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¿A quién sirve Morena?

Por: Ángel Trejo

DIÁLOGO / COLUMNA
La respuesta a esta pregunta es muy sencilla: a la “mafia en el poder”. ¡Sí, al mismo grupo político-económico que el dueño de Morena, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), dice combatir!

López Obrador, el insobornable político de “izquierda”, es un fiel servidor de la oligarquía mexicana desde su militancia en el PRI, en el PRD lo siguió siendo y ahora, posesionario indiscutible de su propio partido, lo seguirá siendo.

Es un hijo neto del salinismo, igual que Marcelo Ebrard y otros supuestos izquierdistas. Es probable que sea un neoliberal cínico e inconfeso –como lo fue en el gobierno del DF cuando quiso privatizar todo- o que lo sea sin saberlo, lo que evidenciaría su conocida afasia política y su corta cultura general.

En política -como en economía, la ciencia y cualquier práctica humana- lo que cuentan son los resultados y los hechos de AMLO desde que emergió a la “primera división” se dedicó a servir bien a la “mafia en el poder”; es decir, a los grandes empresarios, a los inversionistas extranjeros.

Cuando fue jefe de gobierno del DF (2000-2005) intentó privatizar los mercados públicos, alentó el crecimiento de los comercios monopólicos (Aurrerá, Walmart, Oxxo, etc), privatizó el cobro del agua potable, paralizó el crecimiento del Metro (el más importante de los servicios públicos de transporte del país), hizo grandes obras de infraestructura para que “todo mundo las viera” –puentes, dobles pisos-, se dedicó a comprar votos a través de pensiones alimentarias para ancianos y entregó a Carlos Slim –el portaestandarte empresarial del salinismo y la “mafia en el poder” en México- más de 60 edificios históricos y su programa de remodelación del centro de la ciudad de México.

El propio Slim fue quien en 2003, poco después de que un periódico gringo (The Wall Street Journal) anunció el inicio abierto de su campaña presidencial hacia la elección presidencial de 2006, lo acercó a otros grandes empresarios del país a fin de que apoyaran su precandidatura, obviamente con el argumento de que AMLO no era en el fondo un político de izquierda, ni siquiera un socialdemócrata tradicional priista, ni mucho menos un “Chávez en potencia” como habría de presentarlo posteriormente la derecha panista y periodística.

A la fecha varios de esos grandes empresarios, entre ellos algunos panistas de Monterrey, Guadalajara y el DF, siguen siendo “lopezobradoristas” porque saben que el supuesto “izquierdismo” de AMLO es difuso y jamás ha aterrizado siquiera en el socialismo socialdemócrata -coincidente o confluyente del liberalismo social priista- ni mucho menos en el socialismo marxista (comunista).

En la campaña presidencial de 2006, sin embargo, AMLO profundizó su presunto discurso de “izquierda” con un doble objetivo político que convenía a la “mafia en el poder” (la oligarquía salinista): dividir el voto socialdemócrata que desde los años 90 se disputan el PRI y otros tres mini-partidos conformados con ex priístas y similares (PRD, PT y MC), a fin de propiciar que el PAN se mantuviera en la Presidencia de la República.

En la obtención de este fin “democrático” coincidieron el intento de juicio político y penal que Vicente Fox hizo en su contra por el torpe manejo administrativo que había dado a un asunto menor en Santa Fe –que lo hizo víctima y le dio muchos votos de “misericordia”- y las multimillonarias compras de voto que el equipo electoral del SNTE, entonces en manos de Elba Esther Gordillo, hizo en favor del PAN y Felipe Calderón.

Tras el fracaso de la elección de 2006, que convirtió en una victoria ficticia autodenominándose “presidente legítimo”, AMLO se dedicó los próximos seis años a una campaña electoral en todo el país durante la que gastó mucho dinero en viajes, acarreos, publicidad y prensa.

¿Quién pagó esta campaña? ¡Sin duda la “mafia del poder”! Es decir, los empresarios de la oligarquía salinista a quienes interesaba –interesa aún- mantener el mito del dirigente de “izquierda”, “carismático” y rijoso que podía seguir dividiendo el voto priista del PRI, del PRD, del PT y del MC para cualquier contingencia política en la elección de 2012.

En los comicios de hace tres años el objetivo de la “mafia en el poder” no era mantener al PAN en la Presidencia de la República por la desastrosa, torpe y corrupta impericia de Fox y Calderón, sino colocar a un priista con la misma orientación ideológica y política neoliberal.

El priista Enrique Peña Nieto accedió a la candidatura gracias a su plegamiento a esta prédica política, pero a partir del inicio de su campaña electoral le dio un matiz popular al discurso económico, lo que de inmediato empezó a causar escozor e inconformidad en los grandes sectores empresariales.

Por ello AMLO, quien seguramente estaba en el “ajo”, inició su campaña con un discurso político innocuo y hasta bobo – especialmente cuando se puso hablar de “paz, moralidad y humanidad” como si fuera ministro evangélico- para después recomponerlo, hablar más en serio y hacer propuestas socioeconómicas más acordes con la realidad nacional.

Este último matiz de su discurso de la campaña 2012, sin embargo, no fue el que lo acercó a la votación de Peña Nieto sino los sufragios emergentes que la todavía presidenta vitalicia del SNTE, Elba Esther Gordillo, le procuró a través de la compra de votos gestionadas por las cohortes magisteriales que manejaba desde los años 90 primero para el PRI y luego para el PAN, según las órdenes que recibiera de la “mafia en el poder”.

Para sus promotores oligárquicos la intención final del redimensionamiento de AMLO en 2012 no fue el triunfo en la elección presidencial, pues saben que en Palacio Nacional se comportaría como “chivo en cristalería” igual que Fox, dadas sus escasas luces políticas de Estado, sino debilitar al gobierno de Peña Nieto y su proyecto de emprender la modificación del modelo económico neoliberal con base en fortalecer al Estado como rector de la economía, atenuar el dominio de los monopolios comerciales e industriales que ahogan al pueblo mexicano y rescatar la economía interna.

¿Cuáles son hoy los objetivos inmediatos de AMLO y su Morena? Seguir dividiendo el voto del PRI y el PRD –el principal aliado inconfeso de Peña Nieto-, crecer lo más posible como franquicia partidista y, por supuesto, propiciar que el PAN recupere su segunda posición en la Cámara de Diputados, gane media docena de gubernaturas y quede listo para disputar con mejor suerte la presidencial de 2018.

Obviamente, el resultado colateral de las elecciones federales y locales de junio de 2015 será el mayor debilitamiento del gobierno de Peña Nieto y su proyecto de “moderar” el esquema económico neoliberal, a fin de que este modelo no sea alterado y continúe ampliando la disparidad de ingresos, la pobreza e incertidumbre entre los mexicanos.

Para esta tarea de esquirolaje electoral obtuvo su registro Morena, cuyo dueño ha sido uno de sus más eficientes servidores políticos de la “mafia en el poder” en lo que va de este siglo.

Ángel Trejo

Periodista mexicano


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