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¿Qué hay de peligroso en que los candidatos hablen?

Por: Dulce Reyes

Nadie podrá medir el poder que oculta una palabra
Alex Grijelmo
Las palabras abrigan la dominación, la violencia, la discriminación, la sumisión, las guerras. Son las palabras las que ayudan a los tiranos e ignorantes a arribar al poder, a los villanos a liderar a una familia o una empresa y a los sumisos a la suela del zapato del opresor, pero también son las palabras las que desempolvan conciencias, levantan grandes edificaciones, ayudan al otro y las que empujan movimientos de libertad y dignidad.

Las palabras son más que una palabra. Forman parte de una significación individual y social. Como diría el reconocido sociólogo francés Pierre Bourdieu, forman parte de “la maquinaria oculta que permite producir efectos simbólicos de imposición o intimidación”.

De esta manera, esa maquinaria oculta se encuentra hasta en la sopa. Es decir, a diario topamos con múltiples significados disfrazados de palabras, pues nuestra naturaleza de seres “pensantes”, como a algunos les gusta llamar a los humanos, nos lleva a una constante comunicación con los otros. Sobre todo en tiempo de campañas electorales, pues los candidatos usan las palabras indiscriminadamente y las ensucian. ¡Los discursos políticos en tiempos de campañas sí son un peligro para México!

Michel Foucault en su libro “El orden del discurso”, nos permite comenzar a entender lo que los políticos pareciera que no entienden cuando hablan, o lo entienden tan bien, que son perversos al abrir la boca. Dice el teórico francés que en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad. Es decir, que los discursos no son genuinos, sino que se emiten con una intencionalidad, proveniente de una forma de control.

Así, el debate del pasado 22 de abril, estuvo lleno de significados a nivel individual y social, pero también de muchos peligros. No basta con decir que todos estuvieron en contra de AMLO, o que fue un debate carente de propuestas, o que Margarita Zavala no estaba preparada y no sabe hablar, o que el candidato del PRI no salía de “Soy José Antonio Meade” y le falta carácter, o que Anaya “está chavo”, o que El Bronco es un absurdo y “mochará” las manos de los delincuentes. No basta con abordar el tema de manera simple y concluir con un “Ni a cual irle”, “De todos no se hace uno” o “Y pensar que alguno de ellos será nuestro Presidente”.

Los cinco candidatos que nos roban el sueño, tienen un discurso perverso que está escondido en sus chistecitos y sus repeticiones agobiantes. Es peligroso, por ejemplo, que Margarita Zavala se diga mujer feminista con un discurso por demás conservador y vacío. Es peligroso que José Antonio Meade insista en que la estrategia debe seguir siendo violenta y cierre las puertas a otra forma de resolver la inseguridad y la violencia. Es peligroso que El Bronco ostente un discurso machista y violento, sólo por darle teatralidad barata a la contienda electoral, restar votos a quien se encuentra adelante en las preferencias y ser un apoyo más para el PRI. Y también son peligrosos los silencios y temas no abordados por AMLO en el debate, porque deja de lado la necesidad de México de escuchar a alguien gritar la desesperanza que se siente en las calles.

Un debate a nivel nacional no es poca cosa, son dos horas en las que los candidatos nos llenan de ideas de odio y escupen cifras y palabras sin ningún sentir, con el único objetivo de ganar el poder. A eso se le llama demagogia, una estrategia basada en la falsedad, cuyo fin es convertir al pueblo en un instrumento de ambición política. Entonces, ¿qué hay de peligroso en que los candidatos hablen? Su intencionalidad, su lucha de grupo por el poder, su falta de empatía con la gente, su ferviente necesidad de brillar o salir a la luz, su egoísmo exacerbado y su falta de amor por México.

No hay sentir en sus palabras, por tanto, no hay palabras genuinas. Son discursos que llenan un tiempo de debate, pero no llenan los corazones rotos de las familias que buscan a sus desaparecidos, de los jóvenes con empleos precarios, de los niños explotados sexualmente, de las mujeres que piden justicia por sus hijas asesinadas, de los estudiantes que no pueden pagar sus colegiaturas, de los activistas que necesitan otra mano amiga, de los ancianos que trabajan desde temprano afuera del metro de la ciudad, de los pobres que no ven más salvación que los programas sociales, de los periodistas que huyen de México para sobrevivir, o de los empleados de gobierno que ya se cansaron de someter su dignidad. No hay palabras de aliento, ni de rabia, ni de angustia, ni de necesidad, ni de sinceridad. Tan sólo hay palabras de control, dominación e ignorancia.

Por tanto, señores candidatos, abrir la boca sin prever lo que origina esa palabra, ni las consecuencias que tendrá en quien la escucha, es como amenazar al otro con un arma, sin piedad. Es amenazar a nuestra sociedad a vivir con ese significado eternamente y ser esclavo de él. ¡Las palabras usadas en su guerra sucia son un peligro por sí mismas, laceran al país!

Mexicanos, cabe hacer el análisis más profundo y no permitir que ellos nos separen, que es también otro peligro que afrontamos.



Fotografía tomada de http://buenas-noticias.mx/2018/04/amlo-blanco-principal-de-ataques-en-primer-debate-asi-llegan-los-candidatos/

Por: Dulce Reyes


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