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La felicidad establecida

Por: Silvia Megías Ortiz

Nos estamos acostumbrando en los últimos tiempos, a establecer normas rígidas de cómo debemos ser felices. Es cierto, que dependiendo de la sociedad y cultura en la que nos encontremos, dicha norma se reestablece y se adapta, por así decirlo, a las necesidades e intereses de la nación y la cultura. Pero como denominador común en las diferentes culturas, en lo referente a cómo y qué debemos hacer para ser felices, se instaura la idea de cumplir con las expectativas de las grandes masas. Lo cierto es que hasta el momento, y en la sociedad actual, no se está consiguiendo el objetivo establecido, aunque las redes sociales como Instagram o Facebook muestren la cara errónea de la moneda.

Agradezco en cierto modo, que los usuarios de dichas redes sociales, en las que me incluyo yo misma, suban a sus perfiles, sus mejores poses y reflexiones. En un mundo como en el que vivimos, de tragedia, miseria e injusticia, se agradece un respiro de disfrute y buen vivir. ¡Pero ojo, hay que ser precavidos! Dichas redes sociales solo muestran una cara de la moneda, claro está.

Por lo general, las redes sociales muestran la cara de la felicidad occidental, puesto que gran parte de la población mundial de los usuarios de estos perfiles sociales, pertenecen a los países con mayor oportunidad para acceder a las TICs. Como ya he comentado, agradezco que se muestre en estos perfiles de información, el buen vivir, pero también he de lanzar una crítica fervor a su errónea interpretación.

Las redes sociales no dejan de ser un reclamo publicitario de las grandes marcas para captar nuevos clientes. Para ello utilizan el buen vivir de las estrellas para promocionar sus productos. De mano conocemos, cómo el consumo cada vez está más relacionado con la felicidad establecida. Si posees determinados bienes serás más feliz que si no los posees.

A la moralidad del consumo desmedido, debemos añadir, cómo las redes sociales perpetúan lo que los seres humanos deben conseguir para ser felices: debes conseguir una buena pareja, poseer una gran cantidad de amigos en Facebook y lucir tu cuerpo en todos aquellos lugares del mundo en los que tus antecedentes no pudieron viajar.

No desearía que lo que acabo de escribir se interprete como un sentimiento de insatisfacción o desacuerdo. Lo que desearía en su lugar, es revindicar la libertad para elegir nuestro modelo de felicidad y buen vivir. Porque lejos de convertirnos en seres satisfechos cuando cumplimos los cánones de sociedad feliz, somos cada vez seres más ansiosos y tristes.

¡No hemos conseguido lo que la sociedad espera de nosotros! Y es cuando los estudios revelan que cada vez más son las personas que hacen uso de los ansiolíticos y llenan las consultas de psicólogos y psiquiatras. Y no es para menos en un entorno tan exigente, en el que para obtener la aprobación externa debemos dejar a un lado nuestras necesidades reales y nuestras ilusiones a medio camino.

Empleamos demasiada energía en conseguir los patrones establecidos. Adoptamos tantos comportamientos ajenos que quedan lejos de nuestra propia esencia, que olvidamos lo primordial: escucharnos a nosotros mismos y desarrollar nuestros mejores valores. Estamos demasiado ocupados en satisfacer necesidades y anhelos ajenos, que olvidamos analizar lo que realmente nos hace feliz de manera individual. A lo que hay que añadir la restricción de nuestro valor básico de libertad. Desarrollamos demasiado el condicionamiento y las expectativas culturales, que no dejan de ser normas rígidas de intereses marcados para lograr los éxitos ajenos. Estamos programados para cumplir con la moral de consumo económico y libertad restringida al buen vivir y el buen hacer de las exigencias locas interpuestas para lograr conservar los poderes ajenos.

Porque la falta de libertad para elegir nuestra manera de vivir y actuar, es una manera para mantener ajenos a los pensamientos y necesidades primordiales de la existencia humana para obtener la plenitud: tolerancia, respeto y agradecimiento. Pensamientos y valores que desgraciadamente están perdiendo fuerza en la actualidad.

La conciencia a nivel individual para elegir nuestra forma de vivir es el primer paso para conseguir desarrollarnos de manera feliz y realista. ¡Es el primer paso, aunque el más difícil! Nos cuesta muchísimo deshacernos de lo que la mayoría practica y predica, pero seamos serios y realistas, ni a ellos les hace felices ni a nosotros tampoco. Es necesario un cambio de paradigma y valores. Es necesaria la educación en valores individuales que no individualistas, estos últimos, relacionados con la feroz competitividad y egoísmo, que tienen como consecuencias sociedades más exigentes e infelices.

Los valores individuales tratan de desarrollar nuestro potencial personal y mejora nuestra adaptación y relación con el medio, lo que a largo plazo supondría una gran inversión a nivel humano, mejoramos nuestra salud y nuestras relaciones humanas ¡Porque la felicidad de verdad también se contagia y beneficia!


Fotografía tomada de http://www.veritomonetta.com/wp-content/uploads/2016/09/redes-sociales1.jpg

Por: Silvia Megías Ortiz

España - Educadora social


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