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La educación no es una mercancía

Por: Dulce Reyes

La escuela no es una empresa o una fábrica. Los alumnos no son obreros ni recursos humanos. Los profesores no son supervisores de producción. Los salones no son una planta de envasado. Los coordinadores de carrera no son jefes de almacén. Los libros y programas educativos no son manuales. Las materias escolares no son áreas de la empresa. El conocimiento no es materia prima. La educación no es una mercancía.

Lo que sucede en las escuelas va más allá de una visión reducida de la educación, es un complejo entramado de relaciones sociales y de aprendizaje, que conlleva una serie de elementos formales e informales dentro de ésta. Es decir, se requieren programas educativos, planeaciones, informes, exámenes y demás elementos palpables para medir lo que se realiza diariamente en los salones de clases, pero también se requieren elementos no medibles, no palpables, no formales, y a veces no visibles, para que la práctica de enseñanza-aprendizaje se logre de manera armónica, como la sensibilidad, el compromiso, la confianza, la tolerancia, las relaciones interpersonales, la comunicación efectiva, así como el interés, la concentración, la aplicabilidad del conocimiento en la resolución de los problemas de la vida cotidiana y mucho más.

En la actualidad, algunos sectores sociales, políticos y económicos, buscar desvirtuar la educación. Recientemente se ha incluido un método propio del ámbito deportivo o empresarial, que trabaja bajo una visión competitiva y pretende lograr metas que lleven al éxito del equipo o de la empresa: el coaching. En este ámbito se le ha denominado coaching educativo y proviene de una racionalidad capitalista estadounidense.

El contacto que tuve con esta forma de ver el mundo, lamentablemente sucedió en una universidad pública, supuestamente de corte social, pero con intereses políticos y económicos evidentes. En marzo, la Universidad Autónoma del Estado de México, ofreció el curso Coaching educativo con enfoque en tutoría, impartido por Raúl Aranda, y ha sido uno de los momentos de más sufrimiento en mi vida, pues se usaron palabras por demás elitistas, mercantilistas y excluyentes, algo que transgrede radicalmente el contexto educativo nacional, que es complejo y vulnerable.

Se alardeó tanto del liderazgo, la planeación estratégica, la productividad, la flexibilidad y la competitividad, que me hizo sentir en una charla impartida en cualquier empresa norteamericana transnacional y no en una universidad. Jamás se habló con un lenguaje cercano al humanismo, intrínseco al tema de la educación. Incluso, se recomendó a los maestros que “identifiquen a los alumnos inteligentes y flojos, para encausarlos al éxito”, pues se dijo, hay cuatro tipos de personas: las flojas y tontas, las activas y tontas, las inteligentes y activas y las inteligentes y flojas. Se hizo énfasis en que después de identificar a ese grupo de personas, los profesores deben dirigir sus esfuerzos a ellos, pues son quienes dirigirán las empresas y serán líderes. ¡Indignante una racionalidad así en un el ámbito educativo, pues se abona a la exclusión, la deserción escolar y no a la democratización de la educación!

Cabe recordar algunas cifras: de los aproximadamente 35 millones de estudiantes que hay en México en todos los niveles, hubo una deserción de más del 23 por ciento global tan solo entre 2015 y 2016. En primaria fue del 0.5%, en secundaria del 4.2%, en media superior del 12.1% y en educación superior del 6.8%, según datos de la SEP, publicados por El Universal, en un artículo cuyo título dice más que mil cifras: “Deserción escolar, infrenable: SEP”. Así las cosas. Mientras tanto, los maestros de la educación nacional están en cursos que les sugieren abonar a estas cifras, más que luchar cada día por reducirlas.

De esta manera lacera a la educación el pretendido uso del método de entrenamiento dirigido a la productividad –coaching-, que es considerado por los críticos como una nueva manera de estafa, pues no sólo ofrece cursos de superación personal, emprendimiento y mejora de autoestima, sino que ahora se busca implementar en la educación, una labor que se acerca más al humanismo que al mercantilismo. Por ello, dudo que el coaching educativo pueda realizar aportes positivos y sustantivos a la educación mexicana, pues la práctica educativa no es una mercancía -a pesar de que las escuelas particulares han tenido un auge en los últimos años, el aprendizaje sigue siendo el tema central-. La educación mexicana requiere de pasión, compromiso, conocimiento, desarrollo de la conciencia y de las potencialidades humanas, y no de una visión empresarial que fácil y perversamente trastoca los cuatro pilares de la educación que establece la UNESCO: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir y aprender a ser.


Apreciado/a profesor/a,
soy un superviviente de un campo de concentración,
mis ojos vieron lo que ningún hombre debería presenciar:
cámaras de gas construidas por ingenieros instruidos,
niños envenenados por médicos profesionales,
niños muertos por enfermeras profesionales,
mujeres y recién nacidos muertos a tiros y quemados por graduados
en altas escuelas mayores y universidades.
Por tanto, sospecho de la educación.
Mi petición es: ayuda a tus estudiantes a llegar a ser personas.
Tus esfuerzos nunca deben producir monstruos, hábiles psicópatas, futuros Eichmans.
Leer, escribir, la aritmética… son importantes tan sólo si sirven para hacer a nuestros hijos más personas.
(Supple, 1993; en Vinyamata, 2003: 37)

La pregunta es: ¿El coaching educativo busca ayudar a los estudiantes a ser más personas? No.




Fotografía tomada de http://www.educacionyculturaaz.com/wp-content/uploads/2013/11/Regreso_a_clases_Cualiaca769n_-6.jpg

Por: Dulce Reyes


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