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Ni de aquí, ni de allá

Por: Cristina García

Todos queremos ser aceptados, queremos ser parte de una comunidad que comparte las mismas morales y tradiciones. Todos queremos pertenecer a un lugar.

Desde pequeña me he sentido diferente de los demás. Soy hija de padres con piel morena, pero yo tengo la piel blanca y ojos enmielados, o como dice mi padre “ojos de chiva”. Cuando comencé la escuela no sabía ni una palabra de inglés, por lo que no me enteraba de nada en clase, mucho menos podía comunicarme con otros niños (solo que hablaran español). Desde entonces me sentía diferente de los demás en el idioma, pero también en la forma de vestir y en la vida que llevaban, muy diferente a la mía.

Esta era mi crisis de identidad: ¿soy más estadounidense o mexicana? En los EEUU, la gente me asocia con las drogas y el crimen, pero en México soy “la gringa”, la que no habla bien español y la que no conoce sobre la cultura mexicana. Entonces, ¿de dónde soy? ¿A qué país pertenezco? Estas son las preguntas que siempre me hago, pero aún no he encontrado la respuesta correcta. Y sé que no soy la única en esta situación, existen muchos otros con las mismas preguntas.

Muchos, como yo, son nacidos y/o criados en los EEUU, desde pequeños. Nuestros padres nos criaron con sus mismas tradiciones. Nos criaron con la moral y la cultura que les pertenecen. Pero cuando vamos a la escuela dejamos de estar rodeado de esa cultura y somos expuestos a otras. Después regresamos a casa con nuevas ideas de las otras culturas que nos han llamado la atención o nos han gustado. Seguimos creciendo y estamos expuestos aún más a través de los medios de comunicación. Llegamos a un punto donde paramos de “crecer” y entonces ya estamos compuestos por más de una cultura, por más de una identidad étnica.

Antes de que comenzara la violencia y corrupción que existen ahora en México, yo visitaba a mis abuelos cada año, durante el verano. Cada vez que iba, mis familiares se sorprendían que supiera qué era un metate, cómo calentar y hacer una tortilla, que era (y sigo siendo) una experta para hacer salsa en el molcajete. Se sorprendían que pudiera hablar español tan bien. Pero en los EEUU, la gente se sorprende de que soy graduada de la Universidad y que hablo inglés igual que español. Estos estereotipos que existen de los hijos de inmigrantes nacidos en los EEUU son un poco hirientes porque nos excluyen en ambos casos de esa comunidad. No creo que sea racismo, más bien que no somos iguales -lo cual es completamente cierto-. No somos cien por ciento iguales, pero nuestros orígenes biológicos y la cultura en que nacimos sí es igual.

Por ello, mi cuestión final es: ¿A dónde pertenecemos todos los que hablamos español igual que los mexicanos en México, pero nos criamos en los EEUU.? ¿A qué categoría pertenecemos? O tal vez es mejor no ser parte de ninguna categoría, porque al final del día somos todos humanos, los de aquí y los de allá.


Igual que en esta imagen, yo y muchos otros como yo, seguiremos escalando hasta encontrar el sitio donde pertenecemos. Pero al final del día, todos pertenecemos al mismo mundo y todos somos la misma especie de humano que desea progresar, ser amado y poder vivir feliz.

Cristina García

Estados Unidos - Antropóloga


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