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Los muros de la educación rural

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Los muros de la educación rural

Por: Ana Maruri

Los muros sí caen, dice el legislador tapatío Pedro Kumamoto, un político joven que llegó a la legislatura de su estado por la vía independiente y que ha modificado los esquemas de hacer política en nuestro país. Los muros sí caen, y bien vale la pena recordar que tampoco se derrumban solos.

Conozco una historia, la de la educación pública y rural, me la sé muy bien porque ahí crecí, en un municipio al sur del Estado de México, aprendí a leer en una escuela pequeña con no más de 150 alumnos y grupos de menos de 20 estudiantes. Deficiente nivel académico, sí, lo sé ahora que veo mis libretas y libros llenos de errores ortográficos con respuestas equivocadas que están palomeadas y con la certeza de que sólo seguí el instructivo que indicaban los libros de texto.

Resultaba complicado para un niño o niña, en el contexto en el que yo viví, imaginar tener profesión, en ese entonces sólo existía una alternativa de educación superior, la Normal de profesores en el municipio vecino. La universidad era tan lejana no sólo por los kilómetros, también por lo que implicaba para una familia promedio en gastos, cambio de residencia, desapego, desafíos, es decir, un reto casi impensable.

Con todo, tuve mucha fortuna, estudié en mi región hasta el nivel medio superior y salí de mi municipio para la etapa profesional, dejé mi casa, pero no mis raíces, sé que hay un lugar al que pertenezco y del que nunca me olvido. Tuve después la oportunidad de estudiar una maestría en una Universidad privada y destacada de México, viajé al extranjero, recorrí ciudades en congresos y hoy estoy ante una nueva puerta: los estudios de Doctorado.

Me enorgullece saber que una hija de la educación pública rural, como yo, se inserte en el reducido número de mexicanos que logran estudios de posgrado, acá es cuando confirmo que los muros sí caen, y que el esfuerzo y la voluntad son la mejor forma de derrumbarlos.

Serían los periódicos atrasados que leí luego de hacer pan en la casa de mi amiga Yanet, la aburrida espera de hornear me hizo leer mucho, o tal vez el cariño de mi abuelo quien siempre creyó en mí y me hizo sentir segura de cada paso, o el apoyo de mis padres quienes supieron soltar mi mano, me dieron independencia aunque siempre han acompañando mi camino. No tengo certeza al respecto.

Alguna vez escuché que los hijos son el secreto mejor guardado de sus padres, ya les pregunté si ellos querían ser revolucionarios, cambiar el mundo, estudiar mucho y si reprimieron su pasión por los deportes, pero me juran que no, y claro no puedo hacerlos responsables de lo que soy, aunque sean pilar indispensable de mi ser.

He contado parte de mi historia y tal vez no resulte tan interesante, pero puedo dejar un consejo final: Hablar o escribir sobre uno mismo siempre será un reto, pero abrir el alma a las letras resulta de vez en cuando necesario.


Fotografía tomada de http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/educacion/2015-11-11/participe-en-el-libro-blanco-de-la-educacion-la-escuela-rural-la-gran-desconocida_1091303/

Ana Maruri

Comunicóloga mexicana


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