parallax background

Linchar para sobrevivir

febrero 2, 2018
Lo resolvido y lo resuelto
Lo resolvido y lo resuelto
enero 30, 2018
La falsa belleza de una ciudad
La falsa belleza de una ciudad
febrero 2, 2018

Linchar para sobrevivir

Por: Dulce Reyes

La violencia no es natural, es una construcción social,
en la que se involucran diferentes aspectos
que dan forma a las sociedades.
Los mexiquenses sabemos que el Estado de México es el más poblado del país, que es de los más industrializados de México, pero sobre todo sabemos que algo ha cambiado en los últimos años. La percepción de la violencia es mayor, nos asaltan a cada rato, nos matan por ser mujeres, se explota a niños y ancianos, las casas cada vez requieren mayor seguridad y las zonas industriales han generado espacios amplios de soledad y rapiña. El Estado de México es el más poblado, sí, pero también de los más difíciles para sobrevivir.

“En esta cuadra, ratero que agarramos, en la madre le damos”, “Ratero que se le sorprenda asaltando será linchado por los vecinos”, “Zona protegida por vecinos vigilantes. ¡Cuidado! Te estamos observando”. Éstas son algunas leyendas que se pueden encontrar en comunidades del Estado de México. La zona cercana al Nevado de Toluca, conformada por San Juan Tilapa, Santiago Tlacotepec, San Felipe Tlalmimilolpan, Calimaya, San Juan de las Huertas, Santa María Nativitas, San Lorenzo Cuautenco, entre otras, al tener fuertes prácticas comunitarias, se ha convertido en su propio guardia, han desarrollado algunas acciones propias de seguridad, que están dando frutos.

En el último año se han presentado una serie de eventos delincuenciales en esta zona, que arrastraron a los habitantes a defenderse por sí mismos, pues las autoridades están ausentes, en complicidad, o cuidando la casa del Gobernador. Se organizaron reuniones vecinales para discutir el problema, se colocaron algunas lonas con fuertes amenazas hacia los rateros, e incluso, se crearon grupos de Whatsapp para mantenerse informados sobre cualquier situación sospechosa en su colonia. La maquinaria comunitaria se echó a andar.

“Ese es trabajo del Estado”, dicen unos. “Denúncienlos y que la policía se haga cargo”, dicen otros. Lo cierto es que eso no está funcionando, la gente se siente insegura en sus colonias, calles, parques y casas. Ni la denuncia ni la policía han podido disminuir esa sensación que carcome. Sin embargo, cabe preguntarnos y contestarnos: ¿Violencia resuelve violencia? ¿Linchamientos resuelven delincuencia? ¿Organización social resuelve inseguridad? ¿Los delincuentes son los culpables? ¿Qué hay detrás de esos actos inaceptables y dañinos? Tratemos de analizar el problema.

La delincuencia es un fenómeno social que tiene un origen, no en tiempo ni en espacio, sino en la esencia de la acción. En primer lugar, la pobreza no está directamente relacionada con la delincuencia, es decir, no todos los delincuentes son pobres ni viceversa. En segundo lugar, no todos los delincuentes son de la ciudad o del campo, sino que existen en diversos contextos. Y en tercer lugar, la delincuencia es auspiciada por el sistema político y económico. Ello se explica de la siguiente forma:

La impunidad que ha permitido el gobierno mexicano; la miseria en que ha sumido a las regiones rurales, urbanas y semiurbanas; y la precarización y explotación laboral a la que se enfrentan jóvenes y adultos, son formas de la violencia estructural que proviene de un sistema, de una estructura, de una forma de hacer las cosas que es por demás ofensiva.

La violencia estructural es difícil de percibir, tampoco se puede identificar al agresor, pues es una forma de proceder que no puede señalar a una sola persona como el opresor. Se puede entender como injusticia social, desigualdad, control o represión. Francisco Muñoz, estudioso de los temas de paz y conflicto, refiere que la violencia estructural es “un tipo de violencia indirecta que hace que muchas de las necesidades de la población no sean satisfechas cuando, con otros criterios de funcionamiento y organización, lo serían fácilmente”. Es decir, la delincuencia no es culpa del delincuente, ni de la familia que lo educó, sino de una serie de acontecimientos que lo han arrastrado allá, en los cuales, se incluye también la familia y la propia decisión, pero no son los únicos orígenes. La delincuencia es una representación de la violencia ejercida por un sistema político y económico que nos golpea a todos y que ha permitido que esa percepción de inseguridad en el Estado de México y en todo el país, crezca.

Entonces, una sociedad que se organiza para resguardar su seguridad, no es víctima de los delincuentes, sino de la violencia estructural que ha sido permitida por las instituciones del Estado, que no ha sido afrontada de raíz, y que peor aún, germina en tierra fértil. Tampoco el delincuente es delincuente porque quiere, es más complejo el fenómeno, hay condicionamientos sociales, culturales, económicos y políticos que vuelven a una persona delincuente. Nadie nace siendo ratero, el ratero se hace en sociedad. Luego entonces, no hay que combatir al ratero, sino a la estructura que lo genera. El linchamiento no tendría que ser contra una persona, sino contra un modo de ver y hacer las cosas. Eso sería una buena forma para comenzar con la erradicación de la inseguridad y la construcción de escenarios tendientes al bienestar.


Ilustración por Blanca Reyes Gutiérrez

Por: Dulce Reyes


Comments are closed.