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Violencia, despojo y hambruna en Buenaventura, Colombia

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Racialización y estratificación social: violencia, despojo y hambruna. El caso de Buenaventura, Colombia

Por: José Javier Capera Figueroa e Ismael Cáceres-Correa

1. Introducción
La crisis civilizatoria es una realidad. No se puede obviar los fenómenos que afecta a todo el mundo, desde luego a unos de diversa manera y a otros de forma distinta. Pero el punto de enunciación consiste en pensar hasta donde llega el poder, la sevicia y la decadencia de valores de esta sociedad. Es bien descrito por el maestro Bartra (1993) cuando menciona que la crisis ambiental, energética, financiera y alimentaria es un flagelo que atenta contra lo humano, es un estallido contra la condición humana, pero, sobre todo, es un agotamiento de un modelo civilizatorio que cada vez galopa a la par de la crisis del capitalismo y lo más radical de la crisis de la existencia humana.

Si bien, el declive económico, la acumulación del capital y la especulación de los precios internacionales, son causales estructurales que alimentan la crisis. También es conocido que la re-producción de modelos como el neoliberalismo, el desarrollismo y post- fordismo son elementos que atentan contra lo público (Bauman 2007, 3).

Tal como lo asimila Bauman al considerar que la liquidez es sinónimo de la realidad social, del vacío de lopolítico, lo público y de la incertidumbre en las relaciones sociales que se manifiesta en el diario vivir, las calles, el transporte público, las relaciones amorosas y la perfidia sobre la dignidad humana sin menospreciar la indiferencia contra la naturaleza.

En el caso de América Latina su historia marcada por la tragedia de los movimientos revolucionarios, la burocratización del Estado, la fetichización de la democracia y el populismo arrollador de los gobiernos de turno sumando a esto la incorporación del modelo neoliberal, hace que se construya toda una historiografía en torno a las prácticas, discursos y subjetividades que enuncian las comunidades, los pueblos y los territorios. Se asume un pensamiento reflexivo sobre su realidad y se busca la manera de constituir procesos de emancipación social (Figueroa 2015).

Se ha convertido en un punto de inflexión al momento de analizar problemáticas como la autonomía de los territorios, la defensa sobre los bienes comunales, la lucha sobre lo público y la resistencia contra la lógica de la privatización, especulación e implementación de racionalidades de orden eurocéntrico y americano. Por ello, los movimientos sociales como los indígenas, afrodescendientes, campesinos y populares han generado acciones colectivas que se manifiestan en el escenario de lo público y se encaminan a la defensa de construir otro de esos mundos posibles y distintos.

En el caso colombiano, considerando que su historia política ha estado marcada por una larga secuenciación de violaciones, desapariciones forzadas y acciones que atenta contra la vida y la autonomía de las comunidades; un ejemplo resulta ser Buenaventura. Este es un espacio donde reina la “maldad”, esto según palabras mencionadas por Monseñor Héctor Epalza Quintero[1]. Siendo así que dicha historia se ha reproducido de forma sistemática generando exclusión, discriminación y pobreza sobre amplios sectores de la población dentro del sistema político, un sistema basado en la lógica gamonalista y hacendataria de la nación.

Del mismo modo lo describe el filósofocolombiano Guillermo Hoyos (2012) al mencionar que los renovados esfuerzos por dialogar, para acordar la paz, han fracasado y fracasarán mientras no se vuelva a los orígenes. La refutación de la sociedad a partir de las diferencias culturales, regionales, de origen y de clase mediante acuerdos que incluyan a todos, si quiere mediante políticas “populistas” incluyentes en ese acuerdo intercultural, constituye el auténtico sentido de nación. Juan Luis Mejía como ministro de cultura llamó “diálogos para fundar nación” dado que mientras no haya contrato fundacional se seguirá siendo “un pueblo sin nación” (Hoyos 2012, 50).

En este sentido la finalidad de este artículo consiste en comprender críticamente los procesos de resistencia, los discursos y las prácticas que se generan al interior de las comunidades de Buenaventura, Colombia, y su relación con temas como el despojo territorial, la violencia sistemática y las lógicas del sistema capitalista (Wallerstein 1995). Sistema en el cual se producen acciones como la resistencia, la lucha social, la propuesta política alterna y los discursos que se focalizan en la búsqueda del “Vivir Bien” que suscitan la población Afro de esta región y que al interior de su voces manifiesta una realidad distinta a la crisis que viven en la actualidad.

2. Buenaventura entre el ayer y el hoy
La realidad de violencia, despojo y hambruna en Buenaventura es latente. Ya caminar por las calles, hablar sobre política, debatir sobre la pobreza, la desigualdad y la exclusión se ha vuelto un tabú. Por supuesto el terror es cada vez más presente. Ya la generación de fronteras invisibles y en particular las acciones de masacrar y torturar a las víctimas son algo común de la criminalidad. En Buenaventura se manifiesta lo que Vega Cantor (2012) reconoce como una cultura del dinero fácil, una política del narco y una sociedad de la impunidad donde impera la utilidad por vivir, así sea necesario pasar por encima de quien sea necesario.

Un panorama que refleja la inflexión más fuerte se encuentra al ser un proyecto fallido del capitalismo contemporáneo: una tierra que tiene todo por dar y por construir, un lugar que no tiene nada que envidiarle a las grandes ciudades en razón de sus condiciones geográficas, sus bienes comunales y sus fuentes materiales e inmateriales. En Buenaventura existen nichos por investigar, escribir y proponer, pero lástima que sólo sea el foco de inversión para generar programas asistencialistas y aplicar modelos hegemónicos que sólo reproducen la crisis de acumulación del capital, el abaratamiento de lo político y el vacío líquido de lo público.

Es así que el ayer de Buenaventura constituía un imperativo por construir escenarios encaminados a hacer de la paz un imperativo moral. Tal como era conocido en el argot popular “tierra de Negros, tierra de felicidad” esta enunciación era una clara demostración del diálogo cultural y de la idiosincrasia afrodescendiente al buscar construir una política deliberativa, crítica y, en lo posible, necesaria para generar caminos de resolución a problemáticas como la corrupción, la politiquería, el clientelismo y el triángulo del Poder, el capital y la guerra que tanto ha pervivido y se reproduce en la cotidianidad de los sujetos del puerto.

Los espacios socio-políticos, las asociaciones culturales y los grupos políticos alternos han sido opacados por los grupillos de bandoleros, gamonales y hacendados de la región. No resulta comprensible fuera del capitalismo que, al ser Buenaventura el puerto de mayor comercialización en Colombia, sea una de las regiones en donde abunde y se atente con mayor fuerza la desigualdad social, la criminalidad y la violencia sistemática contra la vida, la paz y la dignidad de las comunidad.

Un ejemplo de ello es el informe de Human Rights Watch[2] en donde se señala que

siguen siendo generalizadas las extorsiones por parte de grupos sucesores del paramilitarismo, los cuales surgieron tras un proceso oficial de desmovilización de organizaciones paramilitares de derecha implementado hace una década, que presentó graves falencias. Los habitantes siguen expuestos al riesgo de sufrir ataques si cruzan ‘fronteras invisibles’ que separan los barrios disputados entre distintas bandas rivales. Los niños viven sujetos a la amenaza de ser reclutados y de sufrir violencia sexual, miles de personas han sido desplazadas y continúan ocurriendo secuestros y desapariciones con impunidad (Ferry 2015).

Otro de los puntos que constituye la barbarie del capitalismo según Löwy (2001) es el desbordamiento de la crisis ambiental. Al ser un elemento de la crisis de la condición humana, dicha condición se articula con la pérdida de soberanía fluvial y portuaria que vive Buenaventura. La complejización del fenómeno llegó a ser vista a través de la propaganda mediática de la Alianza Pacífico cuando se considera que no existían condiciones materiales e inmateriales para hacer de Buenaventura la capital de dicha organización económica latinoamericana.

No obstante, el despojo de cientos de comunidades pesqueras, familias y asociaciones fue una realidad. La lógica por imponer la expansión de la asociación portuaria era un hecho irreversible.La expansión fue masiva, el daño ambiental no tiene dimensiones mentales y las relaciones entre los grupos empresariales, el crimen organizado y la explotación humana se hicieron palpables al afectar el tejido social de las comunidades negras. Tal como manifiesta el Informe “Buenaventura ‘El despojo para la competitividad’”[3].

Parte de esta crisis también se debe al deterioro que existe en la esfera de lo público, la crisis de valores y la decadencia del sistema político, un sistema que de manera tajante ha generado exclusión y miseria en todoel territorio nacional. En Colombia no se vive para vivir, se vive para sobrevivir. En el adagio popular arguyen que la necesidad ha llegado hasta el punto de vender la conciencia por un peso, mercantilizar la vida por poder y acosar el acoso por dinero.

Del mismo modo la complejidad colombiana es una imagen consecutiva donde la democracia nunca ha sido un punto de importancia, sino un punto de hacer lo que el maestro Dussel (1988) denomina “sucursalera”: enajenada y sin sentido crítico. La política como acción humana es sólo un simple discurso, la banalidad del poder y la ausencia de valores dentro de lo público. Son aspectos que reflejan la colonización del mundo de la vida, la Modernidad capitalista y la colonialidad del poder, la vida y ser en las relaciones sociales (Dussel 1988; Grosfoguel 2006).

3. El hoy de Buenaventura
La complejidad de la crisis civilizatoria llega a todas las partes, no solo pasa en Buenaventura, también sucede en México, Estados Unidos, los países europeos y en los asiáticos. La connotación de un mundo globalizado económicamente pero in-conectado humanamente es una frágil realidad. Lo que sucede en África afecta de manera pauperizada las condiciones sociales, políticas y simbólicas de lo humano; pero la fría mentalidad y el sinsabor por pensar de forma distinta la crisis, hacen que los lazos afectivos y emocionales estén mediados por lo que algún día Marx (2005) llamó la fetichización y la mercantilización del todo.

En la descripción utilizada por Fanon en su libro “Los condenados de la tierra”, publicado en1961, señala que el Tercer mundose descubre y se expresa a través de esa voz. Ya se sabe que no es homogéneo y que todavía se encuentran dentro de ese mundo pueblos sometidos, otros que han adquirido una falsa independencia, algunos que luchan por conquistar su soberanía y otros más, por último, que aunque han ganado la libertad plena viven bajo la amenaza de una agresión imperialista (Fanon 1999, 6).

Dichas palabras se articulan con la violencia, la servidumbre y la pérdida de soberanía que vive el hoy de Buenaventura, un puerto lleno de la influencia politiquera y un lugar que popularmente se asocia al hecho de que mientras más pasa el tiempo es mayor la pobreza, crece la población y se deteriora abismalmente la calidad de vida de sus habitantes.

Por ello la racionalidad del poder, la imposición de un régimen semi-colonial, las políticas de privatización y transnacionalización de los bienes comunales han sido acciones que han realizado los últimos Gobiernos, los grupillos políticos y las familias burguesas de la región. Es Buenaventura un espacio de acumulación del capital y de enajenación de la dignidad humana.

Pero qué sucede con Buenaventura, la tierra del porteño, el arrechón, el viche y la salsa. Buenaventura es un espacio para la alegría, el sabor y la belleza de la gente del Pacifico, es una cultura digna de sus tradiciones afro y sobre todo un lugar de enunciación sobre la historia de comunidades negras víctimas del desarrollismo industrial y la ampliación de la sociedad portuaria. Todo esto con un telón de fondo de desplazamiento resultado de la lógica mercantilista de estos gobiernos de turno.

4. Epílogo
El hoy y el ahora de las comunidades negras de Buenaventura se identifican con una clara crisis institucional.La fuerte ola de violencia y la criminalización de la protesta hacen parte del repertorio que ejerce el poder político del momento. La marginalidad y la exclusión de las demandas que proponen los movimientos compone la postura adversa de los últimos Gobiernos, mismos Gobiernos que tienen como similitud la perspectivas del discurso neoliberal con el que justifican la imposición de Tratados de Libre Comercio que han sido establecidos en la mayoría de países de América Latina. Su lógica los presenta como la estrategia con la que se entraría en el Primer Mundo en razón de que se superarían siglos de aislamiento que habían mantenido a Colombia al margen de la modernización y el progreso. Con una lógica bastante primaria, propia de los economistas neoliberales, a rajatabla se impusieron y siguen imponiendo hoy los TLC (Vega 2015, 62).

De esta manera las reformas neoliberales facilitaron los impactos en los territorios conllevando a la crisis ambiental, la pobreza y desigualdad social, pero, sobre todo, al despojo territorial de centenares de comunidades. Por ello es que el territorio colombiano cuando adopta los planes de ajustes estructurales facilita la incorporación del gran capital que en cierta forma genera exclusión en múltiples circunstancias donde la ciudadanía se encuentra inmersa en el abismo colosal de la incertidumbre y la pérdida de soberanía en la esfera de lo público.

La crisis civilizatoria está cada vez tomando mayor fuerza. Ya no existen condiciones dignas para el trabajo, la vida y las relaciones en familia. Los vacíos del mundo que intentan llenar son muy grandes. Se necesitaráre-pensar, pero a través de la praxis, lo que es de suma importancia para la vida comunitaria.Las fechas expiran y la fuerza de lo humano es muy débil frente a la crisis ambiental que tanto afecta la cotidianidad. Buenaventura es un lugar de enunciación que busca de manera radical la emancipación, el reconocimiento de su alteridad y la emergencia de los territorios desde su propia condición para así construir otro de esos mundos posibles, necesarios y llenos del mayor sentido por lo humano; un lugar para la esperanza y la transformación del espacio, la desilusión, el racismo, el sexismo y la impotencia por un mejor mañana.

Notas
[1] Para mayor información véase los siguientes enlaces: https://www.youtube.com/watch?v=ie31jDcczRs - https://www.youtube.com/watch?v=kfpfK6CNc5c - https://www.youtube.com/watch?v=VCA52pOmwiw

[2]Para mayor información véase: https://www.hrw.org/es/report/2014/03/20/la-crisis-en-buenaventura/desapariciones-desmembramientos-y-desplazamiento-en-el - https://www.youtube.com/watch?v=-2HW9FuxImY - Es de señalar que son informes institucionales, de los cuales también los autores tomamos un grado de disidencia de carácter político y académico.

[3]En consonancia al punto anterior, este informe complementa la precariedad multi-dimensional que existen en Buenaventura. Véase: http://justiciaporcolombia.org/node/546

Referencias
Bartra, Roger. 1993. “Salvajismo, civilización y modernidad: la etnografía frente al mito”.Alteridades 3(5): 35-50.

Bauman, Zygmunt. 2007. Tiempos líquidos: vivir en una época de incertidumbre. Madrid: Siglo XXI.

Fanon, Frantz. 1999. Los condenados de la tierra. México: Txalaparta.

Ferry, Stephen. 2015. “Colombia: nuevos asesinatos y desapariciones en Buenaventura. El gobierno no ha logrado detener abusos de organizaciones criminales”. Human Rights Watch, 4 de marzo, sección Noticias. Recuperado de:https://www.hrw.org/es/news/2015/03/04/colombia-nuevos-asesinatos-y-desapariciones-en-buenaventura

Capera Figueroa, José. 2015. “La indomable Latinoamérica”. Iberoamérica social, 16 de diciembre, secciónDisertaciones Latinoamericanas. Recuperado de: http://iberoamericasocial.com/la-indomable-latinoamerica/

Dussel, Enrique. 1988. Hacia un Marx desconocido: un comentario de los Manuscritos del 61-63. México: Siglo XXI.

Grosfoguel, Ramón. 2006. “La descolonización de la economía política y los estudios postcoloniales: transmodernidad, pensamiento fronterizo y colonialidad global”. Tabula Rasa 4: 17-48.

Hoyos Vázquez, Guillermo. 2012. “La ética en Colombia en medio de la violencia y la ruptura del tejido social”. Ponencia recuperada de:http://www.colombianistas.org/Portals/0/Revista/REC-23-24/6.REC_23-24_GuillermoHoyos.pdf

Löwy, Michael. 2001. “La significación metodológica de ‘socialismo o barbarie’”. Socialismo o Barbarie 2(6): 1-10. Recuperado de: http://www.socialismo-o-barbarie.org/revista/sob6/lowy.htm

Marx, Karl. 2005. El Capital, tomo I, vol. 1. México: Siglo XXI.

Vega Cantor, Renán. 2012. “Colombia and GeopoliticsToday”. El Agora USB, 12(2): 367-402.

_____. 2015. “El trasfondo económico de un crimen de lesa humanidad”. El Ágora USB 14(1): 61-74.

Wallerstein, Immanuel. 1995. La reestructuración capitalista y el sistema-mundo. New York: Fernand Braudel Center for the Study of Economies, Historical Systems, and Civilizations, State University of New York at Binghamton.


Fotografía tomada de http://colombiaesbendicion.blogspot.mx/2012/08/buenaventura-capital-del-litoral.html

José Javier Capera Figueroa e Ismael Cáceres-Correa

COLOMBIA - Analistas e investigadores


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