parallax background

¿Dónde están los educados?

¿Fin al TLCAN?
enero 23, 2017
Tultepec, ¿una metáfora de México?
enero 25, 2017

¿Dónde están los educados?

Por: Dulce Reyes

La educación. Es la respuesta constante del mexicano ante la pregunta ¿cuál es el principal problema de nuestro país? La educación, así lo escucho por doquier. ¿Qué significará esa palabra? ¿Acaso todos somos maleducados para decir que es algo que nos falta? ¿Qué nos hace educados, entonces? ¿Se referirá la gente a la educación formal, la que impone el Estado, esa que se da en las escuelas, donde los alumnos están sentados y el profesor al frente? ¿Se referirán a la educación que se implanta a través de la moral y la cultura? ¿Se referirán a los valores que han sido adoptados por todos, de la forma que nos conviene?

Y es que cuando nos dicen “es gente educada”, podemos pensar infinidad de cosas. Podemos imaginar a la gente respetuosa, pero también uno de los primeros pensamientos que tenemos es que “la gente educada” ha pasado por las aulas, que ha ido a la escuela desde el jardín de niños, hasta la Universidad, y si mejor nos va, hasta el Posgrado. Es una idea que corre constante por las cabezas de los mexicanos. A veces me imagino que los de traje son gente educada por lo que la sociedad me ha hecho pensar y que los de huaraches son gente no educada. ¿Un grado académico realmente forma gente educada? ¿Educada para qué? Entonces, recuerdo lo que leí desde hace algunos años y que releo cada vez que quiero reafirmar mi concepto de educación:

Apreciado/a profesor/a, soy un superviviente de un campo de concentración, mis ojos vieron lo que ningún hombre debería presenciar: cámaras de gas construidas por ingenieros instruidos, niños envenenados por médicos profesionales, niños muertos por enfermeras profesionales, mujeres y recién nacidos muertos a tiros y quemados por graduados en altas escuelas mayores y universidades. Por tanto, sospecho de la educación. Mi petición es: ayuda a tus estudiantes a llegar a ser personas. Tus esfuerzos nunca deben producir monstruos, hábiles psicópatas, futuros Eichmans. Leer, escribir, la aritmética… son importantes tan sólo si sirven para hacer a nuestros hijos más personas.
(Supple, 1993; en Vinyamata, 2003: 37)

Es algo así como mi Biblia, porque cuando termino de leerlo, siempre pienso en que la educación es una forma de hacer más humanos a los seres humanos, de recordarles que lo son y lo serán hasta su muerte. A partir de esta idea puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que no todas las personas que van a la escuela y consiguen un papel que lo avala, son educadas. Si así fuera, las Universidades de México no presentarían casos de plagio, de violencia, de corrupción, de acoso sexual, misoginia, de represión y censura. Si así fuera, en las Universidades de México se buscaría que los alumnos fueran esos hombres y mujeres capaces de desarrollarse como humanos con todo lo que ello conlleva, y no como máquinas del sistema formados en una “educación por competencias”, ni como los reproductores y legitimadores del estado de cosas en el que nos encontramos.

¿Qué voz de los académicos se ha escuchado retumbar ante lo que está sucediendo en nuestro país, ante las consecuencias del gasolinazo, ante la violencia imperante contra la mujer, contra el hombre y contra los niños, ante la explotación laboral de las empresas extranjeras, ante el hambre? Creo que a lo que sucede en las escuelas no se le debe llamar educación, de otra manera tal vez, pero no educación.

Muchos, como buenos estudiantes universitarios, se levantarán y dirán ¿cuáles son tus bases ante tales señalamientos? ¿Qué autor lo dice? A ellos les contesto, que a diario veo profesionistas que se creen dioses y que se exaltan cuando les llaman “doctores” “maestros”, “licenciados”, como si esa etiqueta los hiciera mejores personas, mejores profesionistas, incluso. Les contesto que conozco investigadores reconocidos en el Sistema Nacional de Investigadores -SNI- que no tienen ni idea de lo que es el respeto al trabajo ajeno y que también legitiman las versiones de los poderosos. Les contesto que también veo en las esquinas de mi ciudad ancianos y niños pidiendo limosnas para solventar su alimentación y la ambición de sus explotadores, que a diario veo alumnos buscando un papel para poder ser “alguien en la vida”, como si no lo fueran ya. Les digo que en carne propia he vivido misoginia, censura, intento de plagio, violencia verbal, y he escuchado tantos casos de corrupción -que ya ni me acuerdo de todos-, en una máxima casa de estudios del estado más poblado del país.

Y si esto no les es suficiente a los “educados” y les parece muy subjetivo, ahí van las cifras. Según el Coneval, hay más de 55 millones de pobres; hay Alerta de Género en el Estado de México, líder en feminicidios en el país; 3.6 millones de niños trabajadores según la UNICEF; los alimentos de la canasta básica se han encarecido entre 10 y 35 por ciento en el último año, de acuerdo con el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas; el 2016 fue el año con más asesinatos en este sexenio, con 18 mil 915 casos de homicidios dolosos, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Todos ellos, datos oficiales. ¿Qué hace la gente “estudiada” ante ello? ¿Dónde está la responsabilidad social de aquellos que reciben recursos de Conacyt, es decir, recursos del pueblo? ¿Acaso se ha quedado en los papers y en el escritorio?

No es un enjuiciamiento, es un llamado a reencontrarnos con nuestra sociedad, con nuestros problemas, con nuestras formas de vida, con nuestras capacidades de actuar, con nuestra gente. Es un llamado a hacer lo que se nos ha conferido, y lo que hemos decidido hacer. Es un llamado a la reflexión y a la acción, a replantearnos la educación que se nos ha brindado y que muchos están ofreciendo, porque la sociedad aún confía en ella. Es un llamado a actuar en favor de México, de los de huaraches y de los de traje. Es un llamado a colocarnos en la frente, ante todo, la etiqueta de humanos. Y el llamado no es para todos, tan sólo para los que les quede el saco. Pues por otro lado, en las Universidades, también hay personas íntegras, que luchan día a día con la pluma, con sus ideas o con sus manos, para la mejora del lugar donde nos tocó vivir. A ellos, mi admiración.

Ilustración de Blanca Reyes Gutiérrez

Dulce Reyes

Comunicóloga y Maestra en Estudios para la Paz y el Desarrollo


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *