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Vivirás… vivirás Yuli

Por: José Javier Capera Figueroa

NEW DAY / COLUMNA
Los días pasan y cada vez aparecen más evidencias que demuestran el crimen atroz cometido contra la familia de Yuliana Samboní Muñoz. Por supuesto, menciono la familia porque el dolor sigue presente aunque se intente buscar formas materiales e inmateriales de subsanar el sufrimiento de sus seres queridos, aquí aplica el dicho “no hay dinero que repare muerto”.

Bien lo mencionaba el poeta Barba Jacob “sólo a través de la muerte se conoce el dolor de una tragedia”, una que responde a lo que la opinión pública ha llamado desastrosa o macabra. Pero es posible que existan ciertos elementos que pueda facilitar la compresión de esta barbaridad en estos tiempos. Partamos de la condición del sujeto tras haber matado, torturado, violado a la pequeña de siete años acepta los cargos ante los investigadores pero sigue refiriéndose que su acción responde a problemas de índole mental.

Un segundo elemento crucial para comprender esta tragedia consiste en reconocer que la dignidad humana se encuentra en crisis. Es decir, que tras haber cometido el delito, Rafael Noguera busca los mecanismos necesarios para subsanar su pena y a través de discursos, comunicados y testimonios por parte de su familia pretenden mitigar el daño ocasionado hasta el momento. Véase: http://www.semana.com/nacion/articulo/yuliana-samboni--brutal-asesinato-a-manos-del-arquitecto-rafael-uribe/508848

En efecto, Rafael Uribe, un hombre con mucho dinero y descendiente de una familia de clase alta de Bogotá, ha buscado la manera impune de burlar la justicia y construir un espacio de protección frente a esta tragedia que ha conmovido los sentimientos de la sociedad. Lo preocupante del asunto consiste en reconocer que la élite Colombiana ha usado los medios para demostrar su posible inocencia, llegando al punto de mostrar las prácticas de exclusión que históricamente se han desarrollado en la cultura política.

La lógica de este crimen representa la cobardía histórica que han tenido las élites sobre el desarrollo social de este país. Un tipo de clase que ha abusado, violado y reprimido a las comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinos, entre otros. Los cuales debido a la incapacidad material han sido tachados como guerrilleros, bandoleros, revoltosos y demás nombres despectivos que son el reflejo de la deprimente cultura política del territorio. Véase: http://www.semana.com/nacion/articulo/crimen-yuliana-samboni-habla-el-hermano-de-rafael-uribe-noguera/509767

Esto implica reconocer que Yuliana carga con el peso de enfrentarse ante la élite Bogotá y los poderes de grandes grupos económicos que a través de cualquier medio buscan disminuir los impactos de esta tragedia. Es el vaivén que se vive diariamente, donde los pobres cargan con el peso de la ignorancia, y los opulentos pueden hacer con sus recursos cambiar la realidad e imponer su criterio moral.

Pero qué se puede esperar si el problema no sólo es Yuliana, una niña de siete años con una descendencia indígena, y perteneciente a una familia humilde, trabajadora y obrera de las zonas más vulnerables de Bogotá. El asunto reside en reconocer que la cultura patriarcal, los feminicidios y la falta de acciones políticas concretas son el reflejo de un vacío estructural al interior del mismo gobierno que lo produce.

En conclusión, la lucha sigue por esclarecer y juzgar a Uribe Noguera, mientras pasa el tiempo su familia aplica la famosa lógica Colombiana: El vencimiento de términos, la inculpabilidad y la negación de todo el crimen. Tal como se ha podido constatar con el desarrollo de esta tragedia. Queda claro que la élite de este país tiene todo el dinero para ocultar un hecho tan doloroso mientras la familia de Yuliana pide justicia, verdad y reparación, se siente la ausencia de la justicia y la falta de conciencia por la dignidad humana, una gran lástima saber que esto sucede en la tierra de Macondo.

Post scriptum: Les deseo a todos mis lectores un buen fin de año, frente a este tipo de tragedias es complejo imaginar el dolor que siente la familia por lo que ha sucedido. Pero lo mínimo que se pueda hacer en estos momentos es pedir JUSTICIA, sólo JUSTICIA.


Fotografía tomada de http://eldiariony.com/

José Javier Capera Figueroa

COLOMBIA - Politólogo, analista político y columnista


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