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Ni rosa, ni azul, prefiero el arcoíris: Ser LGBTTTI en México

Por: Edith Villavicencio

¿Es la disolución de los binarios de género, por ejemplo, tan monstruosa o tan temible que por definición se afirme que es imposible, y heurísticamente quede descartada de cualquier intento por pensar el género? Judith Butler
Hace un par de meses apenas, en nuestro país se abrió por vez primera una discusión en torno a la posibilidad de que las parejas no heterosexuales pudieran contraer matrimonio. Inmediatamente, las posturas no se hicieron esperar, el sector conservador manifestó abiertamente su rotunda oposición mediante la organización de marchas y mítines en defensa de lo que ellos/as consideran la “auténtica familia”, aquella conformada por mamá, papá, hijos e hijas heterosexuales. Este tipo de expresiones de rechazo hacia los distintos colectivos de la diversidad sexual, nos hacen reflexionar sobre el tipo de imaginario social que prevalece en la sociedad mexicana con respecto a las identidades de género no normativas.

Pero… ¿Por qué un rechazo tan radicalizado hacia la comunidad LGBTTTI (Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti e Intersexual)? ¿Qué creencias, prejuicios, esquemas mentales, etcétera, se ponen en juego detrás de todo esto?

Considero que son dos los principales aspectos que se ponen en juego: la sexualidad humana y la libertad misma. Respecto al primer punto, Collignon (2011:137-138) afirma que: “[…] en el mundo occidental a lo largo de siglos de configuración, se ha construido, instalado y asumido un modelo de sexualidad caracterizado por cuatro principios rectores: la heterosexualidad, la monogamia, el matrimonio y la reproducción”.

De este modo, las prácticas fuera del modelo de sexualidad impuesto, y por ende, incuestionable, se consideran ilegitimas, ilegales, anormales, enfermas, patológicas, desviadas, sucias, perversas, amorales, excéntricas, etcétera.

Y es que “[…] la moral sexual católica […] ve con recelo los placeres y las satisfacciones carnales. La forma en que la diversidad sexual […] es sancionada, estigmatizada y penalizada por el discurso jerárquico/conservador de la Iglesia Católica tiene como marco referencial los principios rectores de la sexualidad humana (Collignon, 2011: 138).

De ahí que quienes se oponen a la libre expresión de la diversidad sexual, justifiquen sus argumentos bajo el uso de un discurso “biologista” al afirmar que el matrimonio entre parejas del mismo género es “antinatural”, como si el modelo de sexualidad tradicionalmente impuesto no fuese una construcción social susceptible de ser modificada de acuerdo a cada época y momento histórico.

Ahora bien, en cuanto al segundo punto: “Todos hablan de libertad, pero ven a alguien libre y les espanta”, afirma Hugo Finkelstein. En efecto, es el miedo, el que está detrás del rechazo, ¿Pero, miedo a qué? ¿Miedo a conocer nuestros propios límites, o quizás más bien, darnos cuenta de que no tenemos límites? En realidad, creo que le tememos al despliegue infinito de nuestros propios placeres y sentimientos, esos que nos hacen sentir en lo recóndito del alma, vibrar casi al delirio de la locura, que nos entrecortan la respiración. No nos atrevemos a responsabilizarnos de nuestra felicidad, a reinventarnos si es necesario. ¿Seguimos siendo fieles a lo “moralmente establecido” aunque vaya en contra de nuestros sueños más profundos? Quizás, lo que en realidad nos resulta tan inadmisible sea que las y los otros sí se atrevan a adueñarse de sí misma/os.

Lo peligroso de todo esto, es cuando las expresiones de rechazo se convierten en actos discriminatorios, en violencia, e incluso, en crímenes de odio contra de la comunidad LGTTTBI.

De acuerdo con encuestas realizadas por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED, 2010), el 95% de las y los entrevistados (pertenecientes a la diversidad sexual) mencionaron que se han sentido discriminado/as, además, cuatro de cada diez dijeron sentirse excluido/as, más del 50% expresaron sentirse rechazado/as, y el 60% consideran que su principal enemigo es la sociedad. Por ello, México ocupa el segundo lugar en América Latina en cuanto a crímenes de odio dirigidos hacia el colectivo LGTTTBI.

Finalmente, tal vez la sociedad nunca acepte abiertamente las diferentes expresiones de la diversidad sexual. Muestra de ello, fue la resolución de la comisión de la Cámara de Diputados al rechazar el matrimonio entre parejas del mismo género. Sin embargo, no podemos cruzarnos de brazos mientras las estructuras sociales cambian, empecemos por nosotra/os misma/os, a generar conciencia sobre la importancia de romper con nuestros propios prejuicios. Miremos con respeto a las personas del colectivo LGBTTTI.



BIBLIOGRAFÍA Collignon, María (2011), “Discursos sociales sobre la sexualidad: narrativas sobre la diversidad sexual y prácticas de resistencia”, en Revista Comunicación y Sociedad, núm. 116, México: Universidad de Guadalajara. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=34618496006 Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (2010). Disponible en .

Ilustración de Blanca Reyes

Edith Villavicencio

Psicóloga y experta en Estudios de Género y Paz


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