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Manos de barro: Margarita Romero Albarrán

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Manos de barro: Margarita Romero Albarrán

Por: Aileen Hernández Avilés

Nació en Toluca, Estado de México, el 17 de agosto de 1965. Es escultora de profesión. Su principal técnica desde el 2008 es la terracota, que es barro cocido a baja temperatura, ha trabajado con resina y talla en madera.

Resalta que la mayoría de su obra está basada en las vivencias personales, “…el arte a mí me ha ayudado a estabilizarme emocionalmente sobre todo cuando hay situaciones complicadas, me concentro en hacer piezas, a veces tengo la idea de lo que quiero decir y es en base a la idea que tengo que empiezo a plantear la forma, cuando de plano no sé qué hacer entonces recurro a un tema específico…”, comenta Margarita.

Empezó a satisfacer su deseo por las artes de inicio en un CECATI pero sus ganas de aprender más la llevaron a buscar otras opciones después de convertirse en madre y en docente de educación artística, por lo que probó en talleres de teatro y el trabajo con cerámica en los inicios del Centro de Actividades de la Universidad Autónoma del Estado de México y posteriormente estudió fotografía y vitrales en la escuela de MOA, para que años después y con el cambio de nivel de estudio en la UAEM ingresara a un diplomado de cerámica artística donde descubrió el trabajo con barro era lo suyo.

Así, llegó a la Escuela de Bellas Artes de Toluca un 19 de septiembre de 1985 -justo cuando ocurrió el Terremoto en la Ciudad de México-, con la idea de estudiar Dibujo y tras conocer al escultor Fernando Flores comenzó a sentir el amor por la escultura. Más tarde experimenta el trabajo con barro, mismo que le provocó un bienestar y fue entonces que descubrió su vocación.

Su más reciente obra se presentó en la Casa de las Diligencias, y refiere que al menos la mitad fueron vivenciales y la otra mitad fue en relación a una nota periodística sobre la esclavitud y la trata de blancas, donde comentó que encierran a las mujeres en una casa y si son extranjeras les quitan sus documentos y las obligan a trabajar. Esto provocó un gran impacto en la artista al darse cuenta que no sólo sucede en otros países sino en el Estado de México también y reflexionó sobre el manejo de la mercadotecnia en la entidad, donde la figura femenina es ser guapa y hermosa para fines sociales y sexuales, y esto lo plasmó en una serie de corsetes de barro donde resalta la forma en que la opresión social obliga incluso a atentar contra nuestro propio cuerpo con tal de cumplir patrones estéticos, detallando con alambre y estoperoles el dolor que existe y que no se puede expresar por estar en constante riesgo.

Otra de sus series tiene que ver con el cuerpo humano, basado en una vivencia propia de la artista tras fracturarse un tobillo y reflexionar sobre las prisas con la que se vive a diario y los impulsos con que se actúa sin pensar siquiera en los riesgos de nuestro propio cuerpo y dejando la salud en segundo plano.

Otras piezas de la serie “Lo que no se ve” muestran los huesos y órganos del cuerpo humano y hacen referencia a la falta de cuidado del cuerpo interno por andar siempre con prisas.

Margarita disfruta de su trabajo compartiendo y expresando con sus manos los temas que son relevantes para ella y sobre todo las vivencias que resalta en cada una de sus obras.

Por: Aileen Hernández Avilés

Socióloga mexicana


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