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¡Apoyo el grito!

Por: Dulce Reyes

Apoyo el grito de indignación, de repulsión, de placer, de impotencia, de rabia, de necesidad, de urgencia, de dolor, de independencia. Apoyo el grito que busca un cambio genuino para todos. Apoyo el grito porque desde su origen ya se escucha fuerte, porque busca destapar los oídos de los sordos o casi sordos. Apoyo el grito del nacimiento, porque desde entonces dejamos de aceptar un mundo injusto, porque tal vez también nuestro origen es ese. Apoyo el grito, el tuyo y el mío.

“Zapata vive, la lucha sigue", "Vivos se los llevaron, vivos los queremos", "Ni una muerta más", "Mueran los gachupines", “Te amoooooo”, “No te calles”, “Viva México, cabrones”. Gritos como esos y muchos más que desgarran las gargantas con la profundidad de sus significados.

Algunos creen que cuando gritamos lo hacemos porque el otro está lejos, para que nos oiga, para que sepa que seguimos aquí. Otros piensan que gritar es una falta de respeto, una agresión, que es una forma poco correcta de expresarse. Aunque creo que la definición de la Real Academia Española es sencilla pero muy acertada: “Levantar la voz más de lo acostumbrado”. Pero gritar es también una forma de indignación, y como decía el escritor y periodista mexicano, Carlos Monsiváis, “Si perdemos la capacidad de indignación, perdemos todo vestigio humano”. Luego entonces, el grito es el reflejo de lo humano.

En la actualidad, la gente grita porque el silencio no ha funcionado, porque hablar bajito tampoco ha tenido eco, porque decirlo a las espaldas, menos. ¿Y cómo no gritar en momentos de desfalco? ¿Cómo no hacerlo en momentos de asesinato, de represión? ¿Cómo callar en una etapa puramente cínica de la historia de México? Tan sólo el asunto de las Estafa maestra ha mostrado que el gobierno federal no sólo ha defraudado a los mexicanos con su ineptitud y su ignorancia, sino también ha desfalcado las arcas de la nación que tanto trabajo cuesta mantenerlas medio llenas o medio vacías. Los contratos ilegales por 6 mil 670 millones de pesos que la investigación de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad y Animal Político nos ha permitido conocer y corroborar, son apenas un caso de la cantidad de formas creativas y perversas para desviar recursos públicos. Además, como es bien sabido, el sistema político mexicano actual es corrupto y corruptor, a tal grado que ha logrado manchar la imagen de 11 dependencias y algunas Universidades públicas, como la Universidad Autónoma del Estado de México, a través de un proceso interno de política priísta que ha permitido colocar en puestos estratégicos a licenciados, maestros y doctores en corrupción.

Mientras tanto, la sociedad está urgida de una poco de seguridad real, pues los asaltos, violaciones, feminicidios, asesinatos y desapariciones, están a la vuelta de la esquina. Tan sólo de 2006 a 2017, han desaparecido 5 mil 452 niños, según datos de la denuncia que organizaciones sociales presentaron recientemente ante el grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la Organización de Naciones Unidas. De ellos, muchos seguramente ya no pueden gritar, porque están muertos de miedo, o tan sólo muertos.

Por ellos, por todos los indignados y por quienes les han callado la boca, apoyo el grito de rabia, el que no se deja, el que está cansado, desgarrado de tanta intimidación, corrupción, impunidad, violencia, marginación, sometimiento. Apoyo el grito que busca ser escuchado, el que trasciende las fronteras y hasta a los libros de historia. Apoyo el desgarre de la garganta porque es la representación de que en el cuerpo hay algo que ya no cabe.

Desde el nacimiento gritamos, ¿será porque estamos destinados a ello? Sí es así, entonces, ¿por qué callamos la mayor parte de nuestra vida? ¿Por qué cerramos la boca ante la arbitrariedad y la barbarie?

Aunque es verdad, no sólo se grita con la voz y la garganta sintiéndose libres, sino que a veces se grita de otras formas, con las acciones, con poemas o con amores. A veces gritamos luchando, exigiendo, llorando, persuadiendo. Porque cada grito representa también la sociedad en la que nos encontramos, cada grito es el no silencio, es el no estar de acuerdo, es una incomodidad en los tobillos, una piedra en el zapato o una llama en el corazón. México se enciende con el grito de Independencia, pero ese apenas es uno que las páginas de la historia encierra. Si escuchamos los gritos del presente, nos ensordeceremos, pues son como un barullo de dolor. Así, porque estamos lejos, porque somos sordos o porque nos desconocemos, gritamos fuerte para retornar la esperanza en la justicia. Gritamos porque somos humanos, porque sentimos y a veces también lloramos. Gritamos porque el grito es una forma de la democracia. ¡Gritemos, pues!


Ilustración: Blanca Reyes Gutiérrez

Por: Dulce Reyes


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