título ¡Es la Reforma Cultural, Presidente! (2018). Especialista en temas culturales, nos adentra al gran tema del debate contemporáneo en México: la corrupción. Dos vertientes han surgido ante este discutido tema: la idea del presidente Enrique Peña Nieto, quien diagnostica la corrupción “como un asunto cultural”, refiriéndose a ésta, como una cuestión casi genéticamente aprendida, tal y como serían el gusto por enrollar la tortilla o la necesidad de ponerle salsa picante a los tacos. En la contraparte, se encuentra Andrés Manuel López Obrador, quien dice que con el ejemplo impuesto por su persona y el aumento salarial a favor de los sectores más vulnerables, es factible modificar este “destino fatal”.

¿De qué manera la cultura puede cambiar esta “patología hereditaria” y no sólo esto, sino también de qué manera puede fungir como motor de cambio para transformar la historia trágica reciente de nuestro país, tal y como sería reducir los niveles de violencia que lo aquejan?

¿La corrupción es algo cultural como afirmó EPN en su discurso? Si tomamos en cuenta el compendio de frases vinculadas a este problema, en el haber del imaginario colectivo mexicano se encuentran varias, v.gr.: “El que tranza no avanza”, o “no importa que robe, pero que salpique” O las inmortales frases de Layin, ex alcalde de San Blas, Nayarit, dicha en 2015: “¿Que le robé a la Presidencia? Sí. Le robé poquito, nomás una rasuradita” o “He robado, pero poquito”. O la célebre frase de Carlos Hank González: “un político pobre es un pobre político”.

Yo creo que hay una configuración cultural con respecto a la corrupción, pero que ésta sea inamovible, tampoco lo creo. Pero forma parte de los símbolos que se producen. Es como pensar el significado de las armas en Estados Unidos ¿Son sólo un instrumento para matar o existe una configuración cultural en los Estados Unidos que lo convierten en un dispositivo al que hay que rendir pleistesía? A la Segunda Enmienda la fundamentan como si fuese un principio de observancia religiosa. ¿Eso es un engaño? ¿Demagogia? No lo sé.

¿Es entonces la corrupción un principio religioso en México?

No, pero digamos que hay una configuración que te hace ver distinta la corrupción en México o en los países latinos, que en los países protestantes. Los países latinos dividen claramente la vida pública de la privada y en los países protestantes eso no sucede. Cada individuo debe tener el mismo comportamiento. La infidelidad conyugal es castigada, por ejemplo, en los países protestantes y en los países latinos se considera algo ajeno a lo político. Tú tienes al ex presidente de Francia, François Hollande saliendo del Palacio Eliseo con su casco y su moto yendo a visitar a su amante. Hay formas distintas de observar esto y la corrupción por tanto se mira distinto. Eso no quiere decir que sea un asunto de ADN, pero sin duda la corrupción se mira distinto, como los países africanos tienen su propia visión tribal del poder. El mismo AMLO puede aceptar la corrupción de un aliado, tal y como hacen Ricardo Anaya o José Antonio Meade.

Es un asunto que se mira y se tolera. Los mismos españoles en sus procesos de corrupción se admiran de la defensa que hizo Mariano Rajoy de su equipo y de su presidencia a pesar de las sentencias al sonadísimo caso Gürtel. Y uno dice, esto no pasaría en otros países. En Alemania han caído montones de ministros donde se han encontrado plagios de sus tesis de doctorado. Plagio que encuentran, ministro que sale. En España, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, inventó un master que nunca tuvo y lo sostuvo, y aún tiene “el morro” como dicen ellos de enfrentarse a la oposición, diciendo “tengo un papel que me hicieron para demostrarlo”. Sin duda hay una mirada distinta que obedecen a configuraciones culturales. Esto no quiere decir que sean eternas. Además tampoco hay por qué tolerarla, pero no hay duda de que son visiones distintas.

¿Entonces Peña Nieto tiene razón?

Si Peña Nieto emplea ese argumento para justificar todas sus acciones, no me parece correcto. Pero sin duda creo que hace falta una configuración cultural. Tiene que haber una superación de esto. Aunque es más difícil en una circunstancia donde hay mucha pobreza. Donde la vida se resuelve con el día a día y no se tiene visión a futuro. Esa idea de que si hay una oportunidad para resolver tu necesidad inmediata, tómala porque no sabes lo que vas a tener mañana. Es el argumento de que los pobres no piensan en el mañana. Por eso dinero que les cae, dinero que se quema. La clase media tiene visión de ahorro, los pobres no piensan en el ahorro y es ahí donde está también la corrupción. Si te encuentras un teléfono en la calle no piensas de quien es, o voy a devolverlo. Lo que se piensa es voy a venderlo. Esto no es robo, me lo encontré. Pero no buscas al dueño. Esas son cuestiones de las oportunidades de esta visión.

¿De qué manera la cultura puede combatir la corrupción?

El problema es creernos de que hay leyes y que hay justicia. El problema es que en los países latinos es un marco de negociación. La ley en los países protestantes es un mandato, rige las conductas y cualquier violación mínima es punible, se castiga. En los países latinos es un amplio marco en el que te mueves. La ley es un castigo para los malos pero la ley tú la puedes manejar. Por eso el dicho: “A mis amigos todo y a mis enemigos la ley”. La ley es un amplio marco de negociación. Los reglamentos son un amplio marco de negociación que difiere de la visión kantiana de la ley, ese breve artículo de Kant sobre la mentira. Hay un individuo que está huyendo porque lo están intentando asesinar y tocan a tu puerta y te preguntan “¿está fulano?”. Y Kant se pregunta si se tiene que mentir en tal circunstancia y Kant dice que No. En ninguna situación se puede mentir. Esta reflexión kantiana sobre la norma, es una reflexión que no existe acá.

¿A qué se refiere con ciudadanía cultural?

Por ciudadanía cultural se pueden entender como una ciudadanía que participa de programas de desarrollo social, como la defensa del medio ambiente y la toma de conciencia de individuos dentro de la sociedad sobre su papel. En Brasil, un sociólogo americano, James Holston, que ha trabajado en ese país lo llama ciudadanía emergente. Un ejemplo de ello, citado por este autor, son las filas de los bancos, donde hay una fila para clientes VIP y otra para los que no lo son. Lo que él dice, es que muchos de los ciudadanos en tiempo de Lula comienzan a agarrar conciencia de por qué el dinero va a marcar de manera distinta la atención en un banco. Entonces empiezan con una protesta dentro del banco. Lo que plantea, es que nadie puso en el centro una reivindicación de ese tipo. Pero los movimientos sociales que se han impulsado terminaron por producir una dignidad o conciencia distinta de las personas. En ese punto surge una ciudadanía cultural.

Un concierto te permite observar las diferencias sociales y al mismo tiempo el concierto genera una reflexión sobre las distintas maneras de acceder a ese bien público. Los conciertos que organizó Alejandro Aura a fines de los 90’s durante el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas, yo creo que fueron fundamentales. Por ejemplo, conciertos de rock, si consideramos que este género estaba vetado por las gestiones priístas. Aura lo que dice, es que al no haber un género vetado, nos permite repensar de lo que se tiene derecho, en este caso, en poder escuchar todos los géneros musicales que deseemos.

Decir que va a venir un artista durante tres días en el Auditorio Nacional pero nos va a dar un concierto gratuito. Lo que empezó por ser una política compensatoria para los pobres terminó en convertirse en una política de convivencia de muchas clases sociales. El consumo cultural no solo se convierte en un elemento que te satisface interiormente, sino que te produce una idea de que todos tenemos igualdad de derechos e igualdad de obligaciones y dignidad.

Se habla de la cultura, como la panacea para modificar casi todos los problemas que aquejan a nuestro país, inclusive enfrentarnos al presidente que por antonomasia es el gran promotor de muros culturales y económicos. Siendo así, ¿qué puede hacer la cultura, de facto, con ejemplos, para modificar la relación con el mandatario estadounidense?

Ya desde la firma del TLC se decía que la asimetría entre México, Canadá y Estados Unidos no era solo económica sino cultural. Inclusive la forma de mirar la relación con el dinero o la riqueza es muy distinta. Para la sociedad protestante la riqueza es fruto de la virtud, para la sociedad católica la riqueza es fruto del pecado y es por eso que la gente se avergüenza. Por eso es tan difícil en México preguntarle a la gente cuánto gana, porque la gente lo oculta. Ahora decimos que es por seguridad, pero lo oculta porque se considera que la riqueza no es buena. En cambio en la sociedad americana, la riqueza es producto de la virtud y por lo tanto se puede anunciar. Porque si eres rico eres virtuoso, aquí en México no. Estos son contrastes muy fuertes y la verdad, pensar que la cultura nos defiende será difícil. Lo que si nos puede defender es una visión amplia y plural de la cultura. Pero ampararnos en valores tradicionales mexicanos, yo creo que no es necesariamente una buena estrategia.

Muchos estudios sobre la esperanza, la añoranza, nos invitan a reflexionar. Por ejemplo, recuerdo hace 15 o 20 años, una de las preocupaciones en el caso de Zacatecas, que era uno de los principales estados en vivir de las remesas, que el dinero enviado por los migrantes estaban disminuyendo y la principal explicación que estaban dando los demógrafos era que la aspiración de los migrantes no consistía en volver a México, sino llevar a su familia allá con ellos, a los Estados Unidos. De tal manera que habían tenido tanto éxito que ya no tenían a quien mandar remesas. Por eso decían que las remesas estaban disminuyendo. Lourdes Arizpe quien ha estudiado el caso de las mujeres migrantes y ha hecho campo con ellas, ha comentado cómo los mexicanos añoran muchos aspectos de la sociedad mexicana; la cocina, la música, ciertas costumbres, las fiestas. Pero las mujeres aparte de añorar este tipo de cosas, ellas preferían quedarse en los Estados Unidos. Yo creo que lo ha provocado mucho en materia de política cultural, es que el gobierno mexicano se ha asignado un rol paternalista sobre los migrantes. Y yo creo que el paternalismo no cabe ya. Lo que cabe es el diálogo con las sociedades migrantes, pero proteger a los migrantes eso ni lo puede hacer, ni creo que sea el deseo de los migrantes. Sí creo en el diálogo con las sociedades migrantes y con la posibilidad de incorporar elementos de su experiencia a México.

Retomando la pregunta anterior, se habla de la cultura, como el gran motor de cambio para la violencia que aqueja a nuestro país. ¿De qué manera es posible cambiar con cultura la violencia? Ejemplos.

La cultura tiene un poder muy grande, yo diría que para resolver la violencia, sería importante generar escenarios para la reconciliación. Son escenarios efímeros. En un funeral, una familia que esté peleada con otra, puede ser que cuando llegue el sepelio la familia se reconcilie. No sabemos bien cómo puede funcionar eso. Hay muchos ejemplos muy interesantes. No es algo nuevo, desde hace mucho tiempo existen las treguas religiosas, las treguas de Navidad. Se han hecho famosas las escenas de los combatientes durante la Primera Guerra Mundial, cuando los soldados en el período de Navidad se juntaron. Si te fijas eso empezó en las primeras Navidades. Eso ocurrió en la Navidad de 1914, pero cuando llegó la Navidad de 1917 esa fusión no fue tan fácil. Las treguas olímpicas, incluidas las últimas han tenido un cierto éxito. Los casos reportados en América Latina han sido fiestas patronales, regionales. En la que hay una especie de tregua para que pueda haber fiesta. Qué tanto eso contribuye a inhibir la violencia, es algo que no se tiene claro. Lo que sí sabemos es que hay que atacarla desde múltiples lados. Yo si le doy mucho valor al sentido performático de la cultura, en término de poner en evidencia el escenario del conflicto y encontrar una manera de dialogar sobre el conflicto que no sea directamente con la violencia.


Colaboración de Quehacer Político

Fotografía tomada de https://www.iteso.mx/web/general/detalle?group_id=2936408


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