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Símbolo de la Inmortalidad

Por: Nayel Adaya

CUERNO DE LA ABUNDANCIA / COLUMNA
La mayoría de las personas conoce el amaranto, o mejor dicho, lo desconoce. Desde la antigüedad, las culturas maya, azteca e incluso los incas en Perú lo conocían y cultivaban a gran escala. Su importancia competía con el maíz, el frijol y la papa. Las razones de esto era el valor religioso, comercial y alimenticio que ya se le daba. Proviene de la planta huauzontle “blando como el cabello”.

Un tesoro casi perdido
Los mayas lo llaman “xtes”, los aztecas “huautli” y los incas “kiwicha” –pequeño gigante- por sus propiedades curativas. El nombre que usamos “amaranto”, proviene del griego y significa “planta que no se marchita”.

Entre sus particularidades, el amaranto se considera una planta “noble” en términos agrícolas al soportar graves cambios climáticos como frío, calor, alta salinidad del suelo; los antiguos le tenían cierto aprecio por ser resistente y conservarse de manera relativa aún después de cortado, toma un aspecto delicado y de subjetiva belleza que cuando está vivo, razón por la cual los aztecas le asociaban a la inmortalidad y se dejaba en las ofrendas.

Investigadores como Juan Manuel Vargas López de la Universidad de Sonora considera hallazgos de la planta con referencia de hasta 7 mil años de antigüedad al encontrar referencias arqueológicas con la actividad humana hasta 4000 a.C., afirmación que se respalda en Venezuela por la bióloga Giovannina Vele de la Universidad Central de Venezuela. El investigador Vargas López asegura que crónicas de la época permiten especular sobre una producción de 15 a 20 toneladas al año con más de 5mil hectáreas dedicadas a las especies.

Durante la conquista Cortés instruyó su destrucción o quema, los motivos sobre los cuales no había censo unánime entre los antropólogos eran: continuar con la “conquista religiosa”, ya que, el amaranto se usaba en diferentes cultos religiosos, incluso a modo de la “eucaristía” católica, su destrucción aseguraba la imposibilidad de realizar ritos; también porque a nivel social se consideraba alimento de guerreros, al erradicar su producción asestaba un golpe psicológico a la población el destruir su “fuente de fortaleza”, su “conexión con el Sol”.

De la Revolución Mexicana a la Revolución Biotecnológica
Hoy en día el investigador sinaloense Octavio Paredes López, entre sus diversos estudios ha rescatado aportaciones importantes del amaranto, restituyendo el lugar de este producto en la canasta alimenticia general. Proveniente de una familia de agricultores y de un estado donde se gestó la revolución, aparece anecdótico, casi obligatorio, que también de esta entidad mexicana proviniera uno de los pioneros en la biotecnología aplicada.

Paredes López apenas el año pasado en julio de 2015 ganó el galardón en el Congreso Internacional del Institute of Food Technologists de la Fundación Fellow, premio que por primera vez es dado a un latinoamericano y ni más ni menos que un mexicano. Su línea de investigación es la biotecnología alimentaria de materiales de origen mesoamericano. Miembro fundador del Cinvestav, director del Centro de Estudios Mexicano, miembro nivel III del Sistema Nacional de Investigadores. Sus trabajos abarcan mejoramientos de chía, la tortilla azul como antioxidante, y una cantidad de cuando menos 30 trabajos de relevancia internacional.

Bajo la lupa
El trabajo publicado en mayo de este año por el sinaloense, originalmente trata sobre la nixtamalización pues estudió, extrajo y nombró una las principales proteínas del amaranto, denominándola “amarantina”, cuyo agregado a la preparación de tortillas mejora sustancialmente las propiedades nutricionales, aumentando el aporte de proteínas, incluso el sabor y textura del producto final también se ven favorecidos.

Al profundizar sus experimentos sobre el pseudo cereal posee un porcentaje de proteína de 13 como al 18% por grano, sin mencionar que cuenta con altas concentraciones de lisina que es el responsable de la formación de proteínas en el organismo. Su absorción rápida por el cuerpo sin importar si la presentación final de la semilla es molido o tostado, aunque el trabajo del doctor Paredes revela un aumento del rendimiento de proteínas derivado de procesos térmicos. El aceite que contiene la semilla del huauzontle aporta aceites como: lineoleico, necesario para la dieta humana que no se obtiene de otra forma que ingerido en alimentos; escualeno, valioso en la industria cosmética que tradicionalmente se obtiene del hígado de tiburón. El almidón derivado de la producción puede usarse en el sector gastronómico para espesar alimentos tales como sopas y funciona como activo que retiene humedad en los cosméticos.

El resurgimiento de la semilla del Sol
Así como Tonatiuh, el señor del Sol que nace todos los días, así parece haber resurgido la importancia del amaranto sumido en el oscurantismo en que lo dejó la Colonia, oculto en los sembradíos de los montes. Debido a su casi extinción aún no hay un recuento exacto de las variedades de amaranto y las múltiples propiedades que de ellas emanen.

El potencial comercial, industrial y alimenticio en beneficio de la sociedad mexicana está ahí latente. Particularmente las entidades del norte que enfrentan severos problemas de sequías y particularidades de suelo, con una gran demanda de forraje podrán usarlo para implementar tanto en la industria alimenticia como suplemento agropecuario en la alimentación de ganado que brinde además mejores costos y beneficios de calidad a la carne de la región.

Habrá que estar pendientes como ciudadanos y como herederos de un legado mileniario, en proteger a través de la producción, comercialización y consumo local del producto del huauzontle, para evitar que sufra como su primo el maíz, el acoso de empresas trasnacionales como Monsanto y Bayer, para someterlo a procesos perjudiciales biotecnológicos que en aras de aumentar la producción, lastimen las propiedades nutricionales.

En palabras del propio doctor Paredes “el mundo se globalizó, y somos medio rancheros”, quizás una esperanza medio idílica y utópica, en una reflexión con tintes nacionalistas, es que el resurgimiento del amaranto, de esta semilla del sol en la dieta mexicana, despierte a los viejos guerreros aztecas de antaño, para defender nuestra tierra, nuestro legado.

¿Qué México no tiene ciencia? ¿Quién fue el ignorante que dijo eso?

Con información de #Cinestav


Fotografía tomada de http://www.1001consejos.com/

Nayel Adaya

Contador Público, asesor y analista financiero


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