parallax background

El (falso) discurso del cambio

Las cosas no son siempre lo que parecen
mayo 15, 2018
Prioridad: la nación mexicana
mayo 21, 2018

El (falso) discurso del cambio

Por: Arturo Hernández Cruz


Como cada seis años, el actual proceso electoral no puede ser la excepción en cuanto al contenido estéril del discurso político de los precandidatos a la presidencia, incluyendo a los independientes. Sin distinción, todos promueven planteamientos fantasiosos que, por sentido común, caen por su propio peso. Entre ellos, destaca la idea del cambio social y político si tal o cual candidato resulta vencedor.

Por principio de cuentas, esta tesis se invalida si echamos un vistazo a nuestra estructura jurídico-política. Durante prácticamente ocho décadas (1917-1997) la idea sobre la división de poderes y la dinámica de los pesos y contrapesos en nuestro país fue letra muerta. En esta etapa la figura del presidente de la república se encontró por encima de cualquier otro actor político.

De hecho, durante la etapa de partido hegemónico en México, tal como explicó Daniel Cosío Villegas en El sistema político mexicano (1973), las dos piezas fundamentales fueron el partido oficial y el titular del Poder Ejecutivo. El resto de los actores políticos, así como de principios constitucionales, eran meramente figuras simbólicas y normas abstractas, respectivamente.

En efecto, durante dicho periodo el presidente y el partido oficial controlaron los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, por lo que el destino del país -por lo menos hasta antes del agotamiento del Estado benefactor en México- estuvo supeditado a estos actores.

Ahora bien, en las postrimerías del siglo XX observamos cambios sustanciales que desembocaron en la apertura política, la alternancia partidista en los niveles de gobierno municipal, estatal y federal, la reconfiguración en el sistema de partidos, la creación de organismos autónomos (electorales, de transparencia y rendición de cuentas, de derechos humanos, etc.) y la incorporación del estado mexicano a entes supranacionales como el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

En consecuencia con lo anterior, hoy las estructuras políticas han cambiado. Hemos transitado de un sistema centralizado, super presidencialista y de partido hegemónico a un sistema de separación de poderes, con pesos y contrapesos, en el que prevalecen los gobiernos divididos, es decir, aquellos en los que el partido político del presidente ya no es mayoría en el Congreso.

En efecto, la agenda de gobierno ya no depende de una sola persona, ni mucho menos de un solo partido político o coalición partidista. Así lo demuestran los últimos tres sexenios: en el primer sexenio panista los legisladores de los partidos Acción Nacional y Verde Ecologista de México no lograron ser mayoría en el Congreso, por lo que por sí mismos no tenían posibilidad de realizar cambios a la Constitución. Lo mismo sucedió en el segundo sexenio panista: los partidos políticos que encabezaron la coalición partidista triunfadora tampoco se bastaban a sí mismos para aprobar reformas constitucionales. Si bien hubo reformas menores, no trascendieron aquellas consideradas como "estructurales", tal como la energética de 2008.

En cambio, la actual administración priísta –considerando un eventual contexto de gobierno dividido- le apostó, desde un principio, a la negociación política (materializada en el Pacto por México) con las principales fuerzas partidistas de oposición con el objeto de realizar un conjunto de reformas constitucionales. Es decir, en el actual contexto la única vía para definir una parte de la agenda de gobierno es la negociación política entre diversos actores.

Además, hoy en día existen instrumentos de control de constitucionalidad -tales como el juicio de amparo, la acción de inconstitucionalidad y la controversia constitucional- y convencionalidad que permiten revisar e interpretar si las decisiones de los poderes públicos son acordes o no a los principios constitucionales, así como a los principios establecidos en los tratados internacionales.

Por lo tanto, actualmente las decisiones de los poderes públicos, así como la agenda de gobierno, ya no dependen sólo de actores sociales y políticos como el presidente, los partidos políticos en el gobierno y los partidos de oposición, sino además de nuevos actores como la sociedad civil, los organismos públicos autónomos, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, etc.

De modo que, les guste o no, la tesis sobre el cambio que ofrecen los tres precandidatos de las coaliciones partidistas, así como los independientes, si tal o cual resulta ganador es una ficción, en virtud de que los tiempos del super presidencialismo mexicano o la etapa de partido hegemónico han quedado atrás.

Revista Quehacer Político


Fotografía tomada de https://redcompol.com/la-radicalizacion-del-discurso-politico-lados-del-atlantico/discurso-radical/

Por: Arturo Hernández Cruz


Comments are closed.