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El miedo que cunde

Por: Dulce Reyes

¿A qué le temes? Es una pregunta frecuente en las charlas de amigos o por las noches antes de dormir. ¿A qué le temes realmente? A la soledad, a la muerte, a la vejez, a la incertidumbre, al fracaso. Eso es lo que decimos. Sin embargo, actualmente las acciones de las personas me hacen pensar algo distinto. Ahora le tememos al otro, al que está al lado, al que es como nosotros. ¿Por qué? ¿Qué significa que no podamos dar con confianza la hora cuando alguien nos la pregunta en la calle? ¿Qué significa que pongamos púas por toda la casa y aún así nos acostemos con miedo? ¿Qué significa que prefiera no salir ni a la esquina de noche a mirar la luna? Miedo al otro, es la idea de hoy. A veces pareciera que los miedos de antes han quedado opacados por la terrible ansiedad que nos genera ese otro, quien sea y con las características que tenga. El problema más grande aquí es que ese otro no es singular, sino plural, son todos los otros, los que no soy yo. La desconfianza actual es hacia todos los demás.

Y es que México se ha convertido en la cuna del miedo, éste ha trascendido todos los espacios, las clases sociales, las creencias, las preferencias sexuales, las ideologías, los colores de piel. En México, las desapariciones forzadas han llegado a niveles abrumadores, pues en los últimos años han desaparecido más de 30 mil personas, de acuerdo con el representante de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en México, Jan Jarab. De ellos, 7 mil son menores de edad. Por activistas, por enemigos del Estado, por pensar como quieren, por buscar la justicia, por ser jóvenes, por ser estudiantes, por luchar, por eso, ahora ya no están.

También los feminicidios se han convertido en una carta de presentación de México ante el mundo, pues tan sólo en 2016, el Observatorio Ciudadano en Contra de la Violencia de Género, Desaparición y Feminicidios en el Estado de México (Mexfem), contabilizó 263 asesinatos de género en el Estado de México, de los cuales, 39 sucedieron en Ecatepec, el municipio donde el miedo es el que gobierna. Los últimos casos han causado repudio, pero sobre todo, más miedo de ser mujer, de caminar por las calles, de tener una pareja, de hablar con un extraño, de trabajar en un nuevo lugar. Mariana Joselin de Ecatepec y Jessica Pedroza de Xonacatlán, ambas del Estado de México, asesinadas brutalmente en días recientes, son apenas una gota, en el mar de sangre, de rabia y seguramente, de impunidad.

México también es representante del abuso sexual, violencia física y homicidios de niños, niñas y adolescentes menores de 14 años, según la OCDE. Aproximadamente 60 por ciento de los más jóvenes en México ha sufrido maltrato en algún momento de su vida, 5.5 por ciento de índole sexual y 16.6 por ciento de tipo emocional, según la UNICEF. Pero éstos no son solo números, son dolor, es daño de por vida, son heridas en la sociedad, son familias destruidas y vidas apagadas. Y la gente se atreve a culparlos y dice no saber por qué ocurren los suicidios en la juventud, por qué la tecnología ha absorbido a nuestros niños, por qué prefieren no confiar ni en sus padres.

Algunos dirán que no son cifras oficiales, que los familiares de los desaparecidos deberían dejar de buscarlos, que son homicidios no feminicidios, que se fueron con el novio, que “a mí nada me ha pasado”, y muchas opiniones más. Lo cierto es que el tema de la falta de seguridad y de confianza excede los conceptos, la teoría, pues la realidad nos ha desbordado, nos ha hecho tomar justicia por nuestra propia mano, e incluso ha incentivado el mercado del miedo con la compra de múltiples aparatos de “falsa seguridad”.

Miedo a ser, miedo a estar, miedo a intentar y a no hacerlo, miedo a gritar y a callar, miedo a ella y a él, y al otro también, miedo porque te vistes de una forma y de otra, miedo porque buscas, miedo a salir, miedo a amar, miedo al control y a la libertad también. El miedo está en movimiento de cuerpos estáticos, que los atormenta y cambia su dinámica de vida, sus pensamientos, sus sentimientos, sus deseos, sus capacidades. Miedo incluso a seguir aquí, miedo a ti, miedo a mí. Los cientos de casos de violencia, los robos a mano armada, el acoso escolar y laboral, los asaltos en el transporte público, la falta de oportunidades, el rompimiento de redes sociales, familiares y amorosas, la discriminación, el rechazo, la exclusión, la impunidad, el fraude, son el pan de todos los días, el alimento de ese sentimiento atroz, que no nos permite gritar ni de rabia, porque cuando intentamos hacerlo, nos da miedo que nos puedan callar con una bala. Así estamos, temerosos de lo que pueda pasar, no porque sea una creación de nuestra mente, sino porque es la realidad, porque a diario las calles, las casas, las escuelas, las oficinas, pero sobre todo, el Estado, están llenos de angustia y vacíos de humanidad.


Fotografía tomada de https://static6.depositphotos.com/1062793/543/i/950/depositphotos_5432759-stock-photo-barbed-wire-fence-protection-isolated.jpg

Dulce Reyes

Comunicóloga y Maestra en Estudios para la Paz y el Desarrollo


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